Los años pasan

1052 Palabras
Después de aquel encontronazo con la madre de Nicolás, él me había enviado un hermoso arreglo como todos los días, luego llegó a mi casa. Hablamos durante horas para resolver nuestra situación. Desde el primer momento le había pedido suspender el matrimonio, pero se había negado. Se arrodilladose para que nos casáramos, esto me hizo recordar aquella vez que le supliqué de rodillas que no me dejara. No me alegraba de la situación, pero sí me entraba un fresquito. Después de largas pláticas, donde me enteré de que él no sabía del amorío de su madre, decidimos seguir. La boda sería en dos meses. Los días pasaron rápidamente, así que tuve que aceptar la ayuda de su madre. Solo nos hablábamos para cosas referente a la boda, no quería ser su amiga ni nada por el estilo. Ella tampoco quería que tomáramos el té, así que estábamos igual. Nuestra boda fue maravillosa. Nos casamos por civil y luego por la iglesia. Nuestros padrinos fueron compañeros de la empresa, un amigo de Nicolás y mi secretaria. Nos habíamos hecho amigas, así que se lo pedí. Al principio quedó asombrada, pero luego aceptó gustosa. La recepción fue para unos mil invitados, todos del mundo empresarial y la lujosa familia Maxel. Al principio me sentí nerviosa, no tenía quien me entregara en el altar, pero para mi sorpresa fue el padre de Nicolás quien lo hizo. No dijo ni una sola palabra hasta llegar a la mitad del pasillo, dejándome impresionada. Después de escucharlo me entraron un montón de dudas, quería salir corriendo. Las lágrimas corrían por mis mejillas, pero justo cuando levanté mi cara, lo vi. Nicolás estaba llorando, tenía una enorme sonrisa en su bello rostro y se notaba bastante nervioso. Después de verlo así, me decidí a estar a su lado, en la salud y en la enfermedad, en lo bueno y lo malo. La ceremonia fue maravillosa y hermosa. La bruja madre de Nicolás lloró desconsolada, su pequeño bebé se estaba casando con la peor mujer del mundo, palabras textuales de mi suegra. Bailamos muchísimo y me divertí bastante. No me había equivocado cuando dije aquel sí delante de Dios. Nuestra luna de miel fue alrededor del mundo, conocí países que solo había visto en películas como, por ejemplo, la India, Dubai, Brasil, Venezuela y Portugal. La pasamos genial, él no paró de amarme en ningún momento. Nuestra primera noche fue en Brasil, específicamente en Río de Janeiro. Me había hecho mujer, convirtiéndose en mi primer y esperaba que único hombre. Fui aprendiendo a satisfacerlo con el pasar de los días. Me gustaba mucho estar con él, siempre buscaba mantener la chispa y hacerlo divertido. Él disfrutaba y yo también. Regresamos de nuestra luna de miel, más enamorados que nunca. Nicolás compró una hermosa casa, la cual decoré a mi antojo. Parecía un niño con juguete nuevo. Los años iban pasando y jamás dejó de enviarme flores. Todos los días sin parar, recibía un hermoso ramo. Incluso cuando él estaba en casa, no sé en qué momento preparaba todo, pero siempre me sorprendía. Ambos estábamos surgiendo como empresarios. Él era el líder en los negocios y le llamaban "la roca" porque era duro de roer. Acordamos no tener niños por ahora. Esperaríamos tener un poco más de estabilidad y tiempo. Ni él quería truncar mis sueños ni yo los suyos. A veces discutíamos por tonterías, pero eran más los ratos felices que los molestos. La vida me había devuelto cada sufrimiento convertido en felicidad. Hoy era nuestro aniversario número ocho y como siempre un hermoso ramo llegaba a mi puerta. Pero esta vez venía con un enorme sobre blanco acompañado de un moño dorado. Recibí el regalo y me senté en el suelo de la sala, que por cierto era enorme. Luego de hacer maromas para no dañar nada, pude abrir el sobre, sacando dos fotos de un hermoso paisaje: Hawaii. Tomé el papel y lo leí detenidamente. Querida, amada, adorada y sensual esposa, felicidades por nuestro aniversario número ocho. Tenemos tres mil novecientos veinte días siendo marido y mujer. Déjame decirte que son los mejores años de mi vida. Cada día que pasa me siento más vivo y feliz a tu lado. Si alguna vez muriera o mi memoria se durmiera, te juro que te recordaría con el simple hecho de escucharte repetir aquellos votos que dije para ti el día que nos casamos. Debimos habernos casado en el kinder, tendríamos años de años juntos, pero no hay apuros. Estoy feliz con esto que tenemos. Eres la mujer más importante en mi vida. No le digas a mi madre, ya sabes cómo es. Hoy aprovecho esta fecha tan importante para invitarte a celebrar nuestro aniversario en aquel hermoso rincón del mundo. Te espero dentro de dos horas en el aeropuerto con amor. Tu esposo, Nicolás. Sonreí como una loca y corrí hacia mi habitación recogiendo todo lo que necesitábamos. Cuando llegué al aeropuerto, él ya me esperaba. Así que lo abracé y nos adentramos en esta nueva aventura. Pasamos días increíbles en esa hermosa isla, amándonos como dos adolescentes. Ya tenía treinta y cinco años y él treinta y ocho, pero nos sentíamos como si tuviéramos quince años. Todo estaba perfecto hasta que en la mitad de nuestro viaje recibimos una llamada. Resulta que habían estado robando en la empresa, Nicolás perdió los estribos y tuvimos que regresar. Cuando llegamos a nuestra ciudad, él manejaba como loco. Estaba un poco nerviosa, así que decidí hablarle. "Amor, por favor baja un poco la velocidad, ya estamos en la ciudad." "Estoy furioso, me emputa que se burlen de mí. Cuando descubra quién fue, pagará por eso," dijo él. "Está bien cariño, pero maneja con precaución. Aún nos falta tener hijos," dije sonriendo. "Con respecto a eso, quiero que empecemos a buscarlos. Es nuestro momento, claro, si tú quieres." Estaba a punto de responder cuando un auto chocó contra el nuestro a toda velocidad. Sentí mi cuerpo moverse de un lado a otro, los cristales esparcirse por todo el lugar. Mi cuerpo voló fuera del auto. El cinturón de seguridad se había roto. Lo último que recuerdo ver es la cara de Nicolás bañada en sangre. Hasta aquí habíamos llegado. Era oficial, habíamos muerto de un golpe de esta magnitud, nadie se salva.
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