Esperó mientras cada segundo se alargaba hasta el infinito
Pero no pasó nada.
Ningún fuego mágico abrasó su cuerpo desde adentro.
Ningún destello iluminó la oscuridad.
Ninguna magia respondió a su llamado desesperado.
Solo había silencio.
Solo había dolor.
Solo había vacío.
Desde afuera del ataúd, escuchó la voz impaciente y fría de la reina Alessia, amortiguada pero clara en su desprecio contenido — Ya debería haber comenzado — dijo con voz gélida — ¿Por qué no sucede nada? —
Lyss sintió cómo el miedo que había crecido en su pecho comenzaba a transformarse en algo más profundo y más doloroso: decepción
Una decepción absoluta.
Desde fuera, Alessia suspiró con evidente hastío — Quizás es más débil de lo que pensamos — comentó con aburrimiento evidente, casi como si hablara consigo misma — O peor… quizás ni siquiera tiene magia. Una lástima, realmente. Había esperado más —
Lyss sintió esas palabras hundirse en ella con más fuerza que cualquier estaca. La humillación quemó su alma más que cualquier fuego mágico que hubiera esperado. Las lágrimas comenzaron a rodar silenciosas por sus mejillas, sin que ella pudiera evitarlo.
Estaba rota.
No por el dolor físico.
Sino por el vacío de lo que debió ser y no fue.
Afuera, la reina Alessia permaneció otra hora completa esperando. Observando con paciencia cruel, mientras Lyss, atrapada e inmóvil, solo podía escuchar su respiración entrecortada, resonando eternamente en la oscuridad.
Pero la magia no llegó.
El despertar nunca sucedió.
Lyss comprendió lentamente, con el corazón pesado, que quizás nunca pasaría. Tal vez era cierto: ella era débil, insignificante, incapaz.
Y esa noche… cumplió dieciocho años en medio del más absoluto vacío.
Para Aurelyss, el tiempo perdió todo significado dentro de aquella prisión de hierro.
Las horas no existían.
La luz no existía.
Solo existía el silencio absoluto y el dolor constante de las estacas perforando lentamente su piel. La sed llegó primero, quemándole la garganta hasta sentirla en carne viva. Luego el hambre, ese vacío frío en el estómago que se transformó rápidamente en náusea. Pero peor que todo eso era la imposibilidad de moverse siquiera un poco. Su cuerpo atrapado, sus músculos rígidos, inmovilizados en una posición insoportable, interminable.
Los pensamientos iban y venían, cada vez más oscuros, cada vez más derrotados.
“¿Por qué no despierto? ¿Por qué no siento nada más que este frío y esta agonía?”
Había perdido la cuenta de cuánto tiempo llevaba allí. No sabía si dormía o simplemente perdía la consciencia, flotando en algún limbo entre el sueño y la realidad.
La única certeza era que su magia no había llegado.
No había llamas ni temblores.
Ninguna señal de vida, ninguna esperanza.
Solo ella, su respiración agónica resonando en la oscuridad absoluta, y el metal frío, implacable, clavándose más profundamente con cada movimiento involuntario.
Entonces, en algún punto del segundo día, el silencio se rompió abruptamente.
Primero fue lejano.
Voces que llegaban como murmullos.
Luego, más cerca.
Más fuertes.
Más furiosas.
Lyss se esforzó en abrir los ojos, aunque seguía atrapada en la oscuridad absoluta, preguntándose si su mente finalmente se había quebrado por completo. Pero no, las voces eran reales. Y eran voces que ella conocía muy bien
—¡Abre la maldita puerta! —gritó Andrik, su voz cargada de furia apenas contenida.
—¡Es una orden, maldita sea! —rugió Edrik con una ira que Lyss jamás había escuchado antes, profunda y ardiente como el fuego.
