Dentro del baño, Emma apoyó ambas manos sobre el pequeño lavamanos y contempló su reflejo. La respiración le temblaba. Había provocado a James como parte de su plan.
Sin embargo, la forma en que él había mirado sus labios había despertado algo que no esperaba. Algo cálido, peligroso, real.
Cerró los ojos. No podía olvidar quién era, mucho menos de quién era hijo.
Cuando volvió a abrirlos, la mujer vulnerable había desaparecido.
—No vas a confundirme —se dijo en voz baja.
Se acomodó el cabello y salió del baño.
James ya no estaba allí. Solo Connor esperándola en el pasillo.
Él sonrió apenas la vio.
—Hola, preciosa. Vi que tu jefe vino detrás de ti. Solo quería asegurarme de que estuvieras bien.
Emma lo observó durante unos segundos. Después sonrió.
—Puedo defenderme sola. Gracias.
Connor soltó una pequeña risa.
—Eso ya lo imaginaba. No conozco muchas mujeres con tanto carácter.
Emma dio un paso hacia él.
—¿De verdad?
—Claro. Creo que nos llevaremos muy bien.
Ella continuó acercándose.
Connor dejó de sonreír.
—Tú no estás aquí por casualidad.
Él parpadeó.
—¿Cómo dices?
—¿Quién te está pagando?
Connor soltó una risa nerviosa.
—No sé de qué hablas.
Emma lo sostuvo de la mirada. No había una sola duda en sus ojos.
—Estás mintiendo.
Connor tragó saliva.
Antes de que pudiera reaccionar, Emma dio otro paso y lo obligó a retroceder hasta quedar con la espalda contra la puerta del baño.
El muchacho abrió los ojos con sorpresa. Ella apoyó una mano junto a su hombro.
A simple vista parecía un juego de seducción. Pero la expresión de Emma era cualquier cosa menos seductora.
—No hace falta que sigas actuando, Connor.
Connor intentó mantener la sonrisa.
—Creo que me estás confundiendo con otra persona.
Emma acercó lentamente el rostro al suyo. Él giró instintivamente la cabeza.
Ella sonrió.
—Interesante, ni siquiera intentaste besarme.
Volvió a observarlo con calma, analizando cada uno de sus gestos.
—Tampoco te gustan las mujeres.
Connor sintió un escalofrío.
—No sé de qué...
—No me interesa tu orientación s****l, Connor. Lo único que quiero saber es quién te envió.
El joven permaneció en silencio.
Emma bajó aún más la voz.
—Creo que quien te contrató olvidó mencionarte un pequeño detalle sobre mí.
Connor respiró con dificultad.
—¿Cuál?
Emma sonrió.
Una sonrisa tan fría que le heló la sangre.
—Que sé exactamente cómo romperle el cuello a una persona en menos de cinco segundos.
El muchacho dejó de respirar por un instante.
—Y también sé hacerlo parecer un accidente.
Connor comprendió que aquella mujer no estaba bromeando.
Las manos comenzaron a sudarle.
—Habla Connor.
—Fue... fue un hombre en el aeropuerto.
Emma no apartó la vista.
—Continúa.
—Se acercó a nosotros antes del abordaje. Nos ofreció hospedaje gratis en un hotel de lujo y dinero. Solo teníamos que hacerte compañía durante el vuelo.
Emma frunció ligeramente el ceño.
—¿Con qué propósito?
—Poner celoso a tu jefe.
Ella guardó silencio. Todo empezaba a encajar, las fotografías, las conversaciones, los asientos. Nada había sido casualidad.
—¿Ese hombre viene en este avión?
Connor asintió.
—Sí.
Emma respiró lentamente.
—Descríbelo.
—Es el abogado que viaja con ustedes.
Durante una fracción de segundo sintió una punzada de decepción.
No. Algo no encajaba. Henderson no necesitaba recurrir a un teatro tan infantil, era demasiado inteligente para eso. Entonces comprendió, alguien había usado su nombre.
O él estaba cumpliendo órdenes. En cualquier caso, seguía siendo una pieza, no el jugador.
Emma sonrió.
—Perfecto. —Connor la miró confundido.—Escúchame bien. Vas a seguir actuando exactamente igual.
