AGNES El camino se me hace un poco tedioso y aburrido en tanto el auto se acerca al campus. Observo de reojo a mi padre, quien me hace compañía en los asientos traseros. Uno de los hombres de seguridad hace de chofer y no tengo más remedio que mirar por mi lado de la ventanilla, memorizando calles, plazas y otros sitios cercanos a esta ciudad. Hace un tiempo que finalicé mi preparación educativa con una institutriz en la casa donde mi padre me tenía encerrada, después de varios meses de esfuerzos, mentiras y algo de diversión a puertas cerradas con mi querida y sexy carcelera. Para mi asombro —tal como prometió—, mi padre me ayudó a encontrar una universidad decente para estudiar comercio internacional y por eso estamos aquí ahora, mudándonos al norte del país. Y digo mudándonos porqu

