Me encontraba muy nerviosa, sentada en el enorme salón de la casa de Clark o también mi casa, pues aquí vivíamos los dos. Él estaba sentado frente a mí y yo preparada para hablar con mi hermana, no recordaba su rostro, sabía su nombre porque él me lo había dicho. Menos mal que tenía a Clark para decirme las cosas que no recordaba, eso era un alivio o me encontraría perdida y desesperada dentro de mí misma, sin rumbo alguno. —Mi cabello, ¿seguro que está bien? —Pareces una loca, pero de las buenas. —¡Clark!—tomé un cojín y lo arrojé en su dirección, pero él lo atrapó con facilidad y una mezcla de elegancia al hacerlo.—Que buenos reflejos tienes. —Lo sé.—se pasó de su sitio y vino junto a mí.—Escúchame, está preciosa, pero deja que te diga algo, tú hermana lo que quiere es verte, sab

