-Uff, de verdad que el tiempo se ha vuelto loco -Dalia se abanicaba con una mano, mientras el sol le bañaba de lleno el rostro-. Hace mucho calor.
Hacía un día espectacular, así que el profesor de álgebra nos había dejado tomar sol en el patio los últimos diez minutos antes del timbre de receso.
-No cambies de tema -la regañé, recostándome sobre el césped, a su lado-. ¿No te gustaba la playa de noche?
-Me gusta la playa de noche, no la gente sudorosa y hormonal -suspiró-. Sabes que las fiestas no son lo mío.
-Porque bebes hasta que no recuerdas ni tu propio nombre -me burlé. Mi amiga se encogió de hombros-. Vamos, ¡por favoooor! Realmente quiero ir.
-¿Por qué? A ti no se te dan las fiestas.
Pero a Victor sí.
-Porque creo que ya es hora de ser como la mayoría de las muchachas a nuestra edad y...
-¿Y qué? -se levantó y me miró, tapándome el sol-. ¿Follar? ¿Fumar hierba?
Le tiré de un mechón de cabello y soltó una risita.
-En serio, Cassie -prosiguió-. Podrías simplemente venir a casa y ver unas películas, ¿no suena mejor?
Ya lo creo que sí.
-No: realmente quiero ir a la fiesta de la playa esta noche.
Dalia soltó un gruñido y se dejó caer, pesadamente, a mi lado.
-Bien -dijo.
-¿Si?
-Ahá.
-¿Irás?
-Ahá.
-¡Iremos!
-¿¡Qué no entiendes español!?
-¡Dali, eres la mejor! -me eché en sus brazos para estrecharla en un abrazo y, pese a que la muchacha se quejó y me dijo que me moviera, sabía que sonreía.
Acomodé mi corto cabello liso detrás de mis orejas y contemplé mis ojos, que se veían enormes y de un gris oscuro, en el espejo. Había escogido un vestido suelto, bastante veraniego, y un suéter de hilo por si el frío terminaba por convencerme.
-¿Cómo me veo? -inquirí.
A mis espaldas, mi mejor amiga revisaba su celular.
-Bien.
-Ni siquiera me has visto.
La muchacha me miró de arriba a abajo, y luego volvió a mis ojos.
-Te ves bien -cuando bufé, la niña dejó el celular y me sonrió con burla-. No hacía falta que te viera para saber que te ibas a ver bien.
-¡Aish! -sonreí y le sacudí el cabello-. ¿Estás lista?
-Muy lista para la acción -replicó, sin muchas ganas.
-O cambias la actitud o no me haré cargo de ti cuando estés ebria.
Abrió los ojos como platos, fingiendo asustarse.
-¿¡Dejarás que algún pervertido me manosee bajo mi inconsciencia!?
Lancé una carcajada y le tomé de la mano para arrastrarla fuera del baño. Bajamos las escaleras y mi madre nos contempló con una sonrisa de esas que avisaban que venía el típico...
-Parece que fue ayer cuando te tenía en mis brazos como una bebé -dijo. Dalia se rio y yo me sonrojé-. Ambas están muy bonitas. ¿Listas?
-Andando -empujé a mi amiga hacia la puerta y, tras abrirla, nos metimos en la parte de atrás del auto.
Mi madre se subió al volante salimos hacia la carretera.
-Sabes cuáles son las reglas, ¿verdad?-inquirió mirándome por el espejo retrovisor.
-Sí, mamá...
-Nada de alcohol -enumeró-. En esas fiestas los barriles tienen otro tipo de sustancias mezcladas.
-Mamá...
-Nada de drogas, ¡vete tú a saber qué intenciones tengan con niñas de instituto!
-Ma...
-Nada de sexo: hija, la arena es terriblemente infecciosa. Por favor, si vas a tener relaciones sexuales que sea en...
-¡Mamá! -exclamé, riéndome-. ¡Ya es suficiente!
-Lo siento nena, sólo quiero cuidarte.
-Lo sé, pero me avergüenzas.