Quiero que quien organizó todo esto crea que no sospecho absolutamente nada.
—¿Y si se da cuenta?
Emma sostuvo su mirada.
—Entonces tendrás un problema mucho más grande que perder unas vacaciones gratis.
Connor tragó saliva.
—Entendido.
—Puedes irte.
El joven prácticamente escapó hacia su asiento.
Emma permaneció unos segundos inmóvil.
—Así que quieren manipularme. Pues juguemos.
Al regresar a su asiento encontró a James observándola desde el otro lado del pasillo.
Emma sostuvo su mirada. James volvió a abrir la carpeta de documentos. Esta vez ni siquiera intentó leer.
Aún podía sentir el dedo de Emma recorriéndole la mandíbula y, por primera vez en mucho tiempo, llegó a Holanda sin saber si quería destruir a aquella mujer o besarla.
Emma regresó a su asiento justo cuando Connor volvía a ocupar el suyo. Sacó el lápiz labial del bolso y comenzó a retocarse frente a un pequeño espejo.
Connor la observó sonriendo.
—No necesitas maquillaje.
Emma sonrió sin apartar la vista del espejo.
—Gracias. Pero forma parte del personaje.
—Pues debo decir que te queda perfecto.
Ella solo respondió con una sonrisa discreta. Desde atrás, James fingía mirar por la ventanilla. Aunque llevaba varios minutos observando el reflejo de Emma en el cristal.
El comandante anunció el inicio del descenso.
Pocos minutos después, las ruedas tocaron tierra en el Aeropuerto Internacional de Ámsterdam-Schiphol.
Mientras esperaban la apertura de puertas, Connor volvió a hablar.
—¿En qué hotel te hospedarás?
—En el Boat & Co.
Los ojos del muchacho se iluminaron.
—¡Nosotros también! Qué casualidad. Quizá podamos coincidir en la piscina o cenar alguna noche.
Emma sonrió con cortesía.
—Sería agradable.
James cerró los ojos y soltó un largo suspiro.
Aquella conversación empezaba a agotarle la paciencia.
——
Ya en el exterior del aeropuerto, Henderson condujo a Emma hasta el vehículo que los esperaba.
James ocupó el asiento delantero sin pronunciar una sola palabra. Connor y su amigo subieron a un taxi que partió detrás de ellos.
Durante el trayecto, Emma comenzó a comentar con Henderson algunas anécdotas del vuelo.
—Connor estudia arquitectura —dijo con naturalidad—. Su amigo...
James la interrumpió sin girarse.
—No creo que al licenciado le interesen las aventuras de sus nuevos admiradores.
Emma sonrió.
—Qué extraño. No estaba hablando con usted.
—Su voz ocupa todo el automóvil— dijo James.
—Entonces puede taparse los oídos.
Henderson disimuló una sonrisa.
James resopló.
—Intente comportarse como una profesional, Señorita Diaz.
Emma cruzó las piernas.
—Lo soy. Lo que ocurre fuera del horario laboral no debería preocuparle.
James no respondió. Miró por la ventana el resto del trayecto.
En cuanto el vehículo se detuvo frente al hotel, abrió la puerta y descendió sin esperar a nadie.
Emma bajó la ventanilla.
—¡Infantil! —gritó con una sonrisa.
James levantó una mano sin girarse. No supieron si era un saludo o un gesto de evidente fastidio.
Cuando volvió a cerrar la ventanilla, Henderson habló con serenidad.
—Ustedes dos deberían dejar de pelear.
Emma dejó escapar una risa breve.
—Yo no tengo nada que resolver con James Coleman. El problema siempre empieza por él.
—Si su intención es enamorarlo, ese camino parece bastante complicado— dijo Henderson.
Emma volvió la mirada hacia el abogado. Durante unos segundos no respondió.
Luego habló con una calma que hizo que Henderson dejara de sonreír.
—Quiero que él se enamore de mí y cuando eso ocurra, decidiré si destruyo su corazón o su vida.
Henderson sostuvo su mirada. Por primera vez comprendió que aquellas palabras no eran una amenaza impulsiva.
Emma hablaba completamente en serio.