**ANGELA** Me quedé paralizada, mirando el cuerpo. Había cruzado la línea. La sangre de un hombre manchaba el suelo de la cabaña de mi familia, y la conciencia de que ahora era una asesina se mezcló con la de nuestra hermandad prohibida. Ya no había vuelta atrás. No había redención posible. —¡Angela! —el grito de Bianco desde el piso de arriba me devolvió a la realidad—. ¡Sal de ahí! ¡Corre! Escuché una explosión en el salón principal y el olor a humo empezó a filtrarse por las grietas. No podía dejarlo allí, pero él me había dado una orden. Salté sobre el cuerpo del hombre que acababa de matar y salí corriendo hacia la oscuridad del establo, con las lágrimas nublándome la vista y la Beretta todavía caliente en mi mano. El aire frío del exterior me golpeó la cara, pero no logró disipar

