IV

2327 Palabras
El trabajo principal de Oliver era el cine a un par de calles de Charing Cross, en Londres. Era un edificio de varias plantas, con amplias salas que estaba bien equipada con lo último en tecnología de la época. La gente concurría para pasar las horas viendo lo último del cine europeo o americano. Ya sea de terror, comedia o bélicas, siempre había público ocupando las butacas. Pero el horario nocturno era el más concurrido siempre, porque eso no era a lo único que Oliver se dedicaba. Las películas para género masculino solía proyectarse cuando marcaban las primeros minutos de la medianoche, con permiso de la corona y las órdenes policiales. Era una labor muy mal vista, pero que todos consumían. Aunque no era lo único ilegal para consumir que los Wright comercializaban a espaldas de la ley o la corona. Oliver tenía un cuidado y muy estable negocio con las drogas: cocaína, opio, morfina; cualquier droga como las que también eran productos fáciles de conseguir, incluso las anfetaminas, las metanfetaminas o la dexanfetamina las cuales podían adquirirse fácilmente en cualquier farmacia, ya que se vendían como antídoto contra la congestión nasal, el mareo y la depresión. Por esto mismo, Oliver y su gente se la pasaba más tiempo en los depósitos donde ocultaban su mercancía o en los almacenes donde solían lavar las cintas de video para su posterior reproducción. De vez en cuando, se iban hasta Fordwich, un pequeño pueblo rural a orillas del río Stour, a tan solo un par de kilómetros de Canterbury, donde tenían una propiedad de uso exclusivo para filmar las películas para adultos. Y Evah, en cambio, se la pasaba en la casa, a veces hablando con las empleadas más jóvenes o colándose en la cocina a hurtadillas para probar lo que el cocinero siempre le preparaba a escondidas. También, se la pasaba espiando por los rincones para no ser descubierta por la señora Smith, quien parecía aborrecerla cada vez más, siempre que sus pasos se encontraban. Aún no había tenido ni una sola queja por parte de Oliver, aunque a la señora Smith le provocara placer ir a informarle cada paso que daba o cada error que ella creía que cometía. Le contaba todo con lujo de detalles haciéndola parecer más como una carcelera que una ama de llaves. Pero todo tiene un límite, el cual la señora Smith no tardó en cruzar. La frágil capa de tolerancia de Evah acabó por quebrarse pronto. La gota que rebalsó el vaso fue al quinto día de hostigamiento, durante la cena. - Y la señora hoy se comió tres pasteles de arándanos antes de la hora del té. –sentenció con un tono desaprobatorio, negando con la cabeza. durante la cena, se había quedado de pie junto a Oliver para informarle los sucesos acontecidos– - Te faltó decirle que me tardé tres minutos más de lo habitual en el baño. –dijo ella arrojando su servilleta sobre la mesa, ofuscada. Él la miró entre sorprendido y divertido por su reacción– - ¿Y se puede saber que hacía mi esposa tanto tiempo en el baño? –soltó él, con tono de burla. Evah notó que jugaba con ella– - Estaba leyendo una de esas revistas que ocultas bajo el colchón. –dijo sin pensar y, al instante, se ruborizó a más no poder y volteó la vista hacia la molesta anciana quien huyó avergonzada del lugar– Yo .. no… no lo pensé bien. Solo quería molestarla. - Que decepción. –soltó el cruzándose de brazos y recargándose sobre el respaldo de la silla.– Hasta empezaba a sentirme orgulloso de que comenzaras a Interesarte en ello. –Evah lo miró a los ojos y notó que sonreía de lado, con sorna.– Ya sea por la empresa familiar o para saber como hacerlo de forma correcta. - ¿Podrías pedirle que deje de seguirme como si fuera mi sombra? No voy a huir a ningún sitio y mucho menos hacerle caso. –continuó ella intentando cambiar el tema– - ¿Algo más? –ella quedó en silencio un momento y luego se mordió el labio, indecisa.– Bueno, si eso es todo… - ¡No, espera! –gritó al verlo ponerse de pie.