El armario

2076 Palabras
Para cuando la fiesta terminó, yo aún no podía quitarme el sentimiento de pesar en el pecho Suspiré mientras limpiaba los restos de comida en los platos. Probablemente no dormiría esta noche… pero eso no era una novedad. Estaba demasiado acostumbrada a seguir funcionando, incluso con los ojos pesados y el corazón cansado — Una noche de lavar platos — dijo Sierra con desgano, dejando caer un trapo húmedo sobre la mesa — Qué plan tan terrible para una noche tan hermosa — — No es que tengamos permiso de hacer otra cosa — murmuró Ryu, masticando un pedazo de pan con queso Los esclavos siempre comemos al final del día, cuando todos se han ido. Cuando las risas se apagan. Cuando el mundo parece haberse olvidado de que existimos — Tú deberías estar ayudando… glotón — gruñó Sierra, arrebatándole el plato de las manos Ryu sonrió y se levantó para empezar a secar los platos con una toalla — Sabes, he estado pensando que podríamos escapar un día… — Lo miré, sorprendida, sintiendo una punzada de miedo inmediato — ¿Estás loco? Si alguien te oye… — susurró Sierra, con el ceño fruncido y los ojos bien abiertos — No me refiero a escapar escapar — se corrigió Ryu, bajando la voz — Solo salir un poco… a los jardines, por ejemplo. El cumpleaños de Lyss es pronto. Y es importante — Bajé la mirada — Mi cumpleaños no es importante — respondí con desgano — Es solo un día más… — Aunque sabía que no era cierto. Para los Sylvaran, los dieciocho años eran todo. El punto de inflexión. El momento en que la magia se despertaba por completo… O no Pero para mí eso son solo mitos, leyendas de una vida que parece haber ocurrido hace demasiado tiempo — Es cuando despertarás, Lyss — dijo Ryu en un susurro casi reverente Sierra lo golpeó con el trapo en la cara antes de que pudiera seguir hablando — ¿Y eso por qué fue? — protestó Ryu, confuso — Por mencionar algo tan delicado aquí — replicó Sierra, volviendo a frotar la mesa con más fuerza de la necesaria — No se habla de los Sylvaran. Ni de nuestros poderes entre estos muros — — Solo estoy diciendo la verdad. Ella despertará pronto y debemos… — El trapo volvió a volar, esta vez más directo, acompañado de una mirada que decía más que mil palabras — No aquí, Ryu — dijo Sierra con la voz cargada de seriedad. Su tono me heló un poco la piel Ryu frunció el ceño. Raro en él. Siempre estaba bromeando o sonriendo… pero ahora parecía molesto. Verdaderamente molesto — Sierra, el tiempo… — iba a decir algo más. Lo supe. Lo sentí Pero entonces, la figura de mi madre apareció en la puerta. Su sola presencia impuso silencio — Debes ir a dormir, Ryu — dijo con su voz calmada, serena, pero con ese filo que nunca se apagaba — Xandra… — empezó él, con un suspiro, pero ella lo interrumpió — Me encargaré de limpiar aquí con Lyss — Ryu dudó un segundo más, como si quisiera decir algo importante… pero finalmente asintió — Está bien. Pero su cumpleaños será pronto y… — — Y lo celebraré con ella, como es debido — interrumpió mi madre, firme No supe qué estaba pasando Una discusión silenciosa… ¿por mi cumpleaños? No quise indagar. Había aprendido que pensar demasiado en ciertas cosas era peligroso Que dejar que mi mente fuera por ese camino oscuro me arrastraba… al abismo Y en esa oscuridad, a veces, no encontraba el camino de regreso Sierra y Ryu se retiraron hacia las habitaciones de los sirvientes, en los niveles bajos del castillo. Yo me quedé con mi madre, limpiando los platos restantes Hubo un momento de silencio total. Ni un ruido, ni una palabra. Solo los platos, el agua, el eco de la noche. Pero sabía que no duraría. Sabía lo que venía Mi madre nunca dejaba pasar una noche sin enseñarme sobre nuestro pasado, sobre lo que una vez fuimos — Repítelo — dijo finalmente, sin apartar la vista del trapo que usaba