AGNES El chico con el que he chocado es alto, demasiado alto. Alzo mi mentón preparándome para pedir disculpas y unos enormes y hermosos ojos grises escondidos tras unos lentes de montura oscura, me observan sin parpadear. —Lo siento —decimos al mismo tiempo. El líquido no me ha salpicado ni un poco, pero ha dañado el atuendo del chico. No solo su camiseta está estropeada, sino que sus jeans apretados también recibieron un poco de ese baño. Él frunce los labios y yo suelto un suspiro rodando los ojos. Sigo apestando, maldita sea. Nos observamos a los ojos por unos escasos segundos. —De verdad lo siento. —Está bien, creo que ha sido mi culpa. —No, en serio, déjame ayudarte con eso. —No pasa nada. —No es cierto, mírate, te he arruinado la noche con esa mancha. —No es ta

