El jueves cuando fui a trabajar me encontré con Nathan, sin embargo mi padre aún no volvía de Dallas, lo que me puso nerviosa. - Buenas tardes Srta. Jefferson – Nathan, parado frente a mi escritorio, con un ramo de flores, guiñó un ojo. Me quedé anonadada. - Llega tarde Sr. Adams, su turno empezó a las nueve de la mañana y son las cinco de la tarde – sonreí recibiendo las flores. Él besó mi mejilla con cuidado, cosa que me hizo sonrojar un poco. - Negocios, me mantienen ocupado – hizo una mueca y se apoyó en la mesa. - Tan ocupado que no llamaste en toda la semana. - Lo siento, estaba con tu padre en Dallas y habría sido raro llamarte. Intento ser cuidadoso. - Lo sé – hice una mueca. – Está bien. - ¿No estás molesta? – acarició mi mejilla, me

