Capítulo 3

1162 Palabras
—Lo sé —susurró. Su voz me paralizaba, ya que literalmente no podía mover ni un músculo. Me agarró y me hizo girar para mirarlo. »—Me mentiste —dijo en un tono oscuro y sin emociones. No podía moverme. Abrí la boca, pero las palabras simplemente no salieron. Acercó su rostro al mío hasta que pude oler su aliento ligeramente alcohólico. »—Me mentiste —dijo con los dientes apretados. —No, no, tenía dolor después de anoche, me lastimaste. —¿Te lastimé? —gritó en mi cara. —No, quiero decir... —¿Qué, Hayley? —dijo acercándose poco a poco. Una sola lágrima se me escapó del ojo, ya que sabía lo que iba a pasar. —Nate, yo... —susurré, pero inmediatamente me pegó una bofetada, lo que me hizo caer al suelo debido al impacto. —Horrible perra mentirosa, ¿Cómo puedes mentirme, Hayley? Después de todo lo que he hecho por ti, entras a mi casa y me dices que te he herido. ¿Cómo te atreves? —gritó, y su pie golpeó directamente en mi estómago, lo que me hizo gritar de dolor. Me acurruqué en el suelo como una bola, protegiéndome la cara con las manos.5 —N-n-Nate p-p-por favor —tartamudeé mientras lloraba incontrolablemente de dolor. —Cállate, Hayley. ¿Crees que yo te daño? ¿Quieres que te muestre lo que significa estar herida? —gruñó sobre mí. Lo oí desabrocharse el cinturón de los pantalones. Mis ojos se abrieron de miedo. »—Necesitas aprender una lección —dijo lentamente antes de bajar su cinturón con fuerza sobre mis piernas. Grité mientras él comenzaba a azotarme con su cinturón repetidamente, haciendo que la sangre subiera a la superficie de mi piel—. Esto es lo que te mereces. No es bueno mentir —gritó mientras seguía golpeándome repetidamente. Podía sentir la sangre saliendo de mis piernas mientras el cinturón de cuero rasgaba mi piel. Usó su pie para darme la vuelta para que pudiera enfrentarlo y se inclinó en el suelo. »—No me vas a mentir de nuevo, ¿verdad, Hayley? —susurró suavemente, quitándome el cabello de la cara y colocándolo suavemente detrás de mi oreja. —No —apenas logré susurrar. —Buena chica —dijo mientras besaba suavemente mis labios. El dolor era insoportable, la gente dice que los dolores de parto son el peor dolor para una mujer, pero no estoy de acuerdo. »—Ahora, ¿adivina qué? Tengo hambre y necesito algo de comer —anunció mientras se levantaba, agarraba un paño del costado y limpiaba mi sangre de su cinturón, antes de usarlo para abrocharse los jeans—. AHORA HAYLEY —gritó mientras me levantaba con fuerza para ponerme de pie. Mis piernas cedieron y colapsé en sus brazos, gimiendo de dolor. —Nate por favor, no puedo... —dije llorando en su camisa. —Sí, puedes —contestó mientras me empujaba lejos de él. Caí hacia atrás golpeándome la cabeza contra la encimera de la cocina antes de aterrizar en el frío suelo de mármol. Y todo se desvaneció a n***o. Me desperté en un entorno tranquilo, me sentí en paz... a salvo. Eso fue hasta que enfoqué mi mirada para ver que estaba de vuelta en la cama. La cama de Nate. Mi cabeza latía con fuerza y el resto de mi cuerpo se sentía entumecido por los latigazos que había recibido. Estaba arropada bajo las mantas y me sentía un poco más fría de lo habitual. Usé mi brazo derecho para levantar las mantas y noté que solo estaba en sostén y ropa interior. Mi mente comenzó a preguntarse si Nate se había aprovechado de mí mientras estaba inconsciente. Mis pensamientos fueron interrumpidos cuando escuché la puerta del dormitorio abrirse y un Nate sin emociones entró con una toalla mojada en sus manos. — Hey, nena— saludó, ahora sonriendo. Me quedé en silencio. Se acercó y se sentó en el borde de la cama, a mi lado, traté de alejarme de él, pero fue inútil. Mi cuerpo se había rendido. Levantó la mano e hice una mueca, cerrando los ojos. Sentí una sustancia fría y lentamente abrí los ojos para ver a Nate frotando la toalla húmeda en mi cabeza. »—Te golpeaste bastante fuerte la cabeza. A veces, Hayley, puedes ser demasiado torpe —negó con la cabeza—. ¿Qué te pasa, el gato te comió la lengua? —bromeó, mientras quitaba la toalla ahora ligeramente ensangrentada. Ni siquiera había notado que mi cabeza estaba sangrando. —¿Qué quieres que diga? —susurré, algunas lágrimas cayeron mientras lo miraba a los ojos. Los ojos que una vez supe que me protegerían y me mantendrían a salvo. Hizo la promesa de que nunca me pondría un dedo encima, y la cumplió... Puso los cinco a la vez. —Em... veamos ¿cómo te sientes, honestamente? —preguntó mientras dejaba la toalla ensangrentada y me miraba. —Tengo hambre y me duele todo el cuerpo —dije mientras lloraba un poco más. Suavemente acarició mi mejilla y usó su pulgar para secar mis lágrimas. —Hayley, Hayley, Hayley —respiró hondo antes de continuar—. Lamentablemente, no hay nada que pueda hacer al respecto, rompiste mis reglas, así que a cambio fuiste castigada. Ahora solo espero que ya no sigas haciendo cosas como esas porque, honestamente, nena... no creo que tu cuerpo pueda mucho más —explicó mientras quitaba las mantas de mi cuerpo revelando mi flaca y frágil figura. Lo miré por un breve momento, antes de apartar la mirada de inmediato. —¿H-hiciste algo conmigo? —tartamudeé por miedo a la respuesta. —¿Qué? ¿Te refieres a cuando estabas inconsciente? —preguntó, mientras sus dedos recorrían mi cuerpo. Quería golpearlo, pero estaba demasiado débil. Asentí levemente y una gran sonrisa creció en su rostro. »—Hayley, ¿por qué haría eso? No me habría divertido en absoluto —respondió. Dejé escapar un pequeño suspiro que estaba conteniendo. — Ahora. Te sugiero que descanses un poco, está bien —dijo mientras se inclinaba y plantaba besos suaves en mi barriga y lentamente se abría paso a lo largo de mi pecho, clavículas, cuello y hasta mis labios. Se levantó de la cama, me arropó con las mantas y se dirigió a la puerta. »—Hayley. —¿Sí? —Te amo —dijo sonriendo. —Yo también —contesté entre dientes. Me guiñó un ojo, salió del dormitorio y bajó las escaleras. Me quedé quieta en la cama, mi cuerpo sufría demasiado dolor como para hacer algo. Cerré los ojos y me quedé allí, pensando en cómo mi vida se había convertido en un desastre tan grande. Me estaba quedando dormida lentamente cuando una pregunta apareció en mi mente. «¿Qué le hice yo que lo convirtió en un...? ¿Monstruo?»
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