Durante los siguientes días, Lyss permaneció recluida en su habitación, aliviada pero confundida por la inesperada indulgencia que le habían otorgado. No era común recibir esa clase de consideraciones, especialmente tratándose de ella, por lo que secretamente sospechaba que quizás los