Su cabello castaño/dorado estaba medio rizado y vestía una camiseta negra que mostraba sus musculosos brazos.
—Lo-lo siento mucho —le susurré. Sé a ciencia cierta que si alguna vez le derramo un trago a Nate, me mataría.
Traté de analizar su expresión facial mientras examinaba su ropa ahora empapada.
—Está bien, es tanto mi culpa como la tuya —explicó, sonriendo levemente, con un hoyuelo a cada lado de su rostro.
—Mira, lo siento mucho, voy a pagar tu tintorería —tartamudeé, con un ligero temor en mi voz.
—Está bien, fue un accidente, lo entiendo —dijo, dándome una mirada inquisitiva—. Mira, ¿qué tal si te invito una bebida, considerando cómo terminó en mí? —sugirió, riendo levemente.
Lo miré profundamente a los ojos, tratando de averiguar si todavía estaba enojado.
»—¿Qué te parece? —preguntó, levantando las cejas.
—No, realmente debería irme —dije, negando con la cabeza ante su sugerencia.
—Vamos, es lo mínimo que puedo hacer, y considerando cómo mi ropa está empapada, voy a decir que me debes una —dijo, sonriendo más, retratando sus lindos hoyuelos.
—Uh... Está bien —murmuré y lo seguí de regreso a Starbucks.
Agarró las bebidas del mostrador y tomó asiento indicándome que me sentara con él. Me senté y dejé mis bolsas de compras en el suelo.
—Toma —me entregó la bebida.
—Gracias —susurré.
—Es genial —respondió sonriendo de nuevo.
Dios, sonríe mucho.
—Toma esto —dije mientras sacaba dinero de mi bolsillo y se lo entregaba.
—No, no, está totalmente bien, quédatelo, era una de mis peores camisetas —dijo, riéndose de la última parte.
Su risa era linda, me hizo reír un poco.
—Ella se ríe, finalmente —dijo levantando las manos en el aire.
Negué con la cabeza y puse un sorbete en mi bebida.
Estaba a punto de tomar mi primer sorbo cuando sonó mi teléfono. Lo saqué y noté que era un mensaje de Nate. Lo abrí y escaneé rápidamente el mensaje.
• Hayley, vuelve AHORA.
Tragué saliva ante el mensaje y rápidamente respondí diciendo que estaba en camino.
»—Soy Logan, por cierto —se presentó el chico de ojos color avellana frente a mí. Por un minuto olvidé que estaba allí.
Salté de mi asiento y agarré mis compras del piso.
—Uh, sí escucha, tengo que irme, lo siento, pero gracias por la bebida —dije rápidamente.
Se puso de pie y me miró con una mirada confusa en su rostro.
—¿Está todo bien? —preguntó con cansancio.
—S-sí, mi novio sólo quiere que esté en casa, eso es todo —tartamudeé.
Su expresión facial se redujo ligeramente cuando mencioné la palabra novio.
—Bueno, ¿al menos puede saber tu nombre? —preguntó suavemente.
—En otra ocasión, y lamento de nuevo tu ropa —dije mientras comenzaba a salir corriendo de Starbucks.
—¡No has probado tu bebida! —lo escuché gritar antes de irme, para hacer mi camino de regreso a la casa de Nate.
Llegué a casa y dejé las compras en el suelo junto a la puerta.
—¿Nate? —pregunté suavemente, mientras caminaba de puntillas hacia la sala de estar.
Entré y lo vi sentado viendo fútbol en la televisión. Tan pronto como reconoció que había entrado en la habitación, apagó la televisión y colocó el control remoto en el reposabrazos junto a él.
—¿Qué te tomó tanto tiempo? —gruñó en voz baja.
—Conseguí cosas para ti y luego fui a Starbucks a tomar un café —le expliqué, quedándome congelada en mi posición.
Giró la cabeza hacia mí, se levantó lentamente del sofá y se acercó.
—¿Fuiste a Starbucks? —preguntó, luciendo enojado.
¿Por qué estaba enojado? Dijo que podía comprar algo.
—Dijiste que p-podría comprar algo —tartamudeé en un susurro.
—¿Lo hice? —cuestionó. Asentí con la cabeza y volví mi atención al suelo.
—Recibí tu mensaje y me fui, ni siquiera tomé un sorbo, lo juro —dije tratando de defenderme.
—¿De verdad? —preguntó sarcásticamente.
Asentí de nuevo, sin dejar de mirar el suelo.
Suspiró profundamente y colocó sus brazos alrededor de mi cintura, atrayéndome hacia él.
—Mírame —susurró.
Lancé mis ojos hacia arriba para encontrarme con los suyos y pude sentir su ardor en mi piel.
—¿Cuándo fue la última vez que comiste, bebé? —preguntó mientras una de sus manos comenzaba a acariciar mi barriga suavemente.
—Uh... yo... no lo sé —tartamudeé.
Honestamente, no lo sé. No recuerdo.
Realmente no cuento los analgésicos como una comida... ¿Verdad?
—¿Está segura? —dijo mientras sus dedos comenzaban a tocar mi barriga.
Asentí y le di una mirada inquisitiva.
—No me mentirías Hayley, ¿verdad? —preguntó con calma, ahora jugando con mi cabello.
—No, por supuesto que no —respondí, mirándolo directamente a los ojos.
—Bien —dijo antes de besar mi sien suavemente. Me soltó de su agarre y fue a servirse un vaso de agua.
Dejé escapar un suspiro que ni siquiera sabía que estaba conteniendo y cerré los ojos, tratando de recomponerme.
Me di la vuelta para verlo apoyado contra la encimera de la cocina, bebiendo agua.
Volví al pasillo y llevé la comida a la cocina. Comencé a guardar los artículos y colocarlos en los armarios correctos.
»—Oye —dijo mientras dejaba su vaso en el fregadero.
—¿Sí? —respondí mientras colocaba una lata de frijoles en los armarios superiores cerca del refrigerador.
—Me duele un poco la cabeza. ¿Dónde están mis aspirinas? —preguntó. Jadeé y no me atreví a volverme para mirarlo.
Él sabía.
Por eso me preguntó si había comido, sabe que tomé sus aspirinas.
—Uh... está en los armarios debajo del fregadero —respondí tratando de mantener la calma. Mantuve los ojos fijos en los armarios frente a mí, sin atreverme a mirarlo.
No escuché abrirse el armario. Podía escuchar sus pasos lentamente haciéndose más y más fuertes...
Más y más cerca...
Vota y comenta.