Suspiré, casi en automático, y comencé — Guardias del Ciclo, Videntes del Alba, Sembradores de Vida, Caminantes del Velo — Las palabras tenían el peso de mil noches, el ritmo de algo aprendido desde siempre — ¿Y ellos son? — continuó — Los cuatro pilares. Los cuatro consejeros… — — ¿Y nuestro reino? — — Thalan'Dur… el Bosque del Eterno Murmullo — — Dime el origen — — Los Sylvaran fueron los primeros hijos del mundo, nacidos del aliento de la tierra cuando el primer dios despertó — repetí, aunque todavía no entendía cómo podía nacer alguien del aliento de la tierra Mi madre dejó de limpiar. Se giró lentamente, sus ojos se clavaron en los míos — No olvides lo que somos, Lyss. No olvides quién eres — — Soy una Sylvaran — respondí con un suspiro — Parte de un reino en ruinas. Una r**a esclavizada, usada por su magia para servir a otros — Lo dije con el alma cargada de resignación. Con una chispa de resentimiento que ya no sabía si era mía o heredada de generaciones anteriores — Aunque nuestro reino cayera… seguimos siendo una r**a sagrada — dijo ella, y por un segundo, vi fuego en sus ojos. Fuego y determinación — Tu cumpleaños viene pronto… ¿Sabes lo que pasará, cierto? — Y claro que lo sabía Claro que lo sabía… *** Caminé de vuelta a las habitaciones, dejando a mi madre en la cocina. No pregunté qué haría después. Nunca lo hacía. Ella siempre tenía sus propios misterios, y yo… aprendí hace mucho que había preguntas que no debían hacerse Mientras avanzaba por los pasillos vacíos, mis pasos se hicieron más lentos. Y mis ojos, como traicionados por mi propia voluntad, se desviaron hacia ese pequeño armario bajo la escalera Ese lugar Mis pies se movieron solos. Cuando me di cuenta, ya estaba allí. La puerta entreabierta dejaba escapar una bocanada de aire antiguo, denso, cargado de memorias Extendí la mano, tocando con suavidad la manija desgastada, y en mi mente las risas volvieron como ecos lejanos Mi risa Sus risas Escondidos allí, jugando a ser invisibles, creando un mundo donde no había jerarquías ni castigos. Solo nosotros. Pero apenas la risa brotó en mi memoria… vinieron los gritos. Mis gritos. El dolor. La celda. Me obligué a apartar los pensamientos. Cerré los ojos. Respiré. Me quedé de pie frente al armario, con los dedos sobre la madera, deseando por un solo segundo que todo fuera diferente. Un solo segundo. Un segundo de libertad. Entonces, escuché pasos. Rápidos, suaves, como una presencia que no debería estar allí. Me giré de golpe, el corazón latiendo salvaje en mi pecho. Y desde las sombras… apareció él. Edrik. — ¿Aún te escondes en este armario? — preguntó con una voz grave que me estremeció hasta los huesos — No… no, majestad — dije, tratando de que mi voz no temblara, mientras lo observaba acercarse Él sonreía. Esa sonrisa que había olvidado y recordado a la vez. Y yo… instintivamente di un paso hacia atrás, empujando la puerta sin darme cuenta. Y Edrik entró al armario detrás de mí. — ¿Majestad? — repitió con esa sonrisa ambigua, alzando la mano hacia mi rostro. Retrocedí otro paso, temerosa, confundida, deseando detener el tiempo y al mismo tiempo que todo desapareciera. No debería estar sintiendo esto. No debería estar pensando en él. — Es el príncipe heredero — susurré para mí misma, como un mantra — Es la forma correcta de llamarlo — Y entonces choqué con algo. Alguien. Algo duro. Caliente. Vivo. Una presencia conocida por el cuerpo antes que por los ojos. — Antes no solías llamarnos así — dijo Andrik, su voz grave susurrando justo en mi oído Sentí su aliento en mi nuca. Su pecho contra mi espalda Estaba atrapada. Entre ellos dos Como antes Y sin embargo, nada era como antes Todo era más intenso. Más peligroso Más real Intenté hablar, pero mi voz se quebró — Eso… fue hace mucho — logré decir con dificultad, mi