**ANGELA** Me soltó con un gesto brusco y volvió a poner el coche en marcha. Yo me quedé en silencio, apretando los dientes. Me sentía atrapada entre dos hombres que solo veían en mí una extensión de su poder. Pero mientras Bianco conducía hacia lo desconocido, una resolución empezó a formarse en mi mente. Si él creía que iba a ser una prisionera dócil, estaba muy equivocado. Ya que me consideraban una “inútil”, usaría esa debilidad para que bajaran la guardia. —¡Detén el maldito coche ahora mismo! —grité, golpeando el tablero con toda la rabia que tenía acumulada en el pecho. Ya no me importaba el francotirador, ni las mentiras de mi padre, ni la guerra entre apellidos. Estaba harta de ser el botín de guerra, de pasar de una jaula de mármol a una jaula de acero. —¡Que te detengas, Bia

