Una prisión de hierro

1988 Palabras
*Narrador* La luna estaba alta, velada por nubes suaves que parecían temer mirar hacia abajo. En el interior del castillo, todo era silencio. Demasiado silencio Aurelyss se sentó en su camastro, aún con las ropas del día. No podía moverse. No podía pensar. Y, definitivamente, no podía dormir. Xandra entró en la pequeña habitación sin hacer ruido. Cerró la puerta con cuidado y se acercó con ese caminar suyo, elegante y firme, como si la vida no le hubiese quitado nada — Vendrán por ti antes de la medianoche — dijo, sin rodeos Lyss alzó la mirada, sus ojos grandes y asustados — ¿Antes? Pero yo… — — No será cuando tú estés lista — interrumpió su madre, sentándose junto a ella — Te llevarán a los calabozos. Te dejarán ahí unos días. No pelees. No grites. No intentes luchar contra las restricciones — Su voz era firme, pero temblaba en el borde de las emociones que no se atrevía a mostrar — ¿Y si…? — empezó Lyss, pero las palabras murieron en su garganta Xandra la abrazó con fuerza, una mano acariciándole la espalda — Pasará pronto. Te lo prometo. Aguanta solo un poco más — Ese abrazo fue más fuerte que cualquier armadura. Y más doloroso que cualquier castigo Lyss asintió en silencio Después de eso, su madre se marchó, con pasos suaves, como si no quisiera perturbar la noche más de lo necesario Y Lyss se quedó sola Se tumbó en la cama, pero el techo parecía aplastarla. El aire se espesaba con cada minuto. Su pecho no se expandía. Sus pensamientos la ahogaban. Intentó cerrar los ojos… No pudo Intentó imaginar un lugar mejor… Solo encontró sombras Intentó no pensar en la celda… Fracasó ¿Cómo sería? Oscura Fría Vacía ¿La sentiría su magia? ¿La buscaría? Su respiración se volvió temblorosa. Cada ruido en el pasillo la hacía sobresaltarse. Cada sombra bajo la puerta la helaba por dentro Y entonces los escuchó Los pasos Pesados Marcados Indiferentes Los guardias descendían Tal como su madre había dicho… aún no era medianoche La puerta se abrió sin ceremonia — Levántate — ordenó uno, con voz áspera No le dieron tiempo a reaccionar La tomaron del brazo La levantaron bruscamente Uno de ellos la empujó hacia adelante sin siquiera mirarla No era un ritual… No era un momento sagrado. Era una orden… Era una sentencia Mientras la arrastraban por los pasillos fríos, Lyss giró la cabeza. Por un segundo creyó ver a su madre, de pie, en la sombra de una columna. No dijo nada. No se movió. Solo la observó. Y ese silencio… Fue lo único que la acompañó cuando descendieron al corazón de piedra del castillo Hacia el encierro Hacia el despertar *** Los pasillos del castillo estaban en silencio, sumidos en esa calma ilusoria que antecede a los cambios. En el ala sur, bajo la protección de las viejas glicinas mágicas, todo estaba listo. Velas encantadas flotaban sobre el pequeño estanque. Los árboles del jardín habían sido adornados con cintas tejidas por hechizos de viento suave. Cristales de luz suspendidos entre ramas dejaban caer destellos dorados como lluvia de estrellas. Y en el centro, una mesa sencilla con pétalos de madre selva que Andrik había colocado con sus propias manos Era perfecto Íntimo Solo para ella Edrik, de pie bajo la sombra de un sauce, respiró hondo — No debería estar tan nervioso — dijo con una sonrisa leve — ¿Estás bromeando? — respondió Andrik, ajustando la hebilla de su capa — Estamos a punto de presentarnos ante nuestra posible compañera destinada con flores y postres. Nervioso es lo mínimo — Edrik rió, bajando la mirada. Sus manos, por primera vez en años, temblaban apenas —¿Crees que lo sienta esta noche? — preguntó — Si es ella, lo sabrá. Y nosotros también — respondió Andrik con firmeza, aunque algo en su voz parecía querer convencerse a sí mismo Esperaron el momento preciso El jardín respiraba magia La noche era tibia Y faltaban solo