– También quisiera otra cosa. - ¿Qué es? - Quiero… quiero que me asignes otra habitación. –dijo luego de llenarse del coraje necesario– - ¿Cuántas veces me lo has pedido ya? –esperó su respuesta pero ella bajó la vista en silencio– ¿Y cuántas veces más debo repetir mi respuesta para que logres comprender? - No quiero dormir con usted. - Para ser exactos, no lo haces. Utilizamos la misma cama, eso es distinto. - Si pero yo… - ¡Oliver! ¡¿Oliver, dónde estás?! –el grito nervioso de un hombre interrumpió la plática.– Ambos oyeron fuertes pisadas en dirección a ellos. A Evah se le palideció la piel porque el tono en la que eran emitidos aquellos gritos le erizaron la piel y un mal sabor de boca le paralizó el cuerpo. La ponente y grave voz masculina que se oía retumbar por toda la planta baja estaban cargadas de preocupación y prisa, sonaba como si las palabras le costaran salir. Entonces, la puerta se abrió bruscamente, golpeando la pared en el proceso y obligando a Evah a dar un respingo del susto por el imponente y brutal sonido. Entonces, ambos recién casados observaron al hombre frente a ellos, quien venía agitado y sudando en frío. - Adam. ¿Qué sucede? ¿Qué haces aquí? Te dije que hoy tenías que ir a Londres. - Sí, me estaba yendo, pero … –dijo y guardó silencio observando a Evah sin saber bien si era correcto que ella oyera– - ¡Habla, joder! –soltó Oliver ofuscado. Una de las cosas que más le cabreaba era que le dieran muchas vueltas al asunto–. - Es Neil… deberías saber que volvió a pasar. - ¿Qué pasó? –preguntó Evah, acercándose a ambos – - Mierda. –soltó Oliver por lo bajo– ¿Dónde está? - Sam lo trajo hasta aquí. Está en la sala. - ¿Fue grave? - ¿Podrían explicarme? –insistió ella pegada a sus talones. Las expresiones de ambos la habían dejado en alerta. Aún así, no tuvo respuesta– - No fue casi nada, Solo un par de marcas - Mierda. –maldijo golpeando la columna de madera que yacía al final del pasillo y volvió a maldecir– Maldita sea. –presionó el puente de su nariz buscando tranquilidad– ¿Dónde fue? - En Fordwich. Llevaba tres días limpio. Cuando llegaron a la sala, observaron a Neil sentado en el sofá, inclinado hacia adelante, sobre la mesa de café. Aspiraba una línea de coca sobre la fría madera del pequeño mueble. Luego se enderezó sobre su sitio. Entonces, los tres observaron la línea rojiza sobre su pálido cuello. Era intensa, tanto que Evah se cubrió los labios espantada ante la idea de eso. Pero Neil parecía indiferente ante su propia acción autodestructiva. Sonrió al ver a su hermano, con las pupilas dilatándosele por efectos de la droga. Tenía los ojos hinchados y húmedos, producto de haber llorado, seguramente antes de tomar una decisión tan difícil. Entonces, trató de ponerse en pie, pero Sam lo tomó del hombro y empujó nuevamente para mantenerlo en su sitio. - Todos deberíamos ir a Fordwich. Las putas ya llegaron. Puedes traer a tu mujercita también. –Neil rompió el silencio.– Mientras el menor de los hermanos Wright buscaba un cigarrillo dentro de la cajetilla, los pasos presurosos de Oliver atravesaron la estancia hasta llegar hasta él. Y el sonido de la bofetada sonó en toda la sala, sorprendiendo a todos los presentes. Oliver había golpeado a su hermanito, al que tantas veces había perdonado su insubordinación, su descaro, sus errores. Había aceptado lo inaceptable y hasta había soportado los disgustos imperdonables. Pero, esta vez, era diferente. la idea de la muerte estaba fuera de sus límites. Demasiado fuera. - ¿Pero… qué? –balbuceó el menor ante el golpe inesperado. Volteó la vista hacia el suelo dónde fue a parar el cigarrillo que apenas había colocado en sus labios– - La próxima voy a internarte en un maldito hospital de mierda hasta que te cures o te pudras, lo que suceda primero. –los ojos de Neil se oscurecieron de enfado por lo dicho.– - ¿Por qué mejor no me das el puto tiro de gracia? Te estaría más agradecido. - Porque aún creo que una bala no es la solución. Prometí que te protegería con mi vida, si era necesario. - No necesito que me cuides. Yo puedo solo. - ¿Cómo? ¿Drogado? ¿O acaso sería mejor colgado de un puto árbol? - ¿Y qué? Es mi puto problema. –soltó el menor.– - ¡Largo! –exigió imperante, sin apartar la mirada de los ojos de su hermano. Entonces, todos los espectadores salieron de la habitación. Pero Evah, quien había salido última de allí, se quedó del otro lado de la puerta que aún quedaba entreabierta. Y solo cuando notó la soledad que los acompañaba, Oliver siguió hablando.