**BIANCO** Angela sintió el peso familiar de la Beretta al sacarla del profundo bolsillo de su gabardina. El metal, gélido al tacto y reflejando la luz de la luna en destellos plateados, parecía palpitar con una vida propia. La empuñaba con una mano que, a pesar del aplomo que intentaba proyectar, temblaba ligeramente. El cañón apuntaba directamente a mi pecho, una amenaza silenciosa pero innegable. —Hazlo —le dije, desafiándola con la mirada y sintiendo el latido acelerado de mi corazón—. Presiona el cañón contra mi piel, siente el frío del acero. Dispara, desata la furia que te carcome, libérate del tormento que te persigue. O acepta la verdad, la inescapable realidad de que eres mía, de que estamos irremediablemente unidos por este lazo invisible. Acepta que este fuego, esta pasión qu