minutos para la medianoche — Vamos a buscarla — dijo Edrik, su tono emocionado Andrik asintió y ambos se alejaron por los pasillos silenciosos del castillo, tomando rutas poco transitadas, evitando los ojos de los centinelas. Nadie debía saber a dónde iban ni por qué Llegaron al ala de los sirvientes con pasos suaves. Abrieron la puerta con cuidado. Y buscaron la cama donde Lyss debía estar durmiendo Pero estaba vacía Las mantas aún estaban ordenadas La habitación… completamente en silencio Edrik frunció el ceño Andrik inspeccionó el cuarto, su mirada aguda examinando cada rincón como si algo allí pudiera explicarlo — ¿Quizás fue a la cocina? — sugirió Edrik en voz baja Buscaron en los pasillos contiguos Luego en el pasillo de los almacenes Luego en los jardines… Luego de nuevo en su habitación Nada Y poco a poco, el entusiasmo comenzó a convertirse en algo más denso. Más pesado. Incertidumbre. Preocupación. Un nudo que se formaba en el pecho sin razón clara. — No está — dijo Andrik, su voz grave — ¿Por qué no está? Hoy… es hoy. Esta noche — Edrik se pasaba las manos por el cabello, inquieto — Tenía que estar aquí — Andrik miró hacia el vacío como si pudiera encontrar respuestas entre las sombras — ¿Y si alguien más… la encontró primero? — Andrik y Edrik caminaban a paso cada vez más rápido por los pasillos del castillo. La inquietud que antes era una punzada se había convertido en una presión constante en el pecho, como si algo en el aire les gritara que algo estaba muy, muy mal — No está en la cocina — murmuró Andrik, con los puños cerrados — Ni en los jardines. Ni en las despensas. Ni en ninguna habitación del ala de servicio —agregó Edrik, su voz ahora tensa, muy lejos de la calma habitual No estaban acostumbrados a no encontrar lo que buscaban. Y eso los desesperaba. — ¿Y si…? — Edrik no terminó la frase. Ni quiso hacerlo — No. No pudieron. Nadie debió tocarla — gruñó Andrik, su voz grave y cargada de una furia naciente Giraron por el pasillo lateral, bajaron al corredor que daba al ala de los sirvientes, y fue allí donde vieron a Xandra Caminaba sola, con una cesta en brazos, como si fuera solo una noche más. Pero los gemelos la interceptaron al instante — ¿Dónde está? — preguntó Andrik sin preámbulos Xandra los miró con esa calma suya, imperturbable. Pero sus ojos traicionaban el cansancio. La tensión — No podrán verla durante unos días — respondió simplemente, sin alterar el tono de su voz — ¿Qué significa eso? — preguntó Edrik, dando un paso al frente — Hoy es su cumpleaños. Teníamos… — — Tenían un plan — interrumpió Xandra, bajando la mirada por un momento — Lo sé — — Entonces… ¿por qué no está en su habitación? ¿Dónde la tienen? — insistió Andrik, con la voz apretada Xandra inspiró hondo. Cerró los ojos un instante. Cuando los abrió, su mirada era firme, más dura que antes — Escúchenme bien majestades — dijo, en voz baja pero cargada de gravedad — Si continúan buscándola, la pondrán en peligro. Más de lo que ya está — Los gemelos se quedaron en silencio — Ustedes son príncipes. Si rompen una regla, nadie los castigará — continuó — Pero ella… Ella recibirá cada golpe. Cada azote. Todo caerá sobre ella — Edrik apretó los dientes. Andrik miró hacia el suelo, con los ojos encendidos por una ira muda — No podemos quedarnos de brazos cruzados — susurró Edrik — Sí pueden — corrigió Xandra — Deben hacerlo. Solo por unos días. Les juro que está bien… tanto como puede estarlo en este momento — Los hermanos no se movieron. No hablaron. Pero sus corazones ardían. Xandra se acercó, su tono suavizado apenas. — Ella los necesita… pero no así. No si el precio es su libertad… o su vida — Les sostuvo la mirada unos segundos más. Luego, sin añadir una palabra más, giró y se marchó por el pasillo, dejándolos allí, de pie, atrapados en una red de poder, impotencia y rabia La noche había comenzado con una promesa. Y terminaba con un vacío imposible de llenar. *** Los guardias arrastraron a Lyss por pasillos que descendían cada vez más profundo en el castillo, hasta que la luz se volvió una memoria lejana. La piedra fría, las antorchas mortecinas y las paredes húmedas parecían susurrar advertencias al pasar Cuando finalmente se detuvieron, frente a una enorme puerta negra con grabados rúnicos que brillaban tenuemente, Lyss sintió el miedo agarrarle la garganta con tanta fuerza que le dolió respirar Al abrirse las puertas, lo primero que Lyss vio fue a la reina Alessia, en pie, majestuosa e inexpresiva. Su vestido oscuro apenas resaltaba contra las sombras. Sus ojos, fríos como hielo antiguo, observaban a Lyss con calma absoluta — Bienvenida, Aurelyss — dijo la reina, con un tono bajo y casi dulce, que hizo que Lyss se estremeciera más profundamente — Sé que pronto iniciará tu despertar. Y al ser probablemente la última oportunidad real de los Sylvaran… decidí hacer algo especial para ti — Los ojos de Lyss bajaron lentamente, movidos por un temor profundo, hasta que se clavaron en el objeto en el centro de la habitación Un ataúd de hierro. Metálico. Cruel. Las estacas que sobresalían en su interior parecían colmillos esperando carne. Centenares de runas brillaban débilmente en toda su superficie, listas para apagar cualquier chispa de magia que intentara surgir dentro de ella El cuerpo de Lyss empezó a temblar — No… por favor… — murmuró instintivamente, aunque sabía que la súplica era inútil Los guardias no esperaron una orden adicional; la arrastraron al ataúd. Lyss intentó resistirse débilmente, pero fue en vano. La colocaron con brutal indiferencia, y enseguida sintió el frío de las puntas afiladas presionando su piel, hundiéndose lentamente en ella No fue exactamente doloroso… aún Pero sí profundamente incómodo, desesperante, agobiante Estaba aterrada Miró hacia arriba y vio que la tapa también tenía puntas afiladas, esperando pacientemente. Las runas de contención brillaban ahí con más intensidad. Su cuerpo entero comenzó a sacudirse con temblores que no podía controlar Pero no protestó. No se atrevió. Conocía la furia de Alessia. Sabía demasiado bien que suplicar solo empeoraría su destino. La reina levantó una mano, y su voz resonó con indiferencia glacial — Cierren el ataúd — La tapa bajó lentamente. Lyss jadeó, sintiendo las estacas superiores presionar su cuerpo con precisión quirúrgica. Finalmente, con un eco de hierro y magia, la oscuridad se apoderó de ella por completo No podía moverse. No podía girarse ni ajustarse, atrapada en una prisión de dolor y sombras. Cada respiración resonaba dentro del ataúd con claridad infernal, un sonido constante que parecía burlarse de su desesperación. La sensación de las estacas, lentamente perforando su carne, la hizo querer gritar hasta perder la voz Desde afuera, la voz calma de Alessia llegó amortiguada, distante, fría — Me quedaré aquí la primera hora. Necesitamos asegurarnos de que no sea ella… — Su voz se interrumpió brevemente por otras voces, entrando a la habitación — Si algo falla… — Lyss ya no logró escuchar más. Su mente estaba nublándose. Su cuerpo se sentía roto, pesado, inútil. En medio de esa tortura lenta, Aurelyss cerró los ojos, aunque no hiciera diferencia en esa oscuridad absoluta, y esperó Solo esperó, conteniendo la respiración, con el cuerpo rígido por la tensión y el dolor constante de las estacas perforando su piel. En cualquier momento, pensó, comenzaría. El fuego. El dolor intenso. La magia despertando y ardiendo dentro de ella, llenándola con poder, cambiándola para siempre. Esperó en silencio, aterrada pero preparada. Esperó hasta que sus músculos dolieron. Esperó mientras cada segundo se alargaba hasta el infinito
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