Lyss sintió que algo dentro de ella se movía de nuevo, algo pequeño, pero fuerte, impulsado por la desesperación y por esas voces que, aunque lejanas, rompían el silencio insoportable en el que había vivido esas últimas horas
Quiso gritar, quiso pedir ayuda, quiso llamarlos. Pero su garganta estaba demasiado seca y destrozada para emitir siquiera un susurro.
Sin embargo, ellos seguían allí. Podía escucharlos peleando con los guardias, exigiendo respuestas, exigiendo verla.
Por primera vez en dos días, Aurelyss sintió un poco de calor en el pecho.
No era magia.
Era algo aún más poderoso
Era esperanza.
La esperanza que solo esas dos voces podían traer.
***
Andrik estaba sentado frente a la mesa del desayuno con el estómago cerrado y los músculos tensos. Ni él ni Edrik habían tocado la comida. Aurelyss llevaba dos días sin aparecer, dos días de ansiedad creciente que empezaba a volverse insoportable
Entonces, con la calma fría que caracterizaba cada palabra suya, la reina Alessia rompió el silencio — Creo que la sucesión del trono debe cerrar el tratado con los elfos — dijo mirando al Rey Orzon
— La princesa Eris llegará en un par de días — habló el Rey mirando a sus hijos — alguno de ustedes deberá casarse con ella, y espero que tomen a una dama de la nobleza como esposa, ambos cerraran los tratados diplomáticos con estos matrimonios —
Andrik levanto la mirada hacia su padre — ¿Qué pasa si tenemos una pareja destinada? — preguntó con la voz seria, cargada de emociones contenidas bien ocultas
— Han pasado dos años buscando a su pareja destinada, no podemos seguir esperando… — añadió la reina con una mirada de advertencia
— Eso no lo deciden ustedes — dijo Edrik con la mirada gélida — una pareja destinada es un designio de la diosa, no hay ninguna autoridad en este mundo que pueda desafiar ese vínculo —
— Bien, si encuentran una pareja destinada podrán tenerla… pero esos tratados deben cerrarse. No serian el primer rey en tener concubinas — afirmó Orzon
Andrik y Edrik no siguieron discutiendo, seguros de que una vez que sus lobos reconocieran a Aurelyss como su pareja destinada, no habría modo alguno de que los obligaran a casarse con otra
— Parece que la última oportunidad de los Sylvaran ha resultado ser un fracaso absoluto — comentó Luna Alessia, tomando tranquilamente un sorbo de té
Andrik apretó el tenedor con fuerza mientras veía cómo su padre, asentía complacido. Ellos no estaban de acuerdo en el trato hacia los esclavos, pero poco podían hacer contra una sociedad que estaba demasiado corrompida por poder
— Era la última posibilidad — añadió Orzon, con una sonrisa satisfecha — Si no es ella, podemos decir con certeza que el linaje real de los Sylvaran está extinto —
Andrik sintió un escalofrío recorrer su columna. Miró de reojo a Edrik, que había palidecido visiblemente. Pero mantuvo su expresión firme, decidida, ellos sabían muy bien lo que eso significaba, que los Sylvaran jamás recuperarían su poder, o cualquier posibilidad de libertad
— Siempre sospeché que habían escondido a su heredero — continuó la reina, indiferente, como si hablara del clima — Pero parece que ninguno de los tres era realmente del linaje real —
Edrik tomo un sorbo de agua — ¿Los tres? — preguntó curioso
— Según nuestra información, había tres niños con la edad como para coincidir con el heredero desaparecido: Ryu, Sierra y Aurelyss. Los tres Sylvaran más jóvenes que quedaron vivos después de la conquista — explicó la reina
— ¿Y cómo descartaron a los otros dos? — preguntó Edrik, con tono controlado, aunque su voz temblaba apenas perceptiblemente por la rabia contenida
— Ambos fueron evaluados al cumplir los dieciocho — respondió Alessia con una calma fría, casi clínica — Ninguno mostró un despertar excepcional. Aurelyss era nuestra última candidata. Y ayer confirmamos que tampoco ella es heredera del linaje real. Una lástima… invertí mucho tiempo en esa celda especial —
La mirada de Andrik ardió con ira contenida… ¿Celda especial?
