Después de un baño necesario James se sentó frente a la gran ventana con vita hermosa de la ciudad. Trató de mirar y pensar en lo que tenia en frente y no en el problema que crecía en esa suite. De pronto el aroma del café comenzó a extenderse por todo el lugar. —¿Busca soluciones en una ventana, señor Coleman? — dijo Emma con dos tazas de café en las manos. La deja sobre el escritorio. Ella deslizó una de las tazas hacia él. —Toma. James la miró sorprendido. —¿No pensabas envenenarme? —Todavía no. —Qué alivio. Él tomó la taza. Los dos dieron el primer sorbo al mismo tiempo. Emma hizo una mueca. —Está horrible. James probó otro trago. —Sí... Hubo un breve silencio. Después ambos estallaron en una risa involuntaria. Y ninguno de los dos quiso reconocer que era la

