Kagome respiró con tranquilidad, el olor a flores y naturaleza infundió sus fosas nasales haciéndome relajar. ¿Por qué ese jardín le gustaba tanto? Sentía que cada vez que pisaba el lugar podía lograr cualquier cosa que se propusiera. Sus fuerzas regresaban con cada minuto que compartía junto a los altos árboles, cada rama, cada pétalo. Cerró los ojos disfrutando de ese lugar como de ninguno otro en ese maldito palacio que había cambiado de manera drástica su vida, su pensar, su sentir y sus ganas de vivir. Kagome solo tenía un sueño: ser libre. Y ese sueño lo vio morir junto a un joven que desde hace años había logrado cautivar su corazón, su manera de ser y hacerla sentir especial y única. Debes matarlo Abrió los ojos asustada al escuchar esa voz, pero no había nadie cerca. Su corazón