La idea de Aurelyss atrapada, sufriendo mientras ellos buscaban inútilmente… era demasiado
— ¿Cómo exactamente lo comprobaron? — preguntó Andrik con voz tensa, al borde de romperse
La reina apenas alzó la ceja, divertida por la pregunta
— La encerramos en un ataúd especial, lleno de runas anuladoras — respondió con un leve encogimiento de hombros — El heredero real habría despertado aún con esas condiciones. Pero Aurelyss… no mostró ninguna reacción. Nada de magia. Nada excepcional —
Andrik sintió que algo dentro de él se rompía. Su respiración se aceleró mientras miraba a su madre, incapaz de creer su indiferencia, su crueldad
No podía quedarse sentado un segundo más
Se levantó abruptamente, golpeando la silla con tanta fuerza que el sonido resonó en la sala. Edrik lo imitó de inmediato, con la misma furia ardiendo en sus ojos.
— ¿A dónde se supone que van? — preguntó la reina siguiéndolos
— A verificar si lo que dices es verdad — contestó Andrik sin detenerse
Ambos hermanos abandonaron el comedor sin decir una palabra más. Sus pasos resonaban con fuerza por los pasillos del castillo, rápidos y decididos, mientras se dirigían hacia el único lugar posible
Hacia los calabozos.
Hacia Aurelyss.
Hacia su destinada, quien llevaba dos días sufriendo en la oscuridad por culpa de la misma familia que los educó para gobernar
Y esta vez, no había fuerza en el mundo que pudiera detenerlos.
Los pasos de Andrik resonaban como tambores de guerra contra el suelo de piedra. La ira latía en sus venas, ardiente y salvaje, mientras él y Edrik descendían con furia hacia las entrañas del castillo.
Los guardias apostados frente a la celda retrocedieron de inmediato, reconociendo la determinación peligrosa en los ojos de los príncipes. Andrik ni siquiera les dio tiempo a reaccionar antes de ordenar con voz imperiosa — ¡Abran la celda! ¡Ahora! —
— Pero Majestad, tenemos órdenes estrictas de la rei.. —
— Ábranla o los mataré aquí mismo — gruñó Edrik con un tono tan letal que el guardia palideció al instante, apresurándose en cumplir la orden
Las puertas del calabozo se abrieron con un crujido oxidado, revelando una habitación fría, oscura, iluminada apenas por las runas que brillaban suavemente en el horrible ataúd metálico del centro
Andrik avanzó rápidamente hacia él, con Edrik a su lado, ambos consumidos por una furia apenas contenida. Juntos, sin dudarlo, levantaron la pesada tapa
El corazón de Andrik se detuvo
Lyss estaba allí, inmóvil, débil, atrapada por decenas de estacas clavadas superficialmente en su cuerpo. Estaba pálida, demacrada, con la respiración superficial, casi al borde de la inconsciencia. Su cabello pegado al rostro por el sudor y la humedad, sus labios resecos y partidos por la sed
— Lyss… — susurró Andrik con la voz quebrada por primera vez en años. Con mucho cuidado, él y Edrik retiraron las estacas lentamente, tratando de no lastimarla más
En el instante en que Andrik tocó su piel, esa chispa eléctrica, cálida e intensa, volvió a recorrerlo. Edrik también la sintió, y ambos cruzaron una mirada cargada de expectativa
Este era el momento. El instante en que sus lobos la reconocerían, el instante en que su destino quedaría sellado
Lyss, luchando por mantener los ojos abiertos, levantó lentamente la mirada hacia ellos, agotada, casi quebrada
Las miradas se cruzaron
Los corazones se aceleraron
Y…