—Pero realmente la necesito —dije casi suplicando.
—Lo siento, tendremos una entrega la semana que viene.
—Pero no entiendes, ¡necesito esta camiseta hoy! —grité levemente. Ella pareció sorprendida por mi repentino estallido.
—No hay necesidad de gritar —respondió, un poco asustada.
—Lo siento —susurré.
Me rindo.
La chica se alejó y me di la vuelta para ver que el chico me había estado mirando todo el tiempo.
—¿Qué? —dije un poco molesta.
—Nada —me miró sin comprender.
Puse los ojos en blanco y me giré para seguir caminando.
»—¿Qué quieres decir con que necesitas ser castigada? —de repente preguntó. Me detuve y miré al frente.
Él escuchó todo.
Lentamente me di la vuelta y él caminaba hacia mí con una mirada preocupada en su rostro.
—¿D-de qué estás hablando? —tartamudeé.
—En el teléfono, te escuché diciendo que necesitas ser castigada —dijo, levantando las cejas.
—Uh... es solo una broma privada —contesté dejando escapar una risa falsa, esperando que me creyera.
—¿De verdad? —cuestionó, escéptico.
Asentí con la cabeza.
»—Nunca había oído hablar de esa broma—dijo en tono sarcástico.
Mi sonrisa se redujo y se volvió severa.
—Sí, bueno, así que eso es todo lo que importa —dije bastante groseramente, antes de alejarme de él.
—Entonces, ¿por qué te enojaste? —preguntó dándose la vuelta e interponiéndose en mi camino, una vez más.
Traté de caminar a su alrededor, pero él seguía bloqueándome, así que me di la vuelta y comencé a caminar hacia el otro lado.
»—¿Estás mintiendo? ¿verdad? ¿Estás en problemas o algo así? —dijo agarrando mi brazo gentilmente tirándome hacia él.
—Déjame ir —hablé con los dientes apretados, me soltó y se quedó mirándome.
—Lo siento. Es solo que parecías realmente asustada —sus grandes ojos color avellana me miraban con preocupación.
—¿Por qué te importa? —rodé los ojos.
—No sé, simplemente... parecías tener miedo de algo o de alguien —explicó, levantando una ceja mientras decía "alguien".
—Bueno, no soy tan tonta —espeté. Odiaba ser grosera con la gente, pero él simplemente se estaba involucrando, seguía haciendo tantas preguntas y en realidad parecía preocuparse por mi seguridad, pero apenas lo conozco.
Esto es probablemente lo mejor que un extraño ha sido para mí, y mira lo perra que estoy siendo. Pero es por su propio bien... Y mi propio bien.
—Es tu novio, ¿no? —respondió bruscamente.
Mi pulso comenzó a acelerarse y podía sentir que me sudaban las palmas.
—¡Cállate! —le grité en la cara. Pareció sorprendido por mi reacción—. No me conoces, no sabes nada. Deja de seguirme antes de que llame a la policía y ponga una orden de restricción contra ti.
Se quedó sin habla. Parecía herido y un poco enojado.
Tan pronto como las palabras salieron de mi boca, instantáneamente deseé haberlas retirado, pero es por su propio bien. Si Nate alguna vez se enterara de que tuvimos esta conversación, me castigaría y lo lastimaría a él.
Me alejé sin mirar atrás.
Estaba a punto de irme cuando gritó algo que me hizo detenerme en seco.
LOGAN
—¡Cállate! No me conoces, no sabes nada. Deja de seguirme antes de que llame a la policía y ponga una orden de restricción contra ti —gritó en mi cara.
Honestamente, sus comentarios me sorprendieron. Antes de que pudiera decir algo, giró sobre sus talones y comenzó a caminar.
Me di cuenta de que todavía no había soltado la camiseta negra, a pesar de que no era del tamaño que necesitaba.
¿Por qué estaba tan desesperada por eso?
Entonces me di cuenta.
¿Su novio realmente la lastimaría por una estúpida camiseta?
—¡Tengo una como esa en talla mediana! —grité, lo suficientemente fuerte como para que ella lo escuchara.
Vi cómo se detuvo en seco. Se giró y jadeó cuando saqué la camiseta de la bolsa y la levanté para mostrársela. Observé cómo lentamente se dirigía hacia mí, sin apartar los ojos de mi mano.
—¿Q-qué quieres por ella? —susurró. Le di una mirada confusa y noté una pizca de desesperación en sus ojos.
—Oh, ¿ahora quieres hablar conmigo? —pregunté sarcásticamente.
Bajó la mirada y comenzó a jugar con un brazalete dorado en su muñeca, colocó la camiseta grande que había estado sosteniendo hacia un lado y me miró.
—Lo siento —susurró mientras las lágrimas escapaban de sus ojos—. Por favor. Haré lo que sea ¿puedo quedarme con esa camiseta? —prácticamente suplicó.
Parecía tan desesperada. Como si toda su vida dependiera de ello. Miré la prenda y luego a ella. Suspiré ruidosamente y extendí mi mano.
—Toma, parece que significa más para ti que para mí —terminé.
Me miró con cautela antes de levantar lentamente la mano y agarrar la camiseta.
—¿Qué quieres por ella? —preguntó de nuevo.
—Nada. No quiero nada. Además, si lo hiciera, probablemente no me lo darías de todos modos —dije rodando los ojos ligeramente.
Me miró inquisitivamente.
—¿Qué cosa?
—Quiero que me digas por qué quieres tanto esta camiseta —contesté, pronunciando cada palabra lentamente, mirándola directamente a los ojos.
Bajó la mirada y mantuvo la cabeza gacha, sin responder.
»—Eso pensé —murmuré.
La escuché sollozar levemente y miró hacia mí.
—No lo entenderías —susurró. Tenía sus ojos ligeramente rojos.
Asentí y sonreí. No quería molestarla más. Observé cómo se giraba y comenzaba a alejarse con la camiseta firmemente en sus manos.
—De nada, por cierto.
Antes de doblar la esquina me miró por última vez.
—Gracias... Logan —dijo, con una pequeña sonrisa.
Ella recordó mi nombre.