Maldito seas, Bianco

1281 Palabras

**ANGELA** El frío de la montaña se filtraba por las rendijas de la vieja cabaña, pero no era nada comparado con el frío que sentía en el alma. Me habían arrojado aquí como si fuera un animal sarnoso, sin una explicación, sin una palabra. Mis muñecas aún conservaban el color violáceo de sus manos, pero ahora, además del dolor físico, cargaba con el peso de una humillación que no lograba comprender. —¡Por favor, decidme algo! —supliqué al ver que uno de los hombres entraba para dejar una bandeja con pan duro y agua sobre la mesa desvencijada—. ¿Dónde está Bianco? ¿Por qué me trata así? El hombre, un soldado de facciones duras al que antes había visto inclinar la cabeza ante mí, ni siquiera me miró a los ojos. Me lanzó una mirada cargada de un asco tan evidente que me hizo retroceder. —N

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