Había pasado toda la mañana leyendo la información del paciente que el doctor Karp operaría. Los análisis no tardarían en llegar y una vez los resultados estén y sean óptimos podrán continuar. Mientras habían estado esperando al senador, pero tuvo que retrasarse por lo que Anna decidió continuar con lo otro que su jefe le había dejado pendiente.
Su oficina.
Aprovechando el tiempo libre sin pacientes para buscar el almuerzo, aunque aún era temprano, y después ir directamente hasta la oficina donde cajas y cajas la esperaban.
Al ingresar el olor al perfume del doctor la invadió completamente por un momento, creyó que lo encontraría por ahí pero por fortuna no fue así, segura de que se encontraba sola decidió tomarse un momento para disfrutar de su aroma.
Cerró los ojos, se relajó y olisqueó suavemente todo el lugar. Era seductor, atrevido y altanero igual a la persona que lo portaba "¿Cómo un aroma podía definirte tan bien?" pensó ella. Pero luego sonrió porque sabía que este hombre era un caso único. Rápidamente trató de olvidarse de todos esos pensamientos porque el sujeto era su jefe y estaba a punto de abrir cajas donde encontraría muchas cosas personales, cosas que le mostrarían más del hombre que había conocido esa mañana.
Puso una música suave mientras abría las cajas donde en un costado decía "Libros" verlos la emocionaba ya que era una lectora voraz de todo lo que caía en sus manos, y sospechaba que los libros que tendría su jefe serían libros muy buenos relacionados con su especialidad que ella podría leerlos cada vez que pudiera sin que él se diera cuenta obviamente.
Tarareaba mientras colocaba el último florero en una mesita, que por el momento aún no tenía nada dentro. Entonces escuchó un carraspeo detrás de ella y cuando volteó ahí estaba él. La recorría con los ojos para luego recorrer todo el lugar y con una pequeña sonrisa volvió a enfocar sus ojos en ella.
— ¡Qué sorpresa! No creí que lo fueras a acomodar todo tan rápido y tan pulcro.
— Espero que le haya gustado el resultado.
— Es aceptable. ¿Has comido?
— Si, mientras trabajaba en esto lo he hecho.
— Bien, porque el senador ha llegado. Ven sígueme.
Esperó que dejara bien acomodado lo último que tenía en las manos como también descartar lo del almuerzo al tacho de basura. Mientras la veía moviéndose con tanta naturalidad como si flotara por toda la habitación ya que sus pasos eran suaves y sigilosos. Nunca había conocido a ninguna mujer que lo fuera.
Había quedado muy sorprendido cuando vio el resultado de su trabajo en la oficina, no creyó que lo fuera hacer tan rápido y tan bien. Ella logró sorprenderlo varias veces ese día y aún no acababa.
Estaba seguro que se trataba de una mujer fuerte con cierto carácter muy bien guardado en su interior que por alguna razón no la dejaba salir. Se mostraba tímida, sumisa y muy tranquila como si fuera muy manipulable ¿Por qué actuaba de esa forma? Lo descubriría como sea, mientras tenían trabajo por hacer y algo por el que él estaba ansioso, era poder verla trabajar en el quirófano, él quería ver como se desenvolvía bajo presión ¡Y vaya que la presionaría!
Cuando llegaron a la habitación privada donde el senador aguardaba, Anna tomó el expediente y presentó el caso. Durante todo ese tiempo Damien no pudo evitar fijarse como la miraba, la estudiaba y la devoraba de arriba a abajo y no lo disimulaba, aquello había logrado molestarlo mucho.
Al terminar la presentación Anna miró a Damien y luego a su paciente con una gran sonrisa en su rostro. Ignorante a las miradas lascivas del senador se mostraba muy agradable a los dos hombres en la habitación sin percatarse que mientras tanto uno de ellos estaba incendiándose por dentro de la increíble furia que había nacido en su interior sin siquiera pensarlo tanto.
— Bueno señor, creo que deberá esperar durante un tiempo que se le realice los estudios. Apenas salgamos de aquí vendrán las enfermeras a instalarlo y llevarlo para que se lo puedan hacer.
— Creí que la doctora Rhodes me acompañaría a hacerme los estudios. — dice el hombre con una sonrisa pervertida.
Damien gruñe en su interior ya que estaba evitando a toda costa arruinarlo todo con este hombre ya que era un paciente muy importante a quien había estado esperando durante mucho tiempo. Además, atenderlo aquí sería una gran forma de ganar más prestigio para el hospital y para él mismo. Debía ser profesional y dejar de actuar como un cavernícola.