– También es mi puto problema. Tu eres mi sangre, lo único que me queda. - Ahora te compraste una mujer con la que te entretendrás. –le dijo bajando la vista para que no viera su expresión. Entonces, Oliver se sentó sobre la mesa de té, frente a su hermano– - ¿Qué mierdas estás diciendo? –el brazo del mayor rodeó la cabeza de Neil y lo sujeto de la nuca atrayéndolo hasta él para abrazarlo– Neil, tu eres mi única familia. Ni siquiera ella me importa tanto como tú ¿Cómo podría? A ti te vi nacer, te cargue en mis brazos y me volví tu sombra. Una simple Stewart no va a cambiarlo nunca. - No digas idioteces para complacerme. Ya no soy un niño, Oliver. –dijo empujándolo para apartarlo.– Dices tantas mierdas que luego te olvidas cuando le metes la polla hasta el fondo. –soltó disgustado tomando el cigarrillo que aún estaba en el suelo y lo encendió.– Cuando la polla se te hincha, seguro que te olvidas del mundo . - ¿Qué dices, idiota?. ¿Acostarme yo con una Stewart? Antes muerto que mezclarme con esas escorias. –confesó asqueado con la idea de mezclarse más de lo que ya estaba. Entonces, Neil soltó un bufido de burla ante las palabras de su hermano– - Claro, por eso te casaste con la escoria. Neil se dejó caer acia atrás , semi recostado en el respaldo del sofá, fumando tranquilamente con la cabeza inclinada hacia atrás. Entonces, Oliver pudo apreciar la línea rojiza que atravesaba todo su cuello de manera horizontal, era tan intensa y oscura debido a que pronto se amorataría. Suspiró profundamente y tomó asiento junto a su hermano y ambos cerraron los ojos, más relajados uno producto de la paz de aún tener a su hermano y le otro producto de las drogas. - No sé si eres sádico, masoquista o idiota. –Neil volvió a hablar entre sonrisas– - Lo mismo podría preguntar yo. - Con semejante esposa, me hubiera vuelto un animal. –continuó, girando el rostro para mirar a su hermano– Sería un puto conejo. –amplió la sonrisa dejando escapar una leve risa– Bombeando día y noche, día y noche. –volvió a fumar de su cigarrillo– Oliver apreció el rostro de su hermano, el cabello rubio como el trigo caía sobre los ojos, revuelto. Las mejillas pálidas resaltaban las pecas que decoraban su rostro. Aún Parecía un niño de 18 años. Tal vez más cansado o más ensombrecido por los recuerdos, pero no podía dejar de ver el niño que aún conservaba. Entonces, a Oliver le pareció irreal que haya intentado quitarse la vida hacia solo una hora atrás. - Se lo haría tantas veces y sin compasión, por ser una sucia Stewart. - Estás loco. –sonrió el mayor ante las ocurrencias de Neil– - No, solo estoy muy drogado. –dijo pasándole el cigarrillo a Oliver para que lo apagara por él.– Aún así, entendería que estuvieras muy ocupado. Teniendo ese par de piernas en frente , es entendible. - Basta. –soltó, apagando la colilla, en el cenicero frente a él– No digas más. - Oliver, tú y ella tienen mucho en común. -¿A sí? ¿cómo que? –el menor se encogió de hombros– -Sus hermanos son la mierda misma. - Tú no eres una mierda. - Claro que si y lo sabes. Sabes que lo volveré a hacer. Sabes que sé que te duele y te lastiman mis decisiones, pero no puedo evitarlo. - Neil… - No digas nada. No quiero oírte llenarme de sermones. –soltó suspirando Cansino.– El amor es una mierda, no te enamores. - Esas palabras son mías. - Lo sé, pero nunca está mal escuchar palabras propias de vez en cuando. Evah, quien había oído toda la conversación, se sintió humillada y herida por las frías palabras de aquellos dos sujetos. Aún así, se acabó marchando sin decir nada, cuando no pudo soportar tanta maldad en sus intenciones. Entendía que les molestara su presencia o que se sintieran ofendidos por casarse Oliver con ella, pero Evah tampoco había podido elegir ni negarse. También había sido obligada. Aún así, no estaba dispuesta a llorar o sufrir por un par de comentarios hechos por dos hombres tan insignificantes. Prefirió levantar la frente no dejarse afectar por los comentarios de un drogadicto y un mafioso de tan baja estirpe.
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