-Oh, no. Dalia tiene que seguir las mismas regla s-mi madre y mi amiga compartieron una sonrisa por medio del espejo retrovisor-. Oh, ¿llevas tu celular? Cuida que no te lo roben... ¡Espera! ¿Asistirá Theo a la fiesta?
Mi amiga volteó para lanzarme una mirada cargada de... no sé qué, pues no me digné a mirarla.
-No tengo ni idea -pegué la frente al vidrio y me dediqué a ver las casas que pasaban como borrones. Ya era de noche y el cielo se encontraba sumamente despejado-. No es que me interese.
-¿Por qué te llevas tan mal con él?-mi madre sonaba molesta-. En serio, es un gran chico. Creí que se gustaban...
-¿¡Por qué habríamos de gustarnos!?
-Pues te fugaste a una fiesta con él, y al vernos llegar a mí y a tu padre nos saludó con mucho respeto y explicó que te había traído "sana y salva". Ambos creímos que el chico quería hacer las cosas bien-sonrió ante la risita que había soltado mi amiga-. Y luego dijo que te llevaría a su trabajo, que querías conocerlo...
-¡¡¡Yo no he dicho eso!!! -exclamé quisquillosamente-. No sé cómo se las arregla para gustarle a todo el mundo, pero te aseguro que no es el chico responsable que estás pensando. De hecho, es bastante inmaduro. ¡Sería un mal novio! En cambio...-me corté a media frase, ya estaba desvariando.
-¿En cambio qué? -inquirió mi mamá.
-¿En cambio quién? -dijo mi amiga al mismo tiempo.
Me mordí la mejilla interna. Podía sentir la tensión en el pequeño y carísimo auto.
-N... Nada.
-¿Te gusta alguien? -insistió la mujer al volante.
Inspiré profundo por la nariz y exhalé lentamente por la boca. Debía mantener la calma, ni mi madre ni mi mejor amiga pretendían ser molestas, lo sabía, es que yo perdía la paciencia muy rápidamente aquellos días.
-Sí, pero estoy segura de que no gusta de mí; así que no quiero hablar del tema hasta ser finalmente correspondida o rechazada -solté y, para mi sorpresa, fue suficiente para que ambas cerraran la boca.
Cuando las casas comenzaron a convertirse en locales de conveniencia y tiendas de comestibles, el mar comenzó a divisarse a lo lejos. ¡Hasta podían divisarse las fogatas y oírse la música!
Mi amiga chasqueó la lengua y negó con la cabeza a medida que el auto iba enterrándose en la arena.
-Esto es sin duda lo más estúpido que hice -comentó.
-No es la primera fiesta de la playa a la venimos -dije, quitándome el cinturón de seguridad.
-Pues si te refieres a aquella vez que vinimos con nuestros padres y teníamos algo de cinco años... no, no es la primera vez.
Bajé de un saltito y mis zapatos se hundieron en la arena. ¿¡Por qué me habría puesto zapatillas de salir? Ahora sentía como mis zapatos se llenaban de granos.
-Aquí me despido, ¡pásenlo genial! -exclamó mi madre antes de irse-. Nos encontraremos aquí a las tres.
Nos despedimos con la mano y comenzamos a pisotear la arena para acercarnos a la muchedumbre. Sin duda, ya no concurrían adultos y niños a aquellas fiestas: la mayoría de las personas iban de trajes de baño porque, pese a que no hacía el calor suficiente para usarlos, las fogatas le daban al ambiente unos cuantos grados de más. Incluso podía sentir la arena que pisaba tibia.
-Y menos mal que me traje abrigo...-murmuré con sarcasmo, atándomelo a la cintura-. Allí está el barril, ¿has traído dinero?
-¿No oíste las reglas de tu mamá? -se burló Dalia-. No podemos beber cerveza aquí. ¿Desde cuándo te has convertido en una chica mala?
Por un momento, aquellas últimas palabras me trajeron la imagen de un Theo sonriente burlándose de mí.
-¿Desde cuándo te has convertido en una chica buena? -refuté, y ambas nos reímos.
-Creo que traigo suficiente para ponerme feliz.
-Genial.
