POV Rosylyn
Cambio de planes
—Siéntate —la voz ronca de Antone, esa mañana se escuchó más aterciopelada que nunca. Definitivamente, algo había cambiado para ese momento.
Yo me había levantado más temprano que de costumbre. Estaba aterrada por el silencio y la calma de esa noche después de lo que había ocurrido la noche anterior en el club. Yo aún tenía las confusiones y el miedo de lo que había sido ese día cargado de emociones agobiantes, pero de alguna manera me sentía más viva que nunca.
Salí de la cama. Me vestí con la mejor ropa que encontré en mi armario, mucho más arreglada que todos los días, y salí al comedor.
Antone nunca me esperaba para desayunar, pero esa mañana me dejó un mensaje con Boris, nuestro mayordomo: Antone me esperaba en la oficina de la empresa.
El miedo y la ansiedad alcanzaron su cúspide.
Tome un desayuno rápido y espere la hora justa, entonces me presenté en el despacho donde la tarde anterior había recibido la que había sido la última humillación, cuando mi esposo me restregó en mis narices sus intenciones de terminar con nuestro matrimonio arreglado.
Ahora algo había cambiado dentro de mí; el rechazo de Antone, la decepción de mi padre y la atención sincera de Logan había empujado un cambio en mi disposición. Ahora estaba dispuesta a entrar con un ánimo renovado a ese despacho.
Entré y Antone me invitó a tomar asiento.
Lis estaba ahí al lado de Antone, tan coqueta como siempre; también estaba Raquel, la madre de Antone y Susan, su hermana; Estaba además una mujer de cabello rojo y cuerpo despampanante, que a diferencia de Lis, no necesitaba de la exuberancia para resultar imponentemente atractiva.
Antone estaba sentado a la cabecera de la mesa. Yo tomé asiento hasta el otro extremo.
La pelirroja tomó la palabra luego de que Antone se me quedase viendo.
—Estamos reunidos hoy en este lugar, con ocasión de un importantísimo anuncio —la pelirroja abrió con un preámbulo escueto y certero, antes de ponerse de pie para darle mayor impacto a sus palabras—… Mi nombre es Jules Holding y a partir de este momento fungirá como la asesora legal de la empresa.
Susan se removió en su asiento, al parecer aquello no le agradaba mucho; Raquel por su parte ni siquiera se inmutó, era obvio que ella estaba enterada de todo eso; Lis enterró su vista en un documento que tenía al frente con un gesto neutral; Antone solo se quedó viendo mi reacción.
Yo no sabía qué decir. Me quedé esperando lo siguiente que ella diría, pero al notar su silencio y el de los demás, no pude esperar más.
—¿Para esto me llamaron? Durante tres años nunca se me tomó en cuenta para ninguna de las decisiones que se toman en la empresa, y ahora, de pronto, ¿me hacen venir hasta acá solo para decirme que tenemos nueva abogada? No entiendo.
La pelirroja se movió cambiando el peso de su cuerpo con un gesto demasiado teatral, aprovechando para mirar de reojo a Antone, quien me tenía completamente ofuscada sin dejar de verme. Yo sentía que él quería reclamarme por lo del golpe de la noche anterior.
—Como sabrá, señorita Foster… Mi cliente, el señor Macclain ha tratado de mantenerla alejada del estrés y las preocupaciones de la empresa… todo lo hizo pensando en usted —la pelirroja volteó a mirar a Antone antes de continuar—. Si ahora se le ha tomado en cuenta es porque necesita que esté enterada de lo que serán los nuevos planes para la empresa…
—Jules… Perdón —Antone habló, rompiendo el mutismo que le había sumido en ese rictus de contemplación. Su determinación parece haber cambiado de manera drástica de un momento a otro—… vamos a postergar ese asunto.
La pelirroja se quedó confundida. Sus cejas se levantaron bastante, dejando en claro que aquello era algo que no se esperaba. Ella quería que Antone le mirase para inquirir una respuesta, pero los ojos de Antone permanecían fijos en mí. Jamás en la vida me había visto tanto durante tanto tiempo seguido.
—Antone ¿De qué estás hablando? —le preguntó Raquel, su madre. Susan, su hermana, se quedó en silencio, pero su interés cambió de pronto, mostrándose mucho más atenta de la situación.
—De que no haremos nada hasta que yo hable a solas con la señorita Foster.
Luego de esas palabras de Antone, la sala de conferencias de la empresa, quedó sumida en el completo silencio.
Todas Las mujeres fijaron su mirada en él, pero Antone solo me miraba a mí. Yo, por primera vez en esos años de tortura, sentí la sensación de ser una verdadera emperatriz en ese imperio.
—Antone, no creo que sea conveniente un cambio de ese tipo… lo que habíamos planeado ya estaba en marcha —la voz de la pelirroja denotaba la preocupación que le embargaba. De pronto me sentí triunfante sin poder explicarlo: tanto a Liz como a la pelirroja se les vino abajo la actitud coqueta y atrevida.
Entonces se puso de pie mientras abrochaba su chaqueta negra con un gesto avasalladoramente atractivo.
—Entonces tendrá que detener la marcha hasta que ella y yo podamos hablar… ahora necesito que me dejen a solas con ella.
El rostro de Raquel palideció, Susan sonrió poniéndose de pie de inmediato; Jules ni siquiera espero a más y se dio la vuelta para salir furiosa de aquella oficina.
Lis fue la última en abandonar el lugar.
—Señor, puede que mi presencia sea útil para…
—Dije que quiero hablar a solas con ella… La conversación será entre mi esposa y yo.
La rubia atrevida quedó ruborizada por la vergüenza y solo le quedó darse la vuelta y salir de ahí sin decir nada más. La puerta se cerró y me di cuenta de que yo no había dicho casi nada a pesar de ser la protagonista inesperada de esa escena.
Antone no me dejó tiempo a nada. Antes de que yo pudiese siquiera acomodarme para pensar en lo sucedido, él se me vino encima con una pregunta directa:
—Necesito que me digas: ¿Qué demonios fue lo que me hiciste, mujer?