Me dolía todo, pero estaba orgullosa de ello. Me acomodé en la gran cama de Nathan, mientras la luz del sol se filtraba por las cortinas. Luego de nuestra “escena” en la casa del árbol, volvimos al rancho. Entre juegos, besos y otras cosas nos quedamos dormidos juntos en su cama. Me sorprendía lo cómoda que me sentía después de haber hecho aquello que hice, es decir, había sido mi primera vez y jamás lo hubiera imaginado así. Nathan había sido muy gentil, me hizo sentir increíblemente bien. Había sido una noche perfecta. Me acomodé en la cama y lo observé dormir. No pude evitar sonreír… “Va, te enamoraste, Madie. ¡Qué estúpida!” escuché una voz en mi cabeza. “No, no es cierto” repliqué de inmediato. Cerré los ojos, quería seguir durmiendo. “No me mientas a mí, soy tu conciencia”