Si bien no era una persona que acostumbrase beber demasiado, algún día iba a comenzar. Aquella noche quería divertirme, reír, bailar y, sobre todo, encontrar a Victor entre la multitud. El día anterior, mientras hacíamos las compras en el supermercado, el muchacho me había dicho que iría a la fiesta. Incluso me había invitado, pero yo me había negado puesto que no quería ir sola y no sabía si al final Dalia aceptaría. Además, la idea de estar a solas con el muchacho me ponía de los nervios; y la idea de que su invitación incluyera al resto del Club de los Siete me decepcionaba.
Cuando llegamos al barril (así era como le decíamos al enorme artefacto que desprendía cerveza, aunque de barril no tenía ni la forma) un par de chicas se giraron con vasos de plástico descartable en las manos.
-¡Eh! ¡Pero si son Cassandra y Dalia!-exclamó una.
Janet. Hasta su nombre era de...
-Zorra...-murmuró mi amiga a mi lado.
Dalia había estado de novia a los trece años con un chico que la había... cambiado por esa Tiffany. Hacía mucho tiempo ya que aquella historia era sólo un recuerdo, pero mi amiga jamás había podido olvidarlo. Y Tiffany tampoco pues, por la cara de falsedad que tenía, era más que obvio.
Sus otras dos amigas (imposible acordarse sus nombres) me miraron y sonrieron al instante.
-Tu eres la del novio guapo -comentó una, poniendo cara de niña buena.
Dalia pagó por dos vasos de cerveza, ignorándolas.
-Eh... ¿yo? -inquirí.
-Sí, tonta -se rio.
-¿Qué novio?
-¿Estás de broma? –Janet se corrió el cabello súper mega ultra largo de la cara-. El guapísimo de la sonrisa graciosa.
-¿Theo? Ah... No, no es mi novio.
-¿Ah no? -interrumpió la que aún no había hablado-. Entonces deberías presentárnoslo.
Mi mejor amiga me dio un vaso y le echó un buen trago al suyo, como si lo necesitara terriblemente.
Las tres se rieron y yo sonreí, aunque no me daba una mierda de gracia. Theo jamás se fijaría en una chica así de tonta.
Aunque pensándolo bien la Gatúbela de piernas largas no se veía muy inteligente que digamos... O al menos no lo aparentaba, ¿estaba siendo prejuiciosa? Tal vez.
-Es ga y-solté, y Dalia a mi lado se ahogó con su cerveza mientras trataba de no reírse.
-Hum... ¿gay? -repitió Janet, incómoda-. ¿En serio?
-En serio. Bien gay. Es decir, le gusta la...
-Ya, ya sé lo que es ser gay -la muchacha se mordió el labio inferior, molesta-. Aun así podrías presentárnoslo... ¡Siempre he querido un mejor amigo gay!
Sentí que me daba un tic en el ojo. ¿¡Era estúpida o desayunaba detergente!?
-Tal vez la próxima -levanté una mano a modo de saludo y arrastré a Dalia lejos de allí-. Tú escuchaste lo mismo que yo, ¿verdad?
-Esa chica no tiene muchas luces, sólo ignórala -comentó, mordiendo el borde del vaso.
-No pensaba hacerles caso...
-¿Ah no? -me interrumpió. La miré muy fijamente-. Tienes rojas hasta las orejas, Cassie. ¿Por qué les dijiste que era gay?
-¿Por qué no?
Me dedicó una sonrisita burlona.
-¿Sabes qué? Por tu orgullo dejaré esta conversación acá.
Me encogí de hombros. También quería dejar el tema.
-¿Qué se supone que hace la gente cuando va a fiestas? -murmuré, mirando hacia la gente que bailaba.
-¿Encontrarse con amigos y saludarse como si realmente te pusieras feliz de volver a verlos? -inquirió.
La miré con el ceño fruncido, impresionada ante su incapacidad de filtrar las cosas que decía.
-No creo que...-comencé, pero frené cuando sentí que un cuerpo se estrellaba contra mí.
Tardé unos segundos en captar que aquella persona trataba de abrazarme, no de tacklearme.
-¡Cassie! -exclamó una voz que ya había oído antes, pero a la que no podía ponerle rostro.
