Dentro del baño, Emma apoyó ambas manos sobre el pequeño lavamanos y contempló su reflejo. La respiración le temblaba. Había provocado a James como parte de su plan. Sin embargo, la forma en que él había mirado sus labios había despertado algo que no esperaba. Algo cálido, peligroso, real. Cerró los ojos. No podía olvidar quién era, mucho menos de quién era hijo. Cuando volvió a abrirlos, la mujer vulnerable había desaparecido. —No vas a confundirme —se dijo en voz baja. Se acomodó el cabello y salió del baño. James ya no estaba allí. Solo Connor esperándola en el pasillo. Él sonrió apenas la vio. —Hola, preciosa. Vi que tu jefe vino detrás de ti. Solo quería asegurarme de que estuvieras bien. Emma lo observó durante unos segundos. Después sonrió. —Puedo defenderme sola. Gracias.

