Meditaciones matutinas.

1106 Palabras
POV Antone Meditaciones matutinas. Sí, definitivamente esa era la única explicación: Me estaba volviendo loco. —Necesito que me digas: ¿Qué demonios fue lo que me hiciste, mujer? —fue la pregunta que le planteé de manera frontal y descarada cuando nos dejaron al fin a solas en el salón de reuniones de la empresa. Yo había intentado mantener la calma y estar sosegado durante lo que había sido el trance de esa mañana confusa y dispersa, pero no tenía manera de seguir negando lo que era una realidad evidente. Rosylyn ahora brillaba con una luz diferente. Algo había cambiado, aunque ella seguía siendo la misma de siempre; ya no se me antojaba como la mujer mojigata y simplona que era antes, sino que la veía y me daba la impresión de ser una chica elegante, dulce y hermosa. Ella se vestía igual, sonreía igual, me miraba igual y escuchaba pacientemente como siempre; si algo había cambiado había sido definitivamente dentro de mí. —No sé de qué está hablando, señor Macclain… yo a usted no le hice nada. Rosy, como yo le decía despectivamente para hacerle sentir una niñata, se encontraba sentada con elegancia en su lugar de la mesa. La sala de reuniones de repente me parecía un lugar demasiado grande que me alejaba de ella. La pared de cristal que daba la vista a ciudad se encontraba a su espalda, pero ella permanecía inmutable en su actitud de calma absoluta. —¡Oh, vaya que sí! Me has quitado todo el sueño durante la jodida noche —exclamé con un tono relajado. —Lo siento, señor, no sé de qué está hablando —Rosylyn entrecerró sus ojos frunciendo también el ceño al negar con efusividad eso que yo le decía; ella no parecía entender la magnitud de la situación. —Estoy hablando de que yo estaba completamente decidido a muchas cosas hasta anoche y ahora resulta que ni siquiera tengo una mínima certeza de nada. —¿Y qué pasó? —me preguntó con interés. Yo sabía que estaba hablando de más y que estaba caminando por una cornisa peligrosa al sincerarme de esa manera, pero sabía también que de alguna manera la racionalidad había zarpado de mi puerto desde que la anoche anterior vi a ese sujeto colocar sus manos sobre Rosy y ahora quería dar marcha atrás a todo. —Por alguna extraña razón quise detener los planes. Al decir esto me puse de pie y me acerqué rodeando la inmensa mesa de reuniones para quedar a solo un paso de ella. La distancia se me hacía insoportable. Rosy levantó su mirada de criatura perdida y me dijo: —No lo entiendo, señor Macclain, usted me dejó en claro lo mucho que me odia. Ese argumento de ella me dejó sin respuesta. Era realmente absurdo que con tan simples palabras mi intención quedase trastocada. Era cierto; era hasta ilógico que de una noche a otra yo hubiese cambiado tanto; pero era lo que había y ni yo mismo podía explicármelo. —Rosylyn yo… —Lo siento, Señor, pero me resulta insólito que usted considere que un simple acto de celos tóxicos y compulsivo y un teatro de actuación frente a su madre y su hermana serán suficientes para que los tres años de abusos y humillaciones se me borren de la memoria —Rosylyn me interrumpió con furia. Ella se colocó de pie mientras decía esto sin levantar la voz, pero con una determinación apabullante me dejó en claro su posición—. Usted decidió divorciarse de mí sin siquiera pedirme mi opinión ¿Y sabe qué? ¡Yo lo acepto! Quiero terminar con este infierno de una buena vez. Rosylyn no se bastó con decir esto, sino que se dio la vuelta sin perder su elegancia y se dispuso a salir de la sala de reuniones. En ese punto sentí una inyección de miedo y desesperación que me hizo actuar por puro instinto. Ella definitivamente estaba sacando las pasiones ocultas en mi ser. La tomé por el brazo y la hice girar para dejarla de nuevo frente a mí. —Escúchame bien Rosylyn: Tú y yo no nos vamos a divorciar —sentencié como si esa fuese la verdad más evidente del mundo—. Ni ahora ni nunca. En sus ojos vi brillar una chispa distinta, ya no era ese odio temeroso que ella me dedicaba desde que la noche de aquella boda le dejé ver que yo no sería el príncipe de su historia, Ahora Rosy me veía con un dejo de desprecio, con un fuego consumidor de venganza y rencor. —Lo siento, pero mi decisión está tomada, señor Macclain—sentenció ella. Rosy hizo un movimiento brusco para liberar su brazo de mí. Entonces me tuve que contener, para quedarme en silencio viendo como la que los últimos tres años había sido un estorbo para mí, ahora de repente se me antojaba como la mujer más hermosa del planeta. Ella ahora me atraía a ella con una fuerza magnética como ninguna. Sí, definitivamente me había vuelto loco. Rosy abrió la puerta y estuvo a punto de salir, en ese momento aproveché a dejarle en claro un último mensaje. —Prepárese, señorita Foster, porque Antone Macclain no va a permitir que su esposa lo abandone. Rosy puso los ojos en blanco y dio portazo antes de perderse de mi vista. Yo sabía que aquellas últimas palabras solo habían servido para alentar aún más su odio, pero ¿qué le podía hacer? Esa era mi personalidad y solo así sabía resolver los conflictos: Con altanería y autoridad. El juego recién comenzaba. (…) Esa misma tarde, después de evitar a toda costa los reclamos de mi madre y las sonrisas burlonas de mi hermana, y después de que Jules ni siquiera quisiera presentarse a mi oficina, Lis entró con un mensaje sobre un asunto que yo había olvidado por completo. —Señor, el nuevo inversionista, está aquí. —¡Joder! Es cierto, esa mierda era hoy —sentencié con bronca después de haber olvidado por completo que esa tarde tenía esa junta tan importante. El asunto de Rosy me tenía de cabeza—. Que pase de inmediato, por favor. Lis asintió y salió de la oficina para hacer pasar al sujeto. Yo Me dispuse a ordenar el desorden que gobernaba en mi lugar de trabajo hasta que la puerta se abrió. Entonces Lis entró y se hizo a un lado: Detrás de ella vi la confusión en un rostro que jamás esperé encontrarme en esas circunstancias. —¡Esto tiene que ser una maldita broma! —bufé.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR