Drai espantó la mosca imaginaria que se detenía frente a su cara cuando quería dibujar en la ya muy rayada pared de su celda.
Lo habían encerrado en el foso de la isla, un hueco con una letrina y que estaba expuesto constantemente a la lluvia y el sol, porque los famosos amigos del director de Gorgona terminaron protegiéndolo de los ataques que Rodríguez y sus aliados le hacían.
El primer mes no hubo problemas graves, pero en el segundo cuando se percataron que Kalule le llevaba comida y agua, colocaron una tapa de concreto que oscureció el lugar, llegando un rayo de luz en los días y en las noches sumergiéndolo en la total oscuridad, al menos sabía que no lo sellarían por completo porque lo necesitaban con vida, por lo menos hasta que se diera el juicio definitivo. No obstante, utilizaron el tiempo para quebrar su psiquis, tras diez días de golpeteos en la pared, vio como le ponían lo que parecía ser un respiradero, esa fue la señal de que ya la luz del día no lo acompañaría más.
Desde ese instante respiraba el enrarecido olor de la humedad, junto con el hedor del agua de mar propio de la letrina donde hacía sus necesidades. Dos o tres veces en ese largo tiempo de soledad que separaba por las visitas que le hacían para ver si aún seguía vivo, tenía la posibilidad de recibir una ración de comida que debía ser los sobrantes de los demás reclusos. Sin embargo, lo peor era la lámpara encendida que no tenía hora de apagarse, comprendía que llevaba mucho encerrado, no sabía era cuánto.
Incomunicado, olvidado del mundo y seguro de que su mente confundía la realidad con las fantasías, Drai Bosé se preguntaba por su esposa, por su hijo, por sus padres, aunque en medio de la locura en que Rodríguez lo sumió, se cuestionaba por el verdadero culpable de que se encontrase allí.
Enrik Olar era un estúpido, lo odiaba desde que lo conoció en el colegio, empero, algo le decía que él era la punta del iceberg, había más de fondo, sin duda el ojiverde era un títere de alguien. Se rió de él mismo, porque seguía disculpándolo cuando era claro que ese tipo era el único responsable de su sufrimiento, valiente forma de cumplirle la puta promesa que le hizo.
Se tiró al colchón que tenía por cama sobre esa base de cemento que, al menos, le daba algo de descanso en el agujero donde se encontraba.
Drai pensaba que estaba más cerca del mar de lo que creía, a veces deseaba dejarse llevar por el sonido de lo que había detrás de la reja que con el tiempo se percató estaba escondida tras la mesa donde depositaban su comida. Al principio creyó que era solo una compuerta que se abría cada que se acordaban de él, luego sintió el frío y movió el armazón de madera encontrando un tablón enmohecido que cubría la rejilla, era su posible salida de ahí, o quizás la forma como buscaban hundirlo para siempre en ese lugar, por eso la volvió a cubrir y nunca más trató de tocarla, no se equivocó cuando en una de las requisas los guardias se dieron cuenta que además de la mesa, había otros trastes de los que se encontraban en ese foso, colocados taponando la vía de escape, el insulto que salió de la boca de los Agentes le produjo risa, acaso ¿lo creían tan idiota?.
Decidió continuar con el dibujo, un niño de largo cabello rubio y ojos grises como los suyos, una alucinación que le ayudaba a seguir con vida y luchar por salir de allí. Sin embargo, se le hacía tan difícil sostenerse, en esos instantes era cuando más extrañaba a los Mercenarios, Semoi junto con los otros tres tipos le habían hecho la vida amena con historias de sus antiguos trabajos, de cómo conocieron a Rodríguez, y sobre todo, le daban animo para seguir luchando. Quién creería que precisamente quienes debían ser sus verdugos, lo defenderían dos veces del maldito director de Gorgona y sus secuaces, lástima que en la segunda vez los resultados determinaron que estuviese allí encerrado.
Drai era consciente que de haber podido los Mercenarios lo habrían sacado del foso, pero algo se los impedía. Los podía escuchar cuando ingresaban el agua y la comida, o verificaban que estuviese vivo; sonreía cuando confirmaba que la amistad que los hombres le ofrecieron era sincera, eso y tener la esperanza que su familia lo esperaba, era suficiente para mantenerlo con la ilusión de salir de allí, esperaba que pronto, porque todo tiene un límite y era consciente que el suyo estaba por ser alcanzado.
Se recostó en la pared y cerró los ojos obligándose a dormir, a tener un instante de abandono con sus pesadillas...
Enrik abrazó a su padre Jonathan, a pesar de la herida en el brazo, el comandante había salido prácticamente ileso del la redada, él estaba en la casa que servía de guarida a Terrera, y ahora buscaban a los que mantenían vigilada la mercancía y el dinero.
Por el tiempo que colaboró con la investigación, sabía que la bodega se encontraba en la casa de los Bosé, no se veía ninguna construcción, y era de dominio público que Leone no permitía que el bosque que rodeaba la mansión fuese tocado, la comunidad lo había declarado reserva natural de cuidado civil, así que debía estar oculta con algo que ya existiese o bajo tierra.
No podía acompañar a su padre, así que Enrik le dio las indicaciones para llegar al Mausoleo, pudo conocer la ruta la noche que hicieron la fiesta de despedida, para suerte de él, Bosé ofreció la casa para no tener que pagar e invertir en otras cosas que si se necesitaban. De esa manera para Jonathan Olar fue fácil encontrar la entrada al lugar, al final de la cripta familiar, una escalera que daba a un sótano lleno de cajas que tan pronto se destaparon les mostró que el operativo se podía declarar un éxito.
Cuando sacaron a los que allí se hallaban, junto a los cinco adultos salieron Drai, Thomas que recibió un disparo y sangraba profusamente, y a otro que Enrik no pudo reconocer porque lo cubría una manta blanca indicando que estaba muerto.
El menor de los Olar siguió a su padre en silencio, minutos más tarde el paramédico de la ambulancia determinaba el fallecimiento del herido, en la patrulla introducían a los sobrevivientes, y a los dueños de casa les pedían dar sus declaraciones, antes de decidir donde serían retenidos.
Enrik decidió esperar por Jonathan fuera de la casa, se sentó en el pequeño gazebo que estaba en el límite interior del bosque, le hacía extraño no ver a Bernard, tenía entendido que era otro de los chicos que trabajaba con Terrera en el microtráfico, de repente la voz de sus amigos y novia le hizo girar para saludarlos, al preguntar por su presencia en el lugar, le comentaron que buscaban a Jullien, el segundo de los hermanos Wilson y pareja de Thomas, el azabache negó haberlo visto, pero si confirmó la muerte de Nereida, el malestar en Rafael lo sintió sincero, diferente a la expresión de Gaby y Camila que no supo describir.
Continuaron la conversación, hasta que la llamada de los señores Wilson les interrumpió, debían ir a reconocer dos cuerpos, uno en la Morgue y el otro en el hospital, definieron quien iría a cuál, y se despidieron. Al dirigirse a la mansión, Drai que salía, los saludó preguntando por Olar.
Camila y Rafael le indicaron donde hallarlo, Gabriela odió que el “oxigenado” la ignorara —como siempre— para ir donde permanecía Enrik.
Olar procuró sonreír ante la presencia del platinado que le pidió fuesen a sentarse en el gazebo, las palabras de agradecimiento por lo que Jonathan y él hicieron por su familia provocaron vergüenza en el joven azabache que pidió disculpas por tenerlo vigilado durante esos dos años.
—Y yo que pensaba que querías ligarme —la frase dicha con sarcasmo sacó una sonrisa en ambos y distensionó el ambiente—. La verdad Enrik es que fueron años nada agradables para nosotros, estaríamos muertos de no ser por el dinero que tiene mi padre.
Olar asintió no tenía más que hacer, podía decir tantas cosas y las palabras parecían no salirle, Drai se veía tranquilo, sin embargo, llevaba tanto tiempo pendiente del ojigris que sabía que en su interior tenía miedo de lo que sucediera tras la redada.
—Prométeme que los ayudaras, que si algo sale mal, contaras lo que sabes y no permitirás que mis padres vayan a la cárcel, ellos no merecen estar allí.
—Y tu ¿sí? —la pregunta la respondió Bosé con las lágrimas que se deslizaban por sus mejillas. Enrik las limpió con cuidado, acercándolo hacía él hasta tocar su frente con la propia—. Eres tan importante como ellos, yo estaré a tu lado, tenlo por seguro, es una promesa.
—Es mejor no prometer lo que no sabes si puedes cumplir, sin embargo, te creeré Olar.
El silencio se hizo incómodo en esos instantes, cada uno vivió la realidad de Terrera desde un escenario diferente, cometieron errores, pero sobrevivieron; por eso cuando Olar acarició el rostro de Drai, supo que lo pasado en la fiesta de despedida fue correcto. Eran años de perseguirlo, de jugar al gato y al ratón, de ofenderlo para tratar de obtener su atención, si antes él era un obsesión ahora era una constante que no quería sacar de su vida.
—Le diré a mi padre para que no pierdan nada de lo que les corresponde por derecho propio—. Drai entreabrió su boca para quejarse, momento que aprovechó Enrik para deslizar pulgar sobre los labios que deseaba probar—. No quiero perderte, no a ti.
Con la mayor fuerza de voluntad que pudo, Bosé retiró la mano de Olar.
—Tienes una novia que llevas amando hace años, me lo has gritado tantas veces —el ojigris se levantó mirando hacia la casa—. Eres el hijo del Comandante del Grupo Élite, eres un joven con un futuro brillante y ya definido, yo no encajo allí, quizás si todo fuera diferente... gracias por aceptarme.
Bosé se alejó para ir con sus padres, se cruzó con Rafael y Jilguero despidiéndose, cuando llegó al interior de la mansión se encontró con Gabriela Wilson apuntándole y a sus padres con esposas, los oficiales no dieron tiempo de nada, en medio de los gritos de la novia de Olar, pudo entender que los acusaba de muchas cosas, pero no comprendía si a él o a sus padres, Jonathan Olar dio la orden de llevarlos a la Fiscalía, Leone le reclamó por el trato que habían hecho, muy a su pesar el Comandante tuvo que reabrir el caso, ya que eran nuevos cargos y debían comprobarlos.
Cecilia llamó a su esposo, una simple mirada bastó para que Leone y Drai comprendieran que no era el momento de luchar, con la cabeza en alto, con ese signo de grandeza que los caracterizaba, los Bosé salieron de su casa sin mostrar emoción alguna, nunca los verían derrotados, no obstante, el menor de los Bosé cuando pasó al lado de Gabriela pudo escuchar con claridad su amenaza, los iba a hundir en prisión hasta verlos muertos.
Drai sonrió por el recuerdo, él para el mundo estaba muerto, si alguna vez volvía al Tribunal igual le darían cadena perpetua por la muerte de Zanzíbar, entonces ¿Qué diferencia había entre morir ahora o en algunos meses?
Ojalá sus amigos lograrán dar con el paradero de Lorien, de no hacerlo, rogaba a Dios que quien lo tuviera cuidara de él. El platinado sintió su cuerpo más agotado que de costumbre, se despidió de sus padres, de Alexandra y de un amor imposible, dejándose llevar por completo de la inconsciencia.
Enrik Olar se despertó por el fuerte dolor en su pecho, el llanto de Niesa y Lorien en su cabeza le indicó que algo no andaba bien. Recogió con rapidez su ropa para vestirse, cuando salió de la habitación encontró a la mujer con quien había pasado la noche, una modelo que sería la imagen de la próxima campaña de ropa de Nule Corporation, se despidió diciendo que pronto su secretaria se comunicaría, al estar en el pasillo del edificio llamó a la niñera de sus hijos.
Media hora demoró en llegar a la casa, la institutriz estaba preocupada, los niños no paraban de llorar desde la madrugada, llamó al pediatra, pero nada lograba calmarlos, hasta que llegó Rafael, que ahora se encontraba con ellos en la habitación.
Al ingresar agradeció a su amigo, que en ese instante dejaba a Niesa en la cuna que ocupaba el pequeño Eris, el pediatra dio un reporte rápido del estado de salud de los niños, estaban bien, no había ningún problema físico, así que recomendaba unos exámenes más profundos, según él podía ser algo que un mero reconocimiento no detectaría.
Enrik solicitó una cita para esa misma tarde de ser posible, el médico enviaría los datos por mensaje, se despidió y salió del lugar.
—No encontrarás nada, Lorien sintió el dolor de perder a su padre —el tono en la voz de Rafael no le gustó para nada a Olar—. Ya se le está cayendo la henna o el colorante que le echas en su rubio cabello, te aseguró que verlo de manera natural es tener a Drai al frente.
—¿Qué quieres? —cuestionó el ojiverde a la defensiva, quería saber desde cuando su amigo conocía la verdad—. Me imagino que Camila no se aguantó y te contó una versión retorcida de las razones del porque lo tengo conmigo.
—Tu amante no dijo nada, bueno directamente —los ojos azules de Rafael se clavaron en los verdes de Olar que trató de negar la afirmación—. Hace meses los vi, tu y mi esposa, en mi casa, a medio vestir, ella reclamándote porque no dejabas a Gabriela, estaban tan ocupados que ni siquiera notaron mi presencia.
—Hermano yo... —intentó justificarse Enrik.
—Guarda tus palabras Olar —Rafael quería decirle tantas cosas, pero no valía la pena—. Camila intentó matar al feto en su vientre cuando se enteró que no era tuyo, esto permitió que ganara la custodia y patria potestad, ella no tiene ningún derecho sobre el bebé, y con su actuación, también me dio las pruebas para anular el matrimonio.
Enrik no tenía ni idea de eso, después de la discusión de esa tarde en el apartamento de sus amigos, terminó cualquier amancebamiento con Jilguero, continuaban trabajando juntos en cuestiones relacionadas con la empresa, cuando viajó a Nueva York para cerrar el contrato con una comercializadora recuerda que Gabriela le comentó algo de que la castaña acababa de salir del hospital y por eso se mudaría con ellos, más no le dio importancia, igual él casi no permanecía ahí, y la habitación que ocupaba junto a la de sus hijos, se ubicaba en un ala de la casa opuesta a donde estarían las dos mujeres.
—¿Qué pasó con Drai? Si le dices a sus abogados de Lorien te juro que no me importa...
—Llegué por una simple casualidad, venía a informarte que la audiencia, si quieres ir, será en una semana —Rafael se acercó a Enrik arqueando una de sus cejas al sentir el aroma a sexo y perfume barato, trabajar en una empresa dedicada a la moda, implicaba saber que productos eran de calidad—. Lorien de alguna manera percibió la perdida de quien le dio la vida, y Niesa protegió a su supuesto hermano por el lazo que han formado.
Rafael buscó dentro de su saco un sobre entregándoselo a Olar, que lo miró buscando una explicación de lo que era ese documento, la tristeza que le embargaba apresuró la respuesta que no quería pronunciar.
—Drai Leone Bosé Nule está muriendo en Santa Bárbara.
—¡Mientes! Él está en Gorgona, pronto será su nuevo juicio.
—Si es que sobrevive.
Esas palabras hirieron a Olar, abrió el documento encontrándose con el informe de Hernán Rodríguez acerca el estado de salud de Bosé, junto con este encontró dos fotografías, que dejó caer sin saber que decir.
—Pudiste salvarlo hace tres años, y no te dio la gana —le restregó Rafael que quería verlo sufrir, eso le comprobaba la hipótesis que durante años manejó—, esperó que no te niegues a ir a su entierro, que por lo menos en la tumba tenga la certeza que su hijo lo conoció.
El estupor se convirtió en ira, el sarcasmo de Wilson le hizo recobrar la máscara de desinterés que llevaba desde que Junior murió.
—No regreses, tienes prohibida la entrada a mis propiedades, pondré una orden de alejamiento de ser necesario.
—¿Me prohíbes ver a Niesa y Eris? —la carcajada irónica del castaño no amedrentó a Enrik que reafirmó su advertencia obteniendo una respuesta que aceptó a regañadientes—. No seas ridículo, o ¿te recuerdo quién los arrullaba, mientras tu estabas con una de las tantas mujeres con que te acuestas? —Rafael supo que ganó la discusión, se acomodó la chaqueta del traje para despedirse con la ironía que caracterizaba a Drai y sus amigos—. Hasta pronto Olardiota, y ruega que Bosé fallezca, es un consejo por tu bien "hermano".
Enrik lo vio salir a sabiendas que su amistad había terminado, la cagó el día que se metió con Camila, todavía se justificaba diciendo que fue porque ella le dio el consuelo que necesitaba tras la muerte de Jonathan, pero con los días supo que la castaña fue la puerta para reconocer que algo faltaba en su vida. No obstante, lo que más odió fue darse cuenta que Rafael no desaprovechó el tiempo, Drai era el único que le decía así, y por lo visto, su “amigo” nunca dejó de estar pendiente de lo que le pasaba.
En ese instante quería darse contra una pared, pero pudo más la venganza que la posibilidad de comprobar si lo que Maxwell le dijo en el entierro de su primogénito era verdad.
Revisó a los niños, seguían descansando, le pidió a la institutriz no separarse de ellos, debía tenerlos listos por si llamaba el pediatra. La mujer asintió, cerrando la puerta tras de él.
En la alcoba, Olar se dirigió directo al baño, se duchó quitándose el olor al perfume de la modelo, una más para olvidar el aroma que parecía habérsele metido bajo la piel desde tiempo atrás, uno que no se le iba con ninguna de sus amantes, uno que jamás encontró en Gabriela. Decidió aprovechar la mañana trabajando desde la casa, así podía sacarse de la mente la imagen de Drai, no asistiría al dichoso juicio, la única forma de hacerlo es que la misma Pearson se lo pidiera, algo imposible porque si era cierto lo que leyó, estaría culpándolo de la desgracia de su amigo.
A mediodía uno de la servidumbre lo llamó a almorzar, confirmó la cita médica de sus hijos, y bajó para encontrar en la mesa a Gabriela, Camila y el abogado Maxwell que le esperaban con las noticias que ya conocía.
—El juicio de Bosé será en una semana, por ahora está en Santa Bárbara hospitalizado bajo reserva.
—¿Pistas sobre Zanzíbar? —cuestionó Olar llevándose un pedazo de carne a la boca, el jurista negó—, un punto a nuestro favor, ya vimos que los testimonios de Rafael y Camila a favor de Bosé no fueron tenidos en cuenta, si no aparece...
—Se le declarará culpable y tú le quitarás definitivamente a Eris haciéndonos de su fortuna —pronunció con una sonrisa de beneplácito Gabriela, cuando mostraba esos chispazos de inteligencia, Olar la admiraba porque le recordaba a la joven que lo enamoró en la preparatoria.
—¿Me enviarás a interceder otra vez por él? —inquirió Jilguero con fastidio, desde que Maxwell le comentó lo que el platinado hizo en el tiempo que Terrera vivió en su casa, deseó hundirlo, pero Enrik se lo había pedido y no pudo negarse.
—No, sin pruebas a su favor será declarado culpable, en ese instante yo mismo me encargaré de darle la estocada final.
—En verdad lo odia señor Olar.
El abogado tenía razón, odiaba a Drai Bosé y se iba a encargar de hacérselo saber antes de que muriera.
—¿Y Rafael? — preguntó Camila.
—Mientras sea la felicidad y la protección de mis hijos, tendrá siempre mi apoyo.
No hubo más preguntas, Jilguero se sintió traicionada, pero si movía bien la fichas había la posibilidad de manipular a Olar, era cuestión de paciencia, ya lo esperó una vez, podía tenerlo de nuevo.