Harry
El sol ya está saliendo, aun cuando está resplandeciente para mí es el más oscuro de todos, mi cuerpo no deja de estar tenso y ahora solo tengo que continuar con mis labores, quizás ir hasta la empresa me hará sentir mucho mejor.
Rápidamente terminó desnudando mi cuerpo para así entrar a la ducha, cuando siento que toda esa agua está rozándome es como si algo se estrellara contra mi.
Esto ya se está convirtiendo en lo más insoportable, tal parece que ni decir perdón mejorará algo, salgo y termino vistiéndome por inercia, debería estar saltando de la dicha por tener todo lo que es mío, sin embargo, mi felicidad está incompleta.
Salgo de la recámara con la cabeza en otro sitio, mis pies presienten que no pueden tener una completa estabilidad y que decir de mis ojos que tratan de cerrarse.
—¡Hola! Espero que puedas regresar —escucho como me lo dice la sensual mujer que me estaba acosando, pero hago como si nada y terminó marchandome, llegó hasta el auto esperando que mi remordimiento me permitiera manejar.
Agarró el volante con ambas manos, por instantes dejó de ver todo y solo me queda Olivia, mi cabeza lentamente se va cayendo todo hasta hacer sonar intensamente la bocina, un fuerte ruido pasa rozando mis oídos, y cuando me despierto tengo un camión prácticamente sobre mi, estiró mi pie y terminó frenando en seco.
Toda la adrenalina término descargada en mi, por poco pierdo mi vida, yo solo estoy agitado y agradeciendo al cielo por una nueva oportunidad, un hombre de contextura gruesa golpea mi ventana, término por bajarla para atenderlo, aunque se que son muchos más problemas los que provoque.
—Baje y ponga la cara como todo un hombre, no me diga que se va a esconder ahí, porque soy capaz de que lo acabo a golpes —me está amenazando, será seguir las peticiones y ya.
Me bajo dándome cuenta que estoy prácticamente al frente de mi empresa y ni cuenta me había dado.
—Esto fue un simple accidente, así que puede calmarse. —Yo solo muevo mis manos, pero ese señor está que me pisotea a como dé lugar.
—Todo por su maldita imprudencia, le voy a enseñar cómo se despierta. —Él tiene sobre su mano un bate de béisbol, con el que obviamente me atacará.
—No me haga esto mire, yo no intento producir pesar ni nada, pero estoy solo y mi vida se transformó en una mierda, toda mi familia ya me está odiando. —Parece que acaba de funcionar porque en contados segundos ya estoy solo.
Los guardias de seguridad vienen corriendo, para ayudarme, ellos solo me tocan los hombros para supuestamente hacer entender que todo está a las mil maravillas.
—Señor Harry díganos que todo está bien, porque nos alcanzó a dar un muy grande susto, usted sabe que nosotros lo admiramos demasiado —uno de mis tantos trabajadores habla.
—Ustedes son unos cobardes, se quedaron analizando cómo me iba a acabar, valientes empleados que tengo los cuales no me sirven es para nada; debería es sacarlos a todos. —Obviamente merecen lo peor, ellos me deberían rendir una fidelidad que no me demuestran.
—Usted sabe señor Harry que no podemos descuidar la entrada, así que le solicitamos que entienda, según sus instrucciones la seguridad es lo más importante. —Ellos están temblando se les alcanza a notar, debería despedirlos, pero no mejor esperaré que la presión se me baje, pese a que parece ser imposible.
—¿Y entonces yo qué? No estaba sucediendo con unas vidas tan insignificantes como las de ustedes, yo valgo mucho —eso lo terminó diciendo no tanto para ellos, es más para mí mismo, necesito terminar creyéndome de nuevo.
—Sí señor —respondió él que no había pronunciado palabra bastante afligido, ya los estoy lastimando mucho, pero aún falta alguien tiene que pagar y qué mejor que todos los que están por debajo de mi.
—¿Qué? ¡Me van a suplicar! —comienzo a gritar, cuando ya noto que se me está yendo la mano prefiero irme, pero ni una sola disculpa merecen ese par.
Camino por todo el pasillo, que rabia me da, todos están hablando de lo más felices, se les olvida que están trabajando, solo observo sonrisas falsas que me muestran más de uno.
—Buen día jefe —esa voz angelical de una secretaria suena, respondo sin utilizar mi voz solo moviendo mi cabeza, pero continuó.
Bastantes comentarios están elevados en el aire, no tengo la necesidad de que alguien me traiga algún chisme, evidentemente no soy tan importante para mis empleados.
—Si vieron esa cara de amargado, es que la señora Olivia es muy bella para él, podría apostar todo mi salario para comprobar que ella lo dejo, me da tanto gusto que allá sido por otro —hay tanto silencio que la voz del recorrido hombre llega hasta mi, son muy pocas las mujeres que no han caído en su cama, pero mi esposa no, ella está prohibida para todos.
—Ya no más cálmense, en vez de valorar el trabajo hay bastante acumulado por cierto. —Mi secretaria se mete en la conversación todo para defenderme, mientras voy simulando organizar unas carpetas que no son para nada importantes.
—Que fastidio va empezar una mujer a sacar la cara por un viejo de esos. —Todos se burlan, están apoyando la payasada de ese hombre, pero si no conocía la parte mala de su jefe, ya mismo se la mostraré.
—¿Algo más tiene para compartirnos? —Doy media vuelta hasta quedar mirándolos.
—No señor, estábamos platicando de otras cosas donde usted no cabe, —es un idiota que trata de darme ordenes en mi lugar.
—¿Así y por qué mi esposa estaba expuesta? Ya se todos estaban haciendo obras de caridad, no podría agradecerles más por tanta colaboración, pero como les parece que no tengo las ganas de que unos miserables me arreglen la vida, precisamente todo va para usted. —Señaló al hombre que podría ser mi propio hijo.
—Sí señor —él habla sin ganas, así que tengo que impulsarlo para que mejore.
—¿Cómo? Fuerte, deje bien claro que sí necesita este empleo, porque estoy a poco de despedirlo. —Estas son las amenazas que más he gozado en dar, me retiró y entró a mi oficina este ha sido un día demasiado largo, y lo más cruel es que hasta ahora está iniciando.
Ya viene la secretaria con que saldrá, no necesito quejas como si estuviera liderando unos muchachitos de escuela.
—Estos son unos documentos importantes, los que usted aquel día había pedido. —Ella demuestra tragedia, efectivamente ya los reviso y no son alentadores.
—Gracias, retírese. —Ella cierra la puerta dejándome en privacidad, estoy demasiado mal solo un milagro podría salvarme.