Capítulo 4

1044 Palabras
Me desperté sintiéndome un poco mejor que ayer, el dolor de cabeza se había ido y las sensaciones de escozor habían disminuido. Podía escuchar la lluvia chocando contra la ventana, tratando violentamente de entrar. Me giré a mi derecha para ver el lugar de Nate vacío. Un pensamiento se disparó inmediatamente en mi cabeza. «Me desperté tarde» No le preparé el desayuno como lo hago todas las mañanas. El pánico apareció instantáneamente cuando pensé que iba a recibir otro castigo. Escuché sus pasos subiendo las escaleras y me senté en la cama, con solo mi ropa interior. Quedé mirando la puerta del dormitorio cuando lo vi entrar a grandes zancadas, con una enorme sonrisa plasmada en su rostro. —Buenos días, cariño —cantó mientras se acercaba y se miraba en el espejo. Llevaba una camiseta ajustada con cuello en V que le había comprado hace unas semanas, cuando celebramos su nuevo trabajo. Poco después lo despidieron por pelear con un cliente. Ahora solo hace sus propios asuntos. No se me permite saber qué es, pero sé que es malo... e ilegal. Su cabello castaño estaba bien peinado y su único tatuaje era visible en su muñeca... Era una palabra simple, subrayada con una espina de rosa. Lo hizo en mi cumpleaños, dijo que no importaba lo que pasará, siempre me amaría y que siempre estaría ahí para protegerme, que siempre sería mi príncipe azul. Al principio le creí, luego todo simplemente... pasó. Una pequeña parte de mí todavía le cree, quizás esa parte es solo esperanza. Si la esperanza existe. »—¿Estás bien? —preguntó, sacándome instantáneamente de mis pensamientos. —S-sí, tengo que ir a prepararte el desayuno. Lo lamento mucho, no volverá a suceder, lo prometo —salí corriendo mientras me levantaba de la cama y comencé a correr hacia el baño. —Oye, está bien, ya hice el desayuno —dijo parándose en mi camino. —¿Qué? —pregunté, sorprendida y confundida. —Sí, estabas profundamente dormida y, además, necesitabas un descanso nena —habló mientras colocaba sus manos en mi cintura y besaba mi frente gentilmente. Lo miré sorprendida y, para ser honesta... atónita. —¿En serio? Quiero decir... ¿Estás seguro? —cuestioné, todavía cautelosa de lo que dijo. —Si nena. No actúes tan sorprendida —rió levemente—. De hecho te preparé el desayuno —susurró, su aliento me hacía cosquillas en la piel. —¿H-hiciste qué? —estaba completamente atónita. —Sí. Acabo de hacer unas tostadas, no es mucho, pero es algo, ¿verdad? —contestó, picoteando mis labios suavemente. —Oh, Dios mío Nate. Gracias —le agradecí antes de envolverlo en un abrazo. «Quizás la gente cambie.» —Está bien, ahora ve a vestirte, no quiero que tu comida se enfríe —asentí y corrí al baño para prepararme. Llevaba un suéter granate, con jeans ajustados negros y zapatillas. Me debatí si llevar o no algunas joyas, después de todo Nate estaba de buen humor y esas cosas no pasan a menudo. Me acerqué a mi joyero y lo abrí, examinando los artículos que había dentro. De todos ellos, solo uno me llamó la atención. Era una sencilla pulsera dorada con dijes que mi madre me regaló hace unos años como regalo de Navidad. Tenía un único amuleto colgando del final, era una estrella. Cuando me lo compró, me dijo que yo siempre sería su estrella brillante. Lo cerré con seguridad en mi muñeca y admiré lo perfecto que se veía. Siempre lo usaba... hasta que ella murió, no me atreví a usarlo por un tiempo. Dolía demasiado recordar a mi madre, daría cualquier cosa por recuperarla. Salí de mi aturdimiento y bajé las escaleras para encontrarme con Nate. Me senté con él y agarré una tostada. —Disfrute, señorita —dijo con su mejor acento francés, haciéndome reír. Lentamente probé un bocado de la tostada recién untada con mantequilla e inmediatamente pude sentir mi estómago en erupción. Me apresuré a tragarlo y bebí un poco de jugo de naranja. »—¿Te gustó? —cuestionó, sonriendo mientras recogía mi plato y lo ponía a un lado para lavarlo. —Sí, fue... —me interrumpió una sensación de ardor en el estómago, sentí que iba a estallar como un volcán. Me apresuré a lo más cercano que pude pensar, el fregadero, mi cuerpo cedió y antes de darme cuenta había vomitado cada bocado que entraba en mi sistema, junto con el jugo. Mi estómago ardía por dentro. El dolor era terrible y me costaba recuperar el aliento. Después de que me saliera hasta la última gota. Me enjuagué la boca y me giré para mirar a Nate. Quien me miró con pura ira en sus ojos. »—Lo-lo siento —susurré mientras se quedaba quieto, apretando los puños a los lados. —Lo intenté, Hayley, de verdad, realmente lo intenté por ti. Te ayudé, te dejé dormir hasta tarde, te preparé el desayuno, traté de ser un buen novio y mira lo que hiciste para pagarme —gritó, golpeando el banco de la cocina. —Lo-lo siento —repetí, mirando al suelo. —Lo sientes. Por supuesto. No importa lo que hagas mientras tú lo sientas —habló sarcásticamente. Caminó hacia mí y levantó mi barbilla con sus dedos para mirarme. »—Me das asco —escupió. La gente dice que las palabras nunca te lastimarán. Pero, para mí... las palabras duelen demasiado. —No quieres decir eso —susurré, mirándolo mientras colocaba una mano en su rostro. Me miró fijamente y por un segundo puedo jurar que vi algo en sus ojos, no ira, rabia, disgusto o lujuria, vi... daño. Agarró mi mano y la apartó de él. —Sí, lo hago —contestó simplemente y un pequeño jadeo escapó de mi boca—. Ahora limpia esto, es repugnante... tú eres repugnante —escupió con malicia. —Lo siento mucho. No he comido en un tiempo, eso es todo, mi cuerpo no pudo reprimirlo. Me gustó de verdad —le dije, prácticamente suplicándole. No importa cómo me trate, sé que todavía me ama y que yo lo amo. Sin Nate no tengo a nadie. Él es mi todo. Vota y comenta.
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