La lluvia no había cesado en dos días.
Kael avanzaba entre ramas muertas y musgo, en lo más profundo del bosque de Yranar —un lugar que no figuraba en mapas modernos, ni era mencionado en voz alta.
Solo los viejos mercenarios lo conocían.
Solo los locos volvían.
Él no era ni lo uno ni lo otro.
Pero sí estaba siguiendo algo.
Una palabra susurrada en la taberna de un pueblo sin nombre.
Un dibujo mal trazado por un anciano medio ciego.
Una espiral rota.
Una piedra.
La misma que colgaba del cuello de Alisha Belmont.
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El templo no era majestuoso.
Ni siquiera estaba completo.
Era apenas un esqueleto de piedra devorada por la hiedra, cubierto de grietas y humedad.
Pero en el centro de aquel lugar perdido… aún resistía el círculo grabado en el suelo.
Kael se detuvo. El corazón le latía como si algo dentro de él también recordara.
El símbolo.
El mismo.
Exacto.
El mismo que había visto en la piedra. En el mapa.
En la frente de un hombre muerto hacía años… un enemigo suyo que nunca entendió por qué sonreía antes de morir.
Y ahora, en el centro de ese lugar olvidado, el fuego de esa historia se encendía también para él.
Se agachó. Tocó el grabado.
No era pintura. No era talla superficial.
Era marca profunda, viva.
Era ritual.
El aire cambió.
Una ráfaga de viento silbó entre las columnas rotas.
Kael cerró los ojos.
Y entonces la vio.
No a Alisha.
A una mujer igual a ella.
Pero envuelta en sombras.
Más vieja. Más rota.
Y... con los mismos ojos que los suyos.
Los de Kael.
Fue un instante. Un latido.
Una grieta en el tiempo.
Cuando abrió los ojos, estaba solo.
Pero ya no igual.
Se levantó con lentitud.
—Esto no es solo su historia —dijo en voz baja—.
También es mía.
Aunque no sepa aún por qué.
Miró el cielo encapotado.
El peso en su pecho era distinto ahora.
Ya no una carga.
Una llamada.
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Dio media vuelta.
El camino estaba embarrado, traicionero.
Pero Kael ya no se movía por órdenes.
Ni por Derek.
Ni siquiera solo por Alisha.
Había algo enterrado en todo esto que también lo estaba buscando a él.
Y estaba dispuesto a cavar hasta el infierno para saber qué era.