cuerpo temblando, mi alma al borde de romperse Edrik se acercó más, sus ojos buscando los míos. Cerró la puerta tras de sí con suavidad. La oscuridad nos envolvió, apenas rota por una tenue luz azul que filtraba una runa dormida en la pared — No hagas ruido… y nadie nos descubrirá — susurró Andrik, y sentí mi mundo colapsar sobre mí Mordí mis labios con fuerza para no llorar. Para no gritar. Para no dejar que las emociones me ahogaran como siempre lo hacían — Yo… creí que lo habían olvidado — susurré, la voz rota como papel mojado Edrik me rodeó con los brazos con una ternura que no esperaba. Su cuerpo, fuerte y cálido, me contuvo como una promesa quebrada Pude ver su rostro. Duda. Desconcierto. Y una chispa de algo más. Reconocimiento. Dolor. Y quizás… miedo. — Nunca podríamos — dijo finalmente, en voz baja Y por primera vez en muchos años… sentí que el tiempo se detenía, no por dolor, sino por algo más… Algo que había vivido entre nosotros antes de que el mundo decidiera separarnos. El aire en el armario se volvió denso. Pesado. Cargado de algo que me hacía difícil respirar Edrik me sostenía con suavidad, pero su cercanía me envolvía, me confundía. Y Andrik, detrás de mí, no se había movido ni un milímetro. Podía sentirlo ahí, firme como una pared viva, su pecho elevándose con cada respiración, su presencia como un incendio contenido Mis manos temblaban — No pueden… no debería… — musité, sin saber si hablaba con ellos o conmigo misma No podía estar aquí. No con ellos. No así. Si alguien nos descubría… si alguien siquiera sospechaba… Mi castigo sería mucho peor que hace diez años. No era una niña ahora. Ya no habría indulgencia. No habría piedad. — Tengo que irme — intenté decir, pero mi voz era apenas un susurro Intenté moverme, pero Andrik no lo permitió. Su brazo se deslizó alrededor de mi cintura, firme, posesivo, deteniéndome con una facilidad casi insultante — ¿Por qué huyes de nosotros? — murmuró cerca de mi oído, su voz como un roce bajo la piel — Antes solías buscarnos — — Era una niña — susurré, temblando — No entendía… — — ¿Y ahora sí? — preguntó Edrik, que me seguía mirando como si pudiera verme entera, incluso en la penumbra Había deseo en sus ojos. Pero también algo más. Una necesidad. Un hambre inexplicable Me estremecí. No podía permitir que eso creciera. — Soy una esclava — dije, con una mezcla de amargura y miedo — No tengo derecho a desear nada — — Pero nosotros sí — respondió Andrik, y sentí su mano recorrer mi cintura con la precisión de quien no duda — Y te deseamos, Lyss — Mi nombre en su boca. Dioses… Sentí que el mundo giraba bajo mis pies Yo no les pertenecía. Y sin embargo… En este instante, este mínimo fragmento de tiempo, sí lo hacía. Era suya. De ambos — Por favor… — supliqué, apenas con voz, sin saber si les pedía que se detuvieran… o que no lo hicieran Edrik alzó una mano y la deslizó por mi mejilla, con la misma reverencia con la que uno toca algo que ha esperado toda una vida para encontrar — Lyss… — dijo de nuevo, con un tono que me rompió Y entonces… me vi reflejada en sus ojos No como una esclava. No como un error. Sino como algo perdido. Como algo que alguna vez fue amado. Y quise creerles. Solo por un segundo. Solo por esta noche. Pero el miedo me apretaba el pecho. — Si alguien nos encuentra aquí… me matarán — dije con brutal honestidad Andrik me rodeó más, su cuerpo contra el mío, su boca cerca de mi oído — No dejaremos que nadie te toque — dijo. Y no fue una promesa vacía Edrik apoyó su frente contra la mía, y en ese gesto, todo lo que no se decía encontró un lugar Y por un instante… Un suspiro apenas… Fui libre Pero lo supe, con un escalofrío que me recorrió la espalda: Esto no podía durar. No en este mundo. No con nosotros tres.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR