Una semilla... puede cambiar todo

1735 Palabras
*Narrador* — No entiendo — dijo Lyss, bajando un poco la voz mientras continuaba cortando trozos de pan — No he visto a los Sylvaran manejar magia poderosa. Ninguno de nosotros… no más allá de encender una llama pequeña o hacer que el agua se mueva en una jarra. ¿Por qué temen tanto que despertemos? ¿Por qué evitar tu despertar? — Sierra se detuvo. Su cuchillo cayó suavemente sobre la mesa y ella cerró los ojos por un momento. El gesto fue pequeño, casi imperceptible… pero Lyss lo notó. Había tensión en cada músculo de su amiga, como si aquella pregunta pesara demasiado — Esa respuesta… — empezó a decir, pero se detuvo, apretando los labios con fuerza — Es complicada — Lyss se giró para mirarla, su voz casi una súplica — Debo saberlo. Por favor, Sierra. Quiero entender lo que me espera — Sierra la miró entonces. Por un instante, sus ojos dejaron de pertenecer a la joven criada y se volvieron los de una Sylvaran con conciencia profunda, con miedo contenido… y con una certeza que no se podía borrar — Es… porque si uno de nosotros despierta — dijo finalmente, en voz baja, tan baja que el fuego rúnico casi la cubría — el resto lo hará también — El cuchillo en su mano tembló levemente sobre la mesa, como si la misma magia de la cocina se hubiese estremecido ante sus palabras Lyss frunció el ceño No lo entendía ¿Qué significaba eso? ¿Acaso estaban conectados de una forma que aún no podía comprender? ¿Ella… podría despertar algo más allá de sí misma? Cientos de preguntas comenzaron a golpear su mente, como una lluvia repentina. Quería preguntar. Quería entender Pero no tuvo tiempo Una presencia firme cruzó la cocina y la envolvió en un segundo… Xandra Su mirada era fuego contenido. No dijo nada al entrar, pero con solo una mirada, hizo que Sierra soltara los que tenía en las manos — Hablar de eso aquí — dijo con la voz baja pero cargada de autoridad — les puede costar una semana en el calabozo. ¿Eso quieren? — Su tono no era una amenaza. Era una advertencia. Una realidad dura y clara. Ambas bajaron la cabeza casi al mismo tiempo — No, señora — dijeron al unísono El silencio se apoderó de la cocina Solo el burbujeo del agua y el crujido del pan siendo horneado se atrevieron a llenar el vacío Siguieron preparando el desayuno como si nada hubiese ocurrido. Pero ya nada era igual… Porque ahora Lyss sabía que había algo más. Algo que latía bajo la superficie de todos los Sylvaran, como una semilla dormida… esperando la primera chispa, solo una… para florecer Y tal vez… Esa chispa era ella *** La noche había caído sobre Cindryal, bañando el castillo en tonos azulados y sombras suaves. Las antorchas de cristal parpadeaban lentamente por los pasillos, y el bullicio de la corte se había desvanecido tras los muros cerrados En una de las terrazas más altas del ala este, Andrik y Edrik estaban sentados sobre la baranda de piedra, con la vista puesta en los jardines. El aire olía a madreselva Como ella — Faltan tres días — dijo Edrik, con la mirada fija en el cielo estrellado Andrik asintió sin responder. Estaba jugueteando con una hoja entre los dedos, girándola entre ellos como si necesitara algo físico para contener la energía que bullía bajo su piel — ¿Y si estamos equivocados? — preguntó Edrik después de un momento, su voz baja, más vulnerable de lo habitual Andrik suspiró. No solía dudar. No era su costumbre. Pero esto… esto era diferente — No lo estamos — afirmó al fin — No con lo que sentimos. No con lo que pasa cuando la tocamos. Esa chispa. Esa electricidad. Esa conexión — La habían sentido desde el primer roce. Desde la noche anterior. Y ahora… ya no había marcha atrás — El día que cumpla dieciocho… nuestros lobos la reconocerán — dijo Andrik — Y cuando eso pase, quiero que sea especial para ella. No un momento de miedo o de confusión — — Quiero que lo recuerde como un instante que le pertenezca — añadió Edrik — No como todo lo demás en su vida — Se miraron entonces, compartiendo ese acuerdo silencioso que sólo los gemelos podían entender — Debe ser privado — dijo Andrik — algo que nadie pueda arrebatarle — — Romántico — añadió Edrik, con una sonrisa casi tímida, impropia de él — Sin ruido. Sin corte. Solo ella. Y nosotros… ¿Y si alguien sospecha? — — Nadie lo sabrá. Solo nosotros — respondió Andrik, firme—. Lo organizaremos todo discretamente. Que piense que es una simple tarea o una petición cualquiera. Y cuando llegue… lo tendrá — Edrik cerró los ojos un segundo. La imaginó allí, en ese jardín oculto del ala sur, bajo los árboles centenarios que nadie usaba desde hacía años. Con flores silvestres, con velas encantadas flotando sobre el estanque. Con ellos esperándola. No como príncipes Sino como lo que eran Sus lobos Sus destinados — Nunca ha tenido un día para ella — dijo Edrik, casi en un susurro — Quiero que este