ISABELLA
—¿Qué te hizo?—, preguntó Irlanda, que estaba tumbada en mi cama comiendo una bolsa de palomitas.
—Me rompió la pierna y me echó sangre por encima—, respondí, y solo de pensarlo me estremecí.
—Pero la estrangulé porque me había destrozado la pierna—, añadí, cogiendo unas palomitas de la bolsa.
Irlanda sonrió por un instante.
—Se lo merece, te ha acosado durante los últimos tres años.
Mi mejor amiga volvió a mirar la televisión, ya que estábamos viendo otro episodio de la serie de lobos que mas nos gustaba.
—¡Quiero dar las gracias a mi mejor amigo, Alaric Vega!—. Miré por la ventana debido al ruido que había en el patio trasero.
Era sábado por la noche y Alaric había invitado a unos amigos a casa.
Estaba oscuro dentro de mi habitación cuando miré por la ventana al concurrido patio trasero, donde había un pequeño grupo de personas charlando y bebiendo en el patio.
Alaric había reunido a sus amigos más cercanos y a los miembros de la manada, como el futuro beta, el futuro médico de la manada y algunos otros miembros.
Estaban celebrando una pequeña fiesta porque Alaric los había invitado, ya que nuestros padres no estaban.
—¡Salud!—. El futuro beta y el mejor amigo de Alaric grita con una copa en la mano.
—Vas a emborracharte primero, Peter—, le comenta una chica al futuro beta, que se llama Peter.
Eché un vistazo a mi hermanastro, que se lo está pasando muy bien con sus amigos, y mi mirada se detuvo demasiado tiempo en él.
El cabello oscuro de Alaric está ligeramente revuelto, rizado justo por encima de las orejas, de una forma que parece natural.
Su piel olivácea parecía brillar a la suave luz de las velas, ya que había velas sobre la mesa. Sus ojos oscuros eran profundos, intensos y misteriosos, llenos de una intensidad que hacía difícil apartar la mirada.
Llevaba una camisa negra ajustada que se ceñía a sus anchos hombros, resaltando su complexión atlética. La tela oscura se estiraba ligeramente sobre su pecho cada vez que se movía en la silla, un sutil recordatorio de su fuerza.
Alaric está claramente bien entrenado, ya que ha entrenado junto a los guerreros de la manada desde que tenía diez años.
No puedo evitar fijarme también en el tatuaje de su antebrazo, algo escrito en italiano, la lengua materna de su madre.
—Mate—. Mi loba interior dice dentro de mi cabeza, es como si quisiera acurrucarse en el regazo de Alaric y quedarse allí para siempre.
También veo que una de las chicas no ha dejado de mirarlo como si fuera un caramelo, y no tengo ni idea de si se ha acostado con ella.
De repente, siento una chispa de electricidad, un recordatorio de que Alaric y yo somos mates.
De la nada, Alaric miró hacia mi ventana como si también sintiera la chispa recorriendo nuestros cuerpos.
Inmediatamente aparté la cabeza y me giré hacia un lado de la cama para que no me viera.
Rayos, casi me pilla.
—¿Estás bien?—, me pregunta mi mejor amiga, que estaba concentrada en la televisión, pero mi extraño comportamiento la alerta.
Irlanda mira por la ventana, donde Alaric se divierte con sus amigos, pero la agarro por el hombro porque no quiero que Alaric la vea a ella ni a mí.
—¿Qué te pasa?—, Irlanda se aleja de mí, pero no vuelve a mirar por la ventana.
Respiro hondo y le cuento la verdad a mi mejor amiga:
—He encontrado a mi pareja.
Irlanda casi se atraganta con las palomitas antes de dar un sorbo a la Coca-Cola, ya que mis palabras la han sorprendido.
—¿En serio? ¿Cuándo la has encontrado?—, pregunta Irlanda después de terminar de beber su Coca-Cola.
Estamos tumbadas en la cama, ya que no puedo hacer mucho con la pierna rota.
—Hace dos días.
—Pero tú estabas en mi casa hace dos días, ¿incluso te quedaste a dormir?—. Entrecerró los ojos, ya que estaba confundida.
—No me digas que es alguien de mi familia...—, dice, casi atragantándose, pero le doy un golpe en el hombro.
—No lo es—. La tranquilizo.
—Dime quién es tu pareja—, me insta Irlanda a decir la verdad.
Vuelvo a mirar por la ventana, fijándome en Alaric Vega desde la distancia.
—¿Prometes no juzgarme?
—No te juzgaré, pero si tu pareja es el conserje, entonces sí te juzgaré—. Bromea, pero su mirada sigue la mía.
Las dos miramos por la ventana.
—¡Qué asco! ¿No me digas que Peter es tu pareja? El futuro beta que es el mayor puter0 del planeta.
Le pongo los ojos en blanco.
—No lo es, o de lo contrario estaría huyendo, ya que Peter me guarda rencor.
El futuro beta, Peter, me odia porque es el hermano mayor de Valentina.
—¿Quién es tu pareja? ¿El futuro médico de la manada?—, sigue preguntando Irlanda. Sé que ni se le ocurriría pensar en la posibilidad de que Alaric y yo seamos pareja.
