La oscuridad parecía envolvernos como un hechizo.
El aire denso.
Mi cuerpo atrapado entre los suyos.
Mis emociones al borde de desbordarse
Edrik aún me rodeaba con los brazos, sus ojos fijos en los míos, su aliento tibio chocando contra mis labios temblorosos.
Sus dedos acariciaban mi mejilla con una dulzura que dolía más que cualquier castigo
Y entonces…
Se inclinó
Estaba a punto de besarme
Y yo…
Yo quería dejarlo
Solo por un segundo.
Solo por una vez
Pero el destino, cruel como siempre, no lo permitió
La puerta se abrió con un leve crujido. No fue un estruendo. No hubo gritos ni sobresaltos
Fue peor
Porque fue ella
Mi madre… Xandra
Su figura alta y delgada recortada por la luz del pasillo. Su rostro sereno, aunque sus ojos…
Sus ojos hablaban por sí solos
— Príncipes — saludó con una leve inclinación de cabeza, la voz neutra, el tono comedido, como si nada estuviera fuera de lugar… y sin embargo todo lo estaba
Edrik se separó de mí de inmediato, su rostro aún marcado por la tensión de lo que no alcanzó a suceder. Andrik no se movió, pero su respiración se volvió más lenta. Más contenida. Ambos sabían lo que significaba ser vistos así
Y yo…
No podía ni mirarla
Mi madre
La única que aún podía salvarme de este mundo
— Lyss — dijo con voz suave, pero firme, con una súplica muda que entendí de inmediato
No me estaba reprendiendo… Me estaba salvando
Volví la mirada al suelo, el corazón latiendo como un tambor en mi garganta — Majestades — dije apenas, con un nudo en la garganta
No los miré.
No podía.
Porque si los miraba… no sería capaz de irme
— Con el debido respeto — continuó mi madre — Si alguien diferente los hubiera encontrado… si hubiera sido una doncella, un soldado, un noble… ya estarían bajando a Lyss a los calabozos —
Un silencio cargado de verdad llenó el armario
— La reina… no dudaría en ejecutarla — agregó, esta vez con la voz quebrándose solo lo justo para que entendieran el peso de sus palabras — Antes de que ustedes siquiera lo supieran —
Edrik apretó los puños… Andrik desvió la mirada
Porque sabían que era cierto
Por muy fuertes que fueran
Por mucho que desearan protegerme
Aún no podían hacer nada
No en este mundo
No bajo este reino
Yo lo sabía también.
Y por eso di un paso atrás.
Y luego otro.
Hasta salir del armario.
Pasé junto a ellos sin decir más.
Y sin embargo, al hacerlo, sentí como si una parte de mí se quedara allí, entre la penumbra y el deseo contenido.
Mi madre me tomó del brazo con suavidad, y juntas caminamos por el pasillo en silencio.
No me atreví a mirar atrás.
No podía.
Pero los sentía.
A ambos.
Sus miradas sobre mi espalda.
Su dolor.
Su impotencia.
Y aunque no se dijeron palabras…
Algo se había quebrado.
Algo se había despertado
Y ninguno de nosotros volvería a ser el mismo.
*Narrador*
Andrik observaba la puerta por donde Aurelyss acababa de desaparecer, con los puños apretados, su respiración todavía acelerada. Edrik, junto a él, permanecía en silencio, la mandíbula tensa, la mirada fija en la misma puerta cerrada
Durante largos segundos, ninguno habló. No había necesidad. Lo que acababa de ocurrir entre ellos y Lyss resonaba profundamente, casi palpable en el aire cargado de tensión
Finalmente, Andrik rompió el silencio con una voz baja, ronca por la emoción contenida — ¿También lo sentiste, verdad? —
Edrik asintió lentamente, exhalando como si soltara un peso enorme — Esa corriente… cada vez que la tocamos — Se llevó una mano al pecho — Como una chispa, un latido que no debería estar allí —
Andrik asintió, bajando la mirada a sus propias manos, como si aún pudiera sentirla entre sus dedos — Y su aroma… nunca había sido tan intenso, tan penetrante —
— Madreselva — susurró Edrik, casi reverencialmente — Es su esencia, es… ella —
Andrik volvió a mirar la puerta con determinación, pero también con un dejo de frustración — ¿Crees que sea posible, Edrik? — preguntó, casi sin atreverse a formular en voz alta lo que su corazón ya sabía
Edrik respiró profundamente, y tras un momento de duda, asintió con convicción — Sabes la respuesta, hermano. Solo puede significar una cosa —
Ambos lo sabían perfectamente. Desde niños les habían enseñado lo que significaba reconocer a su pareja destinada. Ese aroma especial, el latido compartido, la electricidad que recorría la piel al contacto… eran señales claras, inequívocas. Y con Lyss… estaba todo allí
Pero había un único problema. Y era uno grande — Aún no tiene dieciocho años — murmuró Andrik, con frustración evidente
Era la ley de la sangre
De la diosa
Hasta que el alma estuviera madura, el vínculo no podía completarse.
Era una protección.
Un límite
Y ahora se volvía una tortura
— La forma en que me miró… — continuó Edrik, con la voz cargada de algo que ni él mismo entendía del todo — Como si aún nos llevara dentro… Como si doliera —
Andrik se pasó una mano por el cabello, caminando hacia el muro de piedra y apoyando la frente contra él — Nos recuerda — dijo con un nudo en la garganta — A pesar de todo, nos recuerda… Y nosotros la olvidamos —
Edrik negó lentamente — No la olvidamos. La enterramos. Porque era la única forma de sobrevivir —
El silencio se hizo otra vez, más profundo. Más pesado
Edrik apoyó una mano sobre el hombro de su hermano, apretándolo suavemente, con esa fuerza contenida que caracterizaba cada una de sus acciones — Faltan solo unos días. Si es ella… si realmente es nuestra destinada… entonces lo sabremos muy pronto. Cuando despierte —
Andrik asintió despacio, sintiendo cómo su lobo interior se removía impaciente, gruñendo en su pecho por el anhelo contenido, desesperado por salir, por marcarla como suya.
El lobo de Edrik estaba igual, desesperado por alcanzarla, inquieto por no poder hacerlo aún. Su bestia había reconocido algo especial, pero la espera era una tortura. El instinto, profundamente arraigado en ambos, luchaba contra la razón. Sin embargo, hasta que Aurelyss no cumpliera su mayoría de edad, hasta que despertara por completo como Sylvaran, sus lobos no podían reconocerla plenamente
No podrían reclamarla
No podrían protegerla como anhelaban desesperadamente
— Solo unos días — repitió Andrik, sus ojos brillando con determinación — Podremos reclamarla, con la bendición de la Diosa, y nadie… ni siquiera nuestros padres podrán separarnos de ella —
Ambos sabían lo que eso implicaba.
Un vínculo sagrado.
Irrompible.
Un lazo de alma y cuerpo que no conocía jerarquías ni cadenas
Pero hasta entonces…
Ella era una esclava
Y ellos, príncipes
Y el mundo no les permitiría siquiera mirarla
— Solo unos días más — susurró Edrik
Andrik cerró los ojos — Y esta vez, no dejaremos que nos la arrebaten —
***
El amanecer en el Castillo Lunar no era silencioso
El aleteo de las aves que anidaban en los aleros, el murmullo mágico de los cristales que comenzaban a brillar al recibir la primera luz del día, y los pasos apresurados de los esclavos marcaban el inicio de otra jornada
Aurelyss se levantó antes del primer canto rúnico, apenas con unas horas de sueño a cuestas. Sus ojos estaban pesados, y su cuerpo, aún tembloroso por lo ocurrido la noche anterior, se movía por inercia. El calor de las manos de Andrik y Edrik seguía presente en su piel… aunque intentaba no pensar en ello
La cocina aún estaba en penumbra cuando llegó, y sólo el leve resplandor azul de las runas de calor iluminaba los utensilios.
Sierra ya estaba allí, como siempre. Rápida, eficiente, implacable en la forma en que cortaba pan y mezclaba ingredientes con un movimiento de muñeca
— Buenos días — murmuró Lyss, mientras se acercaba a preparar las infusiones
— Buenos serían si hubiéramos dormido más — respondió Sierra con una sonrisa apenas disimulada
Hubo un breve silencio, solo interrumpido por el crepitar del fuego rúnico y el burbujeo del agua. Entonces, Aurelyss respiró hondo. Y se armó de valor — Sierra… ¿puedo preguntarte algo? —
— Sabes que siempre puedes — dijo sin dejar de moverse, aunque su tono bajó ligeramente
— Quiero preguntarte… sobre tu cumpleaños. Cuando cumpliste dieciocho años —
La cuchara que Sierra sostenía se detuvo apenas un segundo en el aire. Un gesto mínimo. Pero fue suficiente para que Lyss lo notara
— ¿Por qué quieres saber eso? — preguntó Sierra con un tono ligero, pero sus ojos evitaban los de Lyss
— No te vi por varios días después — insistió ella, suavemente — Nadie me dijo nada. Solo desapareciste. Quiero saber si… si algo cambió en ti. Si sentiste… algo —
Sierra no respondió de inmediato. Se limitó a girar la cabeza hacia la masa de pan que comenzaba a hincharse en el horno de piedra. Su expresión se tensó — No deberías pensar en eso, Lyss. Solo concéntrate en seguir las órdenes. Como siempre —
Pero Lyss no se detuvo. No esta vez — Sierra, por favor. No me mientas. Es mi cumpleaños en unos días… necesito saber —
Un largo silencio se instaló entre ellas. Y finalmente, Sierra dejó la cuchara sobre la mesa. Sus hombros cayeron un poco, como si el recuerdo fuera un peso que aún cargaba
— No fue un día especial — dijo con la voz más baja que Lyss jamás le había escuchado — No hubo cantos. No hubo celebración —
Aurelyss se quedó inmóvil, observando cada palabra que salía de los labios de su amiga
— Me despertaron antes de la media noche. Me arrastraron por el castillo sin decirme nada. Pensé que había hecho algo malo… pero no había hecho nada. Solo había cumplido dieciocho años — Su voz tembló, pero no se quebró — Me encadenaron en los calabozos. Tres días. Runas que anulan la magia, tatuadas a fuego en el metal. No podía moverme sin sentir que se me partía el cuerpo en dos. Había guardias todo el tiempo. No me dejaban dormir. No me dejaban hablar —
Lyss sintió que el estómago se le encogía. El aire de la cocina se volvió más denso. El fuego pareció silenciarse
— ¿Por qué…? — preguntó con la voz quebrada — ¿Por qué te hicieron eso? —
Sierra la miró por fin. Y en sus ojos, Lyss no encontró rabia. Solo un agotamiento denso. Uno que no se borra con el tiempo — Porque el día en que un Sylvaran cumple dieciocho… puede despertar. Y eso los asusta —
Las palabras cayeron como piedra en el pecho de Lyss
Todo lo que había escuchado sobre su cumpleaños, sobre el “gran despertar”, se desvaneció en un instante
No sería una celebración.
No sería un renacer.
Sería una prueba. Un encierro.
Un castigo preventivo por lo que podría llegar a ser
— Querían asegurarse de que no sintiera nada — dijo Sierra finalmente — Y si lo sentía… que no pudiera usarlo. No hasta que se aseguraran de poder controlarnos —
Lyss bajó la mirada. El mundo se sentía más oscuro
Más real
Y ahora lo sabía.
Su cumpleaños no sería un día feliz.
Sería una sentencia.