Destinados para siempre

1979 Palabras

ISABELLA Irlanda había empezado a roncar hacía una hora, estaba profundamente dormida. Eché un vistazo a mi pierna izquierda vendada, que me dolía muchísimo, ya que los analgésicos no me hacían efecto. Daba vueltas en la cama, el sudor me resbalaba por la frente, pero el dolor no desaparecía. Tenía miedo de sufrir una sobredosis de analgésicos, ya que había tomado muchos, o al menos los que me había recomendado el médico del campamento. Sentí otro dolor agudo en la pierna izquierda debido a la plata que Valentina había puesto en sus tacones altos. Había tomado el antídoto contra la plata. Si no lo hubiera tomado, mi herida no habría podido curarse, pero eso no significa que no me duela. —No puedo curarnos—. Mi loba interior me habla con voz suave. —Lo sé—, le respondo mentalmente.

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