lo sea — — Y si al final no lo es… — murmuró Andrik, conteniendo la posibilidad más dolorosa — si no somos sus compañeros… — — Entonces lo habrá tenido igual — dijo Edrik, mirándolo — Y eso ya será suficiente — Ambos callaron. El silencio entre ellos era cómodo, como siempre. Pero esa noche, también estaba lleno de emoción. De una dulce y peligrosa esperanza *** Para Aurelyss, había un día cada ciclo que esperaba con la misma emoción infantil que alguna vez sintió al jugar entre árboles. Un día donde el aire no olía a piedra encerrada ni a comida de castillo. Un día donde el cielo no se veía a través de ventanas altas. El día del mercado Solo dos veces al mes les estaba permitido salir del castillo, bajo supervisión y con un propósito claro: abastecer las alacenas del castillo. Sierra y ella siempre eran las asignadas, en parte porque trabajaban bien juntas… y en parte porque sabían mantenerse “en su lugar” Ese día, ambas llevaban sus túnicas grises de esclavas, los cabellos bien recogidos y, por supuesto, los collares con la inscripción rúnica. “Propiedad de la Corona.” Un recordatorio frío y metálico en el cuello, visible a cada paso Pero aún así… El sol sobre su rostro valía todo Caminaron juntas por las calles adoquinadas del reino, sorteando los puestos de frutas encantadas, de telas que cambiaban de color, de pequeños animales hechos de arcilla que se movían como si tuvieran vida Lyss sonreía — Es el único día en que siento que existo — murmuró, medio en broma, medio en verdad — No digas eso en voz alta — le respondió Sierra con una mirada de advertencia, aunque sonrió también — Si nos escuchan, quizás no haya próxima salida — Lyss asintió. Apretó un poco la cesta contra su pecho y respiró profundamente el aroma del pan recién horneado, las especias flotantes que danzaban en los frascos de vidrio y… el aire Aire real. Aire libre Pasaron frente a otros esclavos. Algunos Sylvaran, como ellas, con los collares brillando al sol. Uno vendía flores que flotaban en pequeñas burbujas de agua. Otra usaba su magia para hacer que la fruta madurara justo en el momento en que era vendida Sus rostros eran calmos, pero sus ojos… cargaban historia — Mira, ahí está Targiz — dijo Sierra, apuntando hacia una herrería de piedra negra que exhalaba calor por cada rendija Targiz era el Sylvaran más fuerte que Lyss conocía. Un hombre mayor, de piel olivácea curtida por el fuego, cabello cano atado en la nuca, y ojos profundos, como brasas dormidas. Su collar parecía más pesado que los demás, como si llevara siglos puesto — Niñas — saludó con un tono grave y amable — Justo a tiempo — Ambas hicieron una ligera reverencia — Venimos por el pedido del castillo — dijo Sierra, estirando la mano para recibir el pequeño paquete envuelto en tela Targiz no se lo entregó de inmediato — Entrégaselo únicamente a Xandra — dijo con voz baja pero firme, sus ojos fijos en Sierra — Claro. Así será — aseguró ella, tomando el paquete con ambas manos, sus miradas tenían cierta complicidad Lyss no prestó demasiada atención al intercambio. Su mente seguía vagando Solo faltaba un día Un solo día — Gracias, Targiz — dijo, sonriendo, aunque su mirada ya estaba perdida en el cielo. En ese azul infinito donde deseaba volar — Espero con ansias tu cumpleaños Lyss — murmuró él como despedida, observándola con más atención de la que ella notó Siguieron su camino, pasando junto a una fuente encantada donde peces de cristal nadaban en círculos eternos, y llegaron al puesto de pan, donde recogieron las hogazas para el desayuno del día siguiente — Estás muy callada — dijo Sierra mientras caminaban de regreso, notando cómo Lyss había quedado atrapada en sí misma — Mañana es mi cumpleaños — respondió ella, en voz baja — Lo sé — susurró Sierra, con una mezcla de miedo y ternura en su voz — Pero no debes asustarte, todo saldrá bien — — Pasar mi cumpleaños encadenada, no suena a algo que saldrá bien — protestó Lyss — Suena peor de lo que es, te aseguro que no será doloroso para ti — Sierra sonrío hacia ella con una mirada de entendimiento, y apoyo, sabiendo que Lyss podría superar eso Y ninguna de las dos dijo nada más, mientras volvían al castillo. El sol siguió brillando. La ciudad seguía viva Pero dentro de Lyss, algo se agitaba, sabía que no era magia porque eso lo sentiría de un modo distinto, pero si era temor, angustia y quizás una pequeña esperanza de que algo iba a cambiar Sierra había dicho que si uno de los Sylvaran despertaba, los demás lo harían… y aunque no entendía muy bien eso, sabía que podía ser una pequeña luz de esperanza para cambiar las cosas, para cambiar la vida de los que amaba… Porque quizás solo necesitara eso, una pequeña chispa de esperanza Una semilla… un llamado antiguo que, aunque aún era apenas un murmullo, pronto se volvería grito
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