**ANGELA** El sonido de su voz me hizo cerrar los ojos con fuerza. Por un segundo, me sentí de nuevo como la niña que corría a sus brazos tras una pesadilla, buscando el refugio de su perfume caro y su serenidad inquebrantable. Pero el cuerpo me temblaba y el peso de la pistola en mi cinturón me recordaba que esta pesadilla era real. —¿Papá? —mi voz salió pequeña, quebrada, casi un susurro que apenas lograba cruzar la línea telefónica. Hubo un silencio del otro lado. Un silencio demasiado largo, demasiado denso. Podía imaginarlo en su despacho, rodeado de sombras y caoba, sosteniendo el auricular con la misma elegancia con la que sostenía un vaso de whisky tras ordenar una ejecución. —Angela —dijo finalmente. No hubo alivio en su tono, no hubo ese "gracias a Dios que estás viva" que yo