— Me temo que no podrá señor. — contesta rotundamente — La doctora deberá acompañarme mientras nos preparamos para la cirugía, es una interna por lo tanto deberá repasar el procedimiento correctamente antes de ingresar a quirófano.
— Que lastima.
— Doctora Rhodes por favor acompáñeme. — Damien se gira una última vez hacia el hombre que aún mantenía sus ojos sobre su interna — Lo veré luego señor.
Cuando Anna cerró la puerta de la habitación y lo miró, toda esa simpatía y jovialidad desapareció al percatarse de su ceño fruncido. Damien no podía evitarlo, le había enfurecido ver las miradas del senador y la gran sonrisa que su interna le regalaba, aunque en verdad ella no era consciente de los pensamientos del hombre y tampoco es como que ella estuviera coqueteando con él.
— ¿Sucede algo? — pregunta ya un poco preocupada y algo cautelosa con el sonido y tono de su voz.
El hecho que desapareciera su simpatía y se convirtiera nuevamente en la mujer que cuidaba hasta su tono de voz estando con él a solas, lo molestó aún más.
— Espera aquí. — ordenó y luego apretando la mandíbula fue hasta el puesto de enfermería, rellenó los estudios prequirúrgicos necesarios y la orden de internación para su paciente. Cuando terminó la miró y la vio atenta a cada uno de sus movimientos. — Ven, quiero hablar contigo.
Fueron hasta su oficina en un silencio sepulcral, tuvo que girar varias veces para ver si ella lo estaba siguiendo ya que no emitía ruido alguno, como si no estuviera. Cuando ingresaron y él cerró la puerta tras ella se recostó por la pared para poder verla y poder pensar muy en sus palabras sin demostrarle lo idiota que se sentía.
— ¿Cuál es tu problema? — preguntó y de inmediato se percató que comenzó con una pregunta un tanto estúpida.
— ¿A qué se refiere? Yo no tengo ningún problema. — Contesta ella bastante confundida.
— Me refiero a tu actitud, por momentos te noto con una confianza y una felicidad que luego se desaparece y te vuelves toda cautelosa, como si me temieras.
— ¿Acaso no debería? Dijo que haría de mi vida un infierno. — Damien notó un cambio en su tono de voz, se había comenzado a frustrar.
— Si eso dije, pero no significa que te vaya a dar de azotes solo porque me dirijas la palabra o porque emitas algún tipo de ruido. Ya te dije que odio que no hagas nada porque pareciera que me ignoras, aquí vienes a aprender y si no aprendes de mi ¿De quién lo harás? Te exigiré y te haré sufrir pero para que seas un buen médico.
— Entiendo, lo lamento. — era evidente que se había calmado al escuchar sus palabras, pero nuevamente esa actitud tranquila lo confundía a él — Debo decirle entonces que espero que en el futuro no lo tome a mal si vuelvo a estar en silencio por mucho tiempo, no lo hago a propósito, es una costumbre. Y descuide, si tengo dudas le preguntaré y no dude que estoy observando todo lo que hace y dice porque como lo dijo antes, si no aprendo de usted no lo haré de nadie más.
Damien quedó en silencio mirando sus ojos y luego recorriéndola con la mirada, no lo hacía como lo hizo aquel hombre. Él estaba realmente curioso con esta mujer, podía ver que era distinta a todas a las que él acostumbraba tratar, pero lo que más curiosidad le daba era el porqué su cuerpo y su instinto reaccionaba a ella de esa forma. Su lado cavernícola salía a la superficie, su piel ardía porque quería sentirla y sus ojos buscaban las de ella para poder ver a través de ellos como lo había hecho esa misma mañana en el cuarto de descanso.
Hubo un momento en que sus miradas chocaron y pudo darse cuenta de la electricidad que le recorría la piel, pudo sentir como su corazón volvía a latir tan intensamente por esta mujer cuando se había prometido que no volvería a reaccionar jamás por ninguna. Pero desde que ella supo quién era él realmente no volvió a mirarlo directamente a los ojos, huía de él.
Arriesgándose Damien dio dos pasos y quedó frente a ella con solo centímetros de distancia, Anna se encontraba muy sorprendida. Él tomó su mentón e hizo que levantara la mirada para verlo frente a frente. Sus ojos se veían algo apagados y tristes, acarició su mejilla suavemente viendo como ella reaccionaba a su tacto.
— Niña ¿Por qué eres tan intrigante y dulce al mismo tiempo? — preguntó y suspirando la soltó para luego marcharse de allí rápidamente dejándola a ella con más preguntas y la cabeza dándole vueltas.
¿Qué diablos fue todo eso?