Las antorchas del Gran Salón brillaban con una intensidad casi irreal. El aire olía a incienso, vino y flores mágicas traídas desde Luminaris, y los músicos tocaban sin cesar una melodía solemne mientras los nobles, alfas y elfos se alzaban de sus asientos. La ceremonia había alcanzado su punto culminante. El rey Orzon, con su presencia colosal e indiferente, se mantenía sentado en su trono, observando el espectáculo con aire aburrido. A su lado, la reina Alessia sonreía para los presentes, pero sus palabras eran para él — Lo expusieron todo por esa esclava… la marcaron, Orzon. Marcaron a Eris. Si no actuamos con inteligencia, el consejo de ancianos cuestionará la legitimidad de su ascenso — El rey no respondió. Solo bebió de su copa con desinterés En el centro del salón, los gemelos

