Sebastian En cuanto estacioné frente al edifico le entregué las llaves de mi vehículo al portero para que se encargara y me adentré a paso rápido directo al ascensor, pasando de todos, ignorando los saludos aduladores e incluso la recepcionista se quedó con las palabras en la boca. Toqué el botón que me llevó a la última planta donde se encontraba mi oficina y en cuanto las puertas se abrieron divisé el escritorio de mi secretaria, ella al escuchar mis pasos levantó su rostro hacia mí y pude notar como su expresión decaía y tomaba tintes de pánico. —¿Qué mierda pasaba por tu cabeza para hacer semejante estupidez, Christine? —solté entredientes, refiriendome a las fotografías donde ella y yo estabamos besandonos, las cuales claramente ella había filtrado, de un único encuentro hace meses