Cuando me aparté un poco de él, reconocí a Robin.
Tenía el cabello despeinado, las mejillas sonrojadas y una camisa hawaiana que le quedaba muy bien. Detrás de él, una muchacha muy bonita esperaba con mucha timidez.
-Robi, no sabía que vendrías... -murmuré, mirando a la chica-. ¿Ella es tu novia?
-¿Lo ves? ¡Es real! -exclamó, atrayendo a la muchacha contra sí. La chica sonrió, algo incómoda-. A que es linda.
Era realmente linda, y parecía sinceramente feliz junto al muchacho; ¡pero eran diferentes de los pies a la cabeza! La muchacha denotaba timidez y rebosaba delicadeza, mientras que el chico era un poco bruto y hablaba demasiado.
-... y eso es genial, ¿¡a qué sí!? -decía Robin.
Parpadeé, no había oído nada de lo que había dicho.
-Si...-murmuré, y Dalia me lanzó una mirada asesina.
-¡Fantástico! ¡Vengan! -respondió el chico, tomando mi brazo para arrastrarme hacia algún lugar.
Traté de detenerlo, pero cuando quise darme cuenta ya me hallaba en un círculo de caras conocidas.
Sugar tenía una sonrisa en la cara que no era normal en él; y entonces reparé en que hablaba agradablemente con una chica. A su lado, Jamie estaba serio y cruzado de brazos. Era como si hubieran cambiado de cuerpo, o algo así. Sebastian y Lilian discutían, aunque la chica parecía realmente furiosa y el pelirosado parecía estar aguantándose la risa. Theo no se encontraba allí y... Victor tampoco. Agaché la cabeza, algo decepcionada. ¿Y si había decidido no ir? Pues no me iría de la fiesta por eso, es decir... había ido para pasarlo bien, no porque necesitase la atención de un muchacho.
Cuando Lilian reparó en mi presencia relajó la lengua y me dedicó una agradable sonrisa.
-De haber sabido que vendrías, habíamos venido todos juntos en la camioneta -soltó. Luego estiró el cuello para ver más allá-. No sé en dónde se metió Theo.
Sebastian y Jamie me miraron con una sonrisa perversa, y yo me sonrojé.
-No... No buscaba a Theo-me apresuré a responder.
-¿Ah no? –Lily parecía decepcionada-. Vaya... Bueno, es grande. Sabrá arreglárselas. Pero me preocupa un poco nuestro Victor.
-¿¡Victor está aquí!?-exclamé, un poco más alto de lo que pretendía.
Incluso Sugar se giró para verme, pausando su conversación con la chica.
Si antes me había sonrojado, ahora me había convertido en una cereza. Hacía tiempo que no me sentía más humillada por mis propias palabras. Había sido tan obvio, ¡qué horror!
-También me preocupa que ande solo -prosiguió Lily, sin captar la situación del todo-. Si lo encuentras por ahí dile no se aleje demasiado.
Me sorprendí ante la postura de la muchacha. Realmente era como la gallina con sus polluelos, ¿no? Aunque el pollito descarriado allí era claramente Sebastian: ¡siempre estaban discutiendo! Me sorprendía que Lily no lo hubiera abofeteado a esta altura, pues el pelirosado parecía burlarse constantemente de ella.
-¡Robi! -exclamó Jamie, tapándose los ojos con las manos y soltando una carcajada.
Me giré para ver como Dalia contemplaba, horrorizada, la escena de Robin y su novia comiéndose prácticamente la cara.
Ladeé la cabeza y entrecerré los ojos, tratando de seguir el ritmo de aquel beso. Jamás podría haberme imaginado al muchacho haciendo tal cosa; simplemente no se me podía pasar por la cabeza.
-Así se hace -Sebastian aplaudió y Lily miró hacia otra parte, como si la situación se le fuera de las manos.
-Necesito otra cerveza –dijo mi amiga-. ¿Me acompañas o voy sola?
-Vamos allá, hum... ¡Nos vemos más tarde !-exclamé, antes de irme.
Para nuestra suerte Janet y el club de las estúpidas ya no se encontraba frente al barril. Dalia pagó por otro vaso de cerveza justo cuando mis ojos se topaban con lo que había esperado toparme desde mi llegada.
Victor tenía el cabello n***o azabache partido en la frente, de un modo que le quedaba jodidamente sexy. Tenía botas beige, unos pantalones negros ajustados y brillantes y una chaqueta de cuero roja que le quedaba espectacular.
-Está como un tren...-me codeó mi amiga.
-No digas eso.
-Chu-chuuuu.
Me reí y le devolví el codazo, sólo para molestarla.
-¿Crees que eres capaz de quedarte unos cinco segundos aquí? -inquirí. Mi amiga se encogió de hombros-. Ya vuelvo.
-Somos tu y yo cerveza-oí que decía a mis espaldas-. Siempre serás mi mejor amigo, querido alcohol.
Rodé los ojos ante su teatralidad y fijé la mirada en mi objetivo. Victor yacía a una buena distancia, con la mitad del cuerpo tras una roca enorme que me estorbaba la visión. Lo había ensayado inconscientemente muchas veces en mi cabeza: "Hola Victor... ¿Cómo estás? Es una linda noche, ¿eh?". No tenía que pensármelo mucho, ¿no? Se perdería el encanto y la fluidez. Necesitaba sonar segura, simpática, confiada...
Cuando estuve a apenas un metro de su espalda, me detuve. El muchacho tomó la cintura de la chica de cabello teñido de rubio y la acercó a sí, pegándola a su pecho. Levantó la barbilla de la chica con un dedo y la besó. No la besó como su amigo había besado a su novia; sino con la calidez y la dulzura de ese beso perfecto de película que sólo un muchacho como él sería capaz de dar.
Di un paso hacia atrás, herida, pero un cuerpo a mis espaldas me frenó. Sentí como la mano del extraño me tapaba los ojos, cubriendo mis retinas de aquella escena que me había partido el corazón.
Sentí unos labios rozar el lóbulo de mi oreja, y me encogí.
-No quiero que veas esto -susurró Theo.
Me mordí el labio por no echarme a llorar allí mismo. No me había angustiado por un chico al que apenas conocía, sino que me sentía tonta. Tonta e ilusa.
De espaldas, y aún con los ojos tapados, Theo me llevó hasta un lugar lo suficientemente lejos de su amigo.
Me giré y levanté la mirada para encontrarla con los ojos del muchacho. Su cabello castaño, generalmente lacio, ahora se veía ondulado. Theo tenía buen aspecto; pero en aquel momento yo sólo podía aspirar a mirarle como si buscara la ayuda de un hermano mayor.
-He llegado tarde, ¿verdad? -suspiró, con expresión afligida-. Lo siento.
Estiró los brazos y me abrazó. Con una mano acariciaba mi espalda, mientras que con la otra sostenía mi coronilla. Pasé los brazos bajo los suyos y me abracé a su cintura.
-Soy una tonta -murmuré.
-Si eres una tonta; pero esto no te hace serlo -respondió dulcemente.
-Dijo que era bonita.
-¿¡Eso dijo!?
-Creí que… -suspiré, apretándome más a su cintura-. Qué tonta.
-Victor es como un león... Necesita comer para sobrevivir.
Fruncí el ceño.
-Los humanos también necesitamos comer para sobrevivir.
-Sí, pero los leones tienen como mil novias leonas que buscan con qué alimentarlos mientras ellos se dedican a no hacer nada.
No pude evitar reírme y Theo me separó de sí para mirarme a la cara.
-Así está mucho mejor -sonrió.
-¿Y tú dónde te habías metido? Lily preguntaba por ti.
-Oh, ya sabes... Por ahí -su sonrisa se ensanchó.
-¿Qué?
-Encontré una cosa.
-¿Qué cosa?
Estiró una mano.
-Sígueme.
-Pero Dali...-comencé, mirando hacia el barril.
La muchacha se había sentado a esperar, y tenía más de dos vasos a su alrededor.
-Sólo será un segundo. Sígueme.
Acepté su mano y me dejé arrastrar por él hacia alguna parte.