—Tampoco es él—, le dije.
Irlanda miró fijamente por la ventana al grupo de amigos que estaban bebiendo y relajándose en el patio.
—No puede ser tu hermanastro, Alaric. No eres pariente suyo y él te ignora como si fueras la peste...—, murmuró Irlanda, pensativa.
No respondí, y el silencio entre nosotras se hizo cada vez más grande, hasta que ella lentamente miró hacia mí con los ojos muy abiertos y la boca abierta.
—Él es tu...—. Apenas podía articular palabra.
—¿Cómo es eso posible?—, balbuceó Irlanda, sorprendida, mirando alternativamente a Alaric y a mí.
—Eres la primera persona a la que le he contado que Alaric es mi pareja, y no puedes decírselo a nadie, porque se armaría un buen lío—, le dije, sintiéndome aliviada por habérselo contado a mi mejor amiga.
—¿Por qué no?—, preguntó después de recuperar la compostura.
—Somos hermanastros... . Su padre y mi madre están casados. Es muy raro que seamos mates, pero no es nada que yo pueda cambiar, y estoy bastante segura de que él me rechazaría como mate—, le expresé mis pesados sentimientos.
—¿Por qué iba a ser raro? No es como si Alaric te considerara una hermana pequeña. Siento decirlo, pero ni siquiera se fija en ti, j0der, ni siquiera has estado en su habitación ni en ninguna de sus fiestas de cumpleaños. ¿Han hablado alguna vez?
—Solo nos hemos saludado porque nuestros padres se casaron justo cuando él se graduó en el instituto y se mudó a su propia casa cerca de la universidad. Ni siquiera asistió a la ceremonia ni al banquete porque se oponía totalmente al matrimonio—, le expliqué.
—J0der, prácticamente no tienes relación con él, pero es tu mate...—, dice Irlanda, a quien no parece importarle la idea de que Alaric y yo seamos mates.
—¿Lo sabe?—, preguntó sobre si Alaric sabía que éramos mates.
—No lo sabe, pero pronto lo descubrirá porque ha captado mi olor desde que lo oí hablar de ello con su padre.
—¿Es tonto o qué? ¿Por qué no sabe que eres tú? Viven juntos—. Irlanda se burló ante esa idea.
—Escucha... En realidad, nunca hemos vivido juntos, ya que él se mudó cuando mi madre y yo nos mudamos. Siempre hemos mantenido la distancia. Nunca ha estado en mi habitación ni siquiera cerca de la zona de mi habitación en la primera planta. Lo más cerca que he estado de él es a unos 20 metros.
—¿Y las cenas familiares, cómo funcionan? Estuvo en tu fiesta de cumpleaños...
—Nunca asiste a las cenas familiares, y solo estuvo en mi fiesta de cumpleaños porque su padre le obligó a estar allí.
—Qué cruel por su parte... Pero todos tenemos problemas en la vida—. Irlanda se encogió de hombros, cogió unas palomitas y se las comió.
—Pero espera, ¿no deberías saber desde hace semanas que Alaric es tu pareja? Tu cumpleaños fue hace dos semanas.
—Sí, sobre eso... Mi cumpleaños es en realidad el 2 de octubre—. Me pasé la mano por mi cabello rubio, ya que estaba un poco nerviosa.
—¿En serio? ¡Deberíamos celebrarlo!—. Me da una palmada en el hombro, ya que sabe que soy adoptada.
—Pero, ¿se lo dirás a Alaric...?— Irlanda pensó profundamente en mi situación.
—Tengo miedo, ¿vale? Él está en contra de la idea de las parejas, j0der, deberías haber visto la pelea que se lió entre él y su padre porque Alaric decía que su pareja no significaría nada para él, que preferiría morir antes que tener una pareja—. Mi voz era débil, ya que sus palabras me dolían.
—¿Y si me rechaza delante de todos los miembros de la manada? Me aterroriza el rechazo—. Me quedé mirando el techo blanco, ya que pensar en Alaric me hacía llorar.
—¿Por eso evitas ir a la casa de la manada, porque Alaric pasa mucho tiempo allí?—, preguntó, dándome un ligero apretón en el hombro.
Mencionó la casa de la manada, que está fuera de la ciudad, en lo profundo del bosque. Es una enorme villa con capacidad para cientos de miembros de la manada, y alrededor de la casa hay cabañas para otros miembros.
—No quiero poner un pie allí. Sé que Alaric se enfadaría si estuviera por la casa de la manada—, susurré, porque si alzaba la voz, rompería a llorar.
Irlanda quería decir algo más, pero la interrumpí, ya que este tema me resultaba difícil.
—¿Podemos irnos a dormir? Podemos hablar de esto mañana u otro día—. digo, tirando de las sábanas para cubrirme.
—Sí, claro—. Irlanda guarda la bolsa de palomitas, apaga la televisión y se va a dormir.
Me acuesto, cierro los ojos y, antes de dormirme, rezo a la diosa de la luna.
“diosa de la luna, por favor, dame valor y fuerza para decirle a Alaric que soy su mate”