Capítulo 4

1742 Palabras
Logan tenía todo casi organizado para realizar el s*******o, a decir verdad, aún no sabía qué hacer con ella, lo único que quería era secuestrarla para ver cómo se derrumba el imperio Murak y con el, su padre y asesino Osman Murak. Era consciente de lo que iba a hacer, no en vano llevaba casi un mes siguiéndola, vigilándola, controlando todos sus pasos y los de sus matones. No en vano sabia hasta como le gustaba el café, que prefería la comida chatarra a una buena comida, que se volvía loca con un verdadero desayuno americano, que solo tenía esos amigos de la universidad, que, por lo visto, no tenía novio, que el tal Jan no desaprovecha ninguna oportunidad para enamorarla a lo que ella no le daba importancia. Nunca había visto un hombre cerca de ella a excepción de los guardaespaldas.   Su vida, sus rutinas, sus comidas y hasta su sombra se la aprendió de memoria, solo faltaba el momento adecuado y estaba seguro de que será ese día. Ese día empezará la cuenta atrás para que el todopoderoso Osman Murak se derrumbe y empiece a caer la primera piedra de su imperio, un imperio hecho a base de muertes, de sangre, de traiciones y de vejaciones. —No me digas que estás arrepentido —Marcelo entró al salón con dos botellines de cervezas y le tendió uno. —Sabes que no hermano, quiero ver a ese hijo de puta caer y empezaré por lo que más quiere. — ¿A qué hora es el dichoso cumpleaños de ese hijo de puta? —preguntó Marcelo, porque ese día cumplía años el señor Osman Murak y le harán una celebración por todo lo alto en uno de los salones más caros de Manhattan, donde solo podía asistir la crème de la crème de la sociedad neoyorquina. —Los invitados empezarán a llegar a las diez, pero imagino que ellos serán los últimos en llegar, por eso de hacer notar su presencia —contesta Logan con sátira —. Nosotros estaremos en el lugar que hemos acordados esperando el momento adecuado, recuerda de usar la máscara, aunque esté esperando en la furgoneta te pueden reconocer. —Ya lo sé, ¡vaya nombrecito que le has puesto a la furgo!  “Krusty katering” no me puedo creer que esté conduciendo una furgoneta con ese nombre. —Marcelo, mientras menos llamemos la atención mejor, fue el único que se me ocurrió. —se justificó Logan callando que el nombre lo buscó en internet. —Pues si me hubiese preguntado te habría dado un montón de ideas como: … —Marcelo se quedó con la boca abierta, no emitió ningun sonido. — ¡A ver listo, empieza con tu repertorio! y que no sea otra puta silla de ruedas, ya con una es suficiente. —La verdad es que no me sale ningún puto nombre, pero no pienso llevar a nadie sobre mi hombro, ya estoy viejo para eso menesteres, para eso está la silla de ruedas. —Entonces, aclarado lo del nombre y… lo de la silla continuemos con el plan —Pidió Logan. ******   Amelia estaba terminando de darse los últimos retoques, esa noche iba de largo, la ocasión merecía la pena, no todos los días se cumplían sesenta años, era la edad de su padre, esperaba poder seguir celebrando su cumpleaños por muchos años más. Aun con todos los defectos que tenía, era su padre, el único que tenía, su única familia. La verdad es que no sabía que sería de ella si le faltase, siempre había sido su referente, la persona que más la ha querido, que más la ha cuidado, incluso mucho más que su madre, que un día la abandonó y se fue sin mirar atrás.   Esa noche pensaba pasar página y dejar atrás todas las desavenencias que había tenido con su padre, esa noche quería ser la hija que él siempre había deseado, quería que él se diera cuenta de que ella siempre estará de su lado, que las veces que habían discutido fue porque tenían el mismo carácter y … —Amelia… —Llamo su padre, para en seguida abrir la puerta de su habitación, entró y se queda mirándola embobado —.¡Hija! ¡Estás hermosa! —exclamó mirándola asombrado. — ¡Gracias, papá! tú también estás muy guapo, creo que esta noche me voy a poner celosa… —Yo solo tengo ojos para mi niña, desde que tu madre nos dejó sabes que nunca ha habido nadie más, hasta eso me quitó, se fue llevándose mis ilusiones —emitió cambiando el semblante. —Ya no pienses en ello papá, nos tenemos los dos y esta noche es para celebrar la vida, tu vida, así que no se vale la nostalgia. —Entonces me voy, me están esperando abajo, ¿vienes con nosotros? —preguntó con cara de esperanza —. Mira que no quiero estar… —No lo estás papá, nunca estarás solo, porque siempre estaremos juntos —interrumpió la frase que se quedó en los labios de su padre llevando un dedo a su boca para callar las palabras que pugnaban por salir —. Ve, yo estaré en unos minutos, pero el anfitrión debe estar antes para que los invitados lo feliciten y le hagan entrega de sus regalos. —Mi mejor regalo eres tú, no quiero nada más. —A mí ya me tienes papá, para siempre—Osman Murak dio un beso en la frente a su hija, para luego salir de la habitación y bajar la escalera, donde le esperaba un séquito de personas para acompañarlo a la dichosa fiesta, mientras pensaba en sus sesenta años. En realidad, solo tenía la mitad viviendo, porque la otra mitad no fue vida, fue mal vivir, pero todo eso le sirvió para sobrevivir cuando tuvo que salir de su querida Turquía. Nadie sabía lo que había sido capaz de hacer para ganarse un sitio en la sociedad. Todos sabemos lo difícil que es para una persona extranjera que llega con una mano delante y otra detrás ganarse un espacio en un país ajeno, con una cultura totalmente diferente, y él lo había hecho, el cómo no importa, solo importaba que su hija nunca se entere de nada, porque era la única cara en el mundo que quería que lo siguiera mirando como lo había hecho siempre; con amor, con devoción, con orgullo y respeto. —Osman, ¡venga, los invitados al sarao deben estar como locos esperando al cumpleañero! —pidió Aznar, un socio con el que tenía algunos negocios. —Las cosas buenas se hacen esperar —respondió Osman. Esa noche tenía intención de pasarla bien, con sus amigos, sus trabajadores y su hija, no todos los días se cumplían sesenta como un roble y eso también merecía una celebración.   ******   Logan y Marcelo estaban dando vueltas por los alrededores donde se estaba celebrando la fiesta, habían observado que hacía poco había llegado el agasajado Osman Murak y como Logan pensaba, sin su hija. Como se había dado cuenta a ella le gustaba conducir y esa noche no sería la excepción para llegar en su flamante Maserati último modelo recién comprado por su padre.   Después de dar vueltas por los alrededores se aparcaron en un lugar apartado, Logan se bajó de la furgoneta, Marcelo se quedó delante del volante con ella encendida, mientras se preguntaba, ¿qué cojones estaba haciendo? esto de s********r personas no era lo suyo, lo suyo era atracar, robar para sobrevivir, o bueno… era, porque la cárcel lo había cambiado, le enseñaron que había otras maneras de vivir aparte de robar, pero  estaba haciendo algo peor, estaba a punto de cometer un s*******o y eso sí que era grave, pero por su hermano lo que fuera, la familia estaba para ayudarse y él no será menos. Además, que no es que estuviera secuestrando por dinero, sino por una causa justa. Mientras Logan estaba escondido en el parking esperando, vio salir a una chica joven y guapa de tez morena y pelo rizado que sacó un pañuelo de su pequeño bolso de mano para secarse  las lágrimas, al parecer estaba llorando, eso no se lo esperaba, si la chica no se iba le arruinará el plan, pero su sorpresa fue mayor cuando vio salir detrás  al mismísimo Osman Murak  sin matones que lo acompañaran, estaba totalmente solo. En otros tiempos hubiera pensado en no desaprovechar esa oportunidad, pero la vida y la cárcel le ha enseñado todo lo contrario. —Ven, volvamos dentro y compórtate como lo que eres querida, no me hagas pensar que me he equivocado y he infravalorado tu inteligencia —propuso Osman a la chica de la que todavía Logan no sabía el nombre. —Hace tiempo que te estoy pidiendo mi lugar Osman, llevamos mucho tiempo juntos y nunca me lo has dado y todo porque a tu hija no se le caiga la imagen que tiene de ti, para ella eres Dios, pero los que te conocemos sabemos que no sabes ni siquiera rezar, que todos somos unos putos peones a tu lado, que… —Querida… si quieres seguir recibiendo mis atenciones y mi dinero para comprarte todos esos “caprichitos” que te hacen ver como una mujer sofisticada y no como la arrabalera que saqué de los suburbios de Estambul es mejor que te comas tus pensamientos y regresemos a mi fiesta, mi hija está por llegar y… como bien dices tú… no quiero que me vea contigo y se le caiga la imagen que tiene de mí. —Osman… suéltame —pidió la chica,  la tenía cogida por el costado —. Me estás haciendo daño. —Y más te voy a hacer Elma, si se te mete en la cabeza cambiar la situación y no solo a ti querida, recuerda quien provee de todo a tu familia, quizás no sepa rezar, pero para controlar el mundo no lo necesito. La pareja volvió a la fiesta, pero Logan se quedó sin habla, sin movimiento, después de escuchar la conversación de su acérrimo enemigo y la tal Elma  llegó a la conclusión de que eran amantes y que él la tenía en sus manos, como tenía a todo el mundo, pero también había podido comprobar que Osman Murak no era un enemigo cualquiera, que con ese hombre tiene que aprender a jugar y hacerlo bien, porque de lo contrario perderá.    
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