Henderson descendió del vehículo con la tranquilidad de siempre. Sacó las maletas del maletero y las llevó hasta la recepción mientras Emma observaba el elegante vestíbulo de estilo moderno, con enormes ventanales que dejaban ver los canales iluminados de Ámsterdam.
No tardaron en aparecer Connor y su amigo.
—¡Qué casualidad! —saludó Connor con entusiasmo al verla—. Al final sí seremos vecinos.
Emma respondió con una sonrisa amable.
James, en cambio, apretó la mandíbula.
Henderson entregó los pasaportes al recepcionista y esperó unos segundos mientras verificaban la reserva.
El empleado levantó la vista.
—Señor Coleman, aquí tiene sus llaves. Depositó únicamente dos tarjetas sobre el mostrador.
James frunció el ceño.
—¿Solo dos?
—Así es, señor — dijo Henderson.
—¿Compartiremos habitación? —pregunto incrédulo.
—Lo hará con la señorita Emma. Son instrucciones incluidas en la reserva.
James respiró hondo.
—Pida una habitación adicional. No creo que exista algún problema— dijo James.
—Lo siento, señor. El hotel está completamente reservado— dijo el administrador.
—Debe haber alguna disponible.
—Me temo que no— insistió el hombre con calma.
Emma cruzó los brazos con una sonrisa divertida.
—Deja de hacer un drama. Si tanto te incomoda compartir espacio conmigo, puedo buscar alojamiento en otro hotel.
Connor dio un paso al frente.
—Nosotros estaríamos encantados de recibirte.
James giró de inmediato.
—Eso no va a pasar.
Emma tomó el asa de su maleta.
—Perfecto, entonces me iré con ellos.
Apenas dio dos pasos, James la sujetó suavemente del brazo.
—No vas a ninguna parte.
Antes de que Emma respondiera, el recepcionista intervino con cortesía.
—Disculpen. Debo aclarar un detalle.
Los tres lo miraron.
—La suite reservada cuenta con dos habitaciones independientes, un salón compartido y dos baños. No tendrán que compartir dormitorio.
Emma soltó una pequeña risa.
—¿Ves? Siempre sacas conclusiones antes de tiempo.
James carraspeó con evidente incomodidad.
Ella tomó su maleta.
—Nos vemos arriba, Señor Coleman.
En lugar de dirigirse al ascensor, caminó hacia las escaleras.
—El elevador está por allí —señaló James.
—Prefiero las escaleras. Necesito estirar las piernas.
Connor y su amigo intercambiaron una mirada.
—Nosotros también.
Emma comenzó a subir conversando con ellos mientras sus risas se alejaban por la escalera principal.
James permaneció inmóvil unos segundos. Después entró al ascensor junto a Henderson.
Las puertas se cerraron y el silencio duró apenas unos segundos.
—Debería intentar controlar un poco su temperamento, señor—comentó Henderson.
James apoyó la cabeza contra la pared metálica.
—No la soporto.
—Lo demuestra demasiado.
—¿Y qué tiene eso de malo?
—Que mientras más reacciona, más ventaja le concede.
James soltó una risa irónica.
—¿Ventaja?
Esa mujer solo busca sacarme de quicio.
—Y lo está logrando.
James golpeó suavemente la pared del ascensor con el puño.
—Tomó las escaleras solo para seguir hablando con esos dos y encima tiene la llave de la habitación. Ahora debo esperarla.
Henderson sonrió apenas.
—Solo estarán aquí una semana.
—Va a parecer un año.
Las puertas del ascensor se abrieron. Caminaron por el pasillo hasta detenerse frente a la suite.
James observó la puerta con resignación.
—Ni siquiera puedo entrar.
—Quizá sea una buena oportunidad para calmarse, señor.
—No pienso darle ese gusto.
Pocos minutos después comenzaron a escucharse risas provenientes del extremo del pasillo.
Emma apareció acompañada por Connor y su amigo.
Los tres conversaban animadamente.
Antes de despedirse, Connor le dio un beso en la mejilla.
—Nos vemos luego.
—Hasta luego.
Los jóvenes entraron en la habitación contigua.
Henderson aprovechó para despedirse.
—Descansen. Mañana será un día largo.
James apenas asintió.
Esperó a que el abogado desapareciera por el pasillo antes de mirar a Emma.
—Hasta que decidiste aparecer.
Ella levantó la tarjeta magnética.
—¿Me estabas esperando?
—Llevo varios minutos aquí porque tú tienes la llave.
Emma abrió la puerta.
—Podrías haber aprovechado ese tiempo para relajarte.
Entró primero. James la siguió sin dejar de mirarla.
La suite era amplia y elegante. Un pequeño salón comunicaba dos dormitorios independientes.
Emma recorrió el lugar con la mirada.
—Nada mal.
James dejó caer la maleta junto al sofá.
—¿Qué pretendías allá abajo?
—¿Con qué exactamente?
—Con esos dos.
Emma soltó una risa breve.
—Conversar. Algo que la gente normal suele hacer.
—Parecía algo más que una conversación.
Ella se volvió lentamente.
—¿Desde cuándo te interesa con quién hablo?
James dio un paso hacia ella.
—Desde que representas a la empresa.
—Hace dos días apenas soportabas mi presencia y ahora te preocupa mi reputación.
—Me preocupa el proyecto.
—Claro. —Emma sonrió con ironía.—Sigue repitiéndotelo, quizá algún día logres creértelo.
James acortó la distancia entre ambos.
—Estoy cansado de tus juegos.
Ella sostuvo su mirada sin retroceder.
—Y yo de tu necesidad de controlar todo.
Por un instante ninguno habló.
El silencio parecía tensarse entre los dos.
Finalmente Emma fue la primera en romperlo.
—¿Ya terminaste?
James respiró hondo y dio un paso atrás.
—Escoge una habitación.
—La de la derecha tiene mejor vista.
Tomó su maleta y caminó hacia ella.
James observó la otra puerta.
—Perfecto. Entonces yo me quedo con esta.
Emma sonrió sin girarse.
—¿Ves? Al final era mucho más sencillo de lo que imaginabas.
Entró en su dormitorio y cerró la puerta con suavidad.
James permaneció inmóvil en el salón unos segundos.
Resopló.
Por primera vez desde que comenzó el viaje comprendió que Emma ya no reaccionaba como antes.
Cada provocación que intentaba lanzar contra ella terminaba volviéndose en su contra y eso empezaba a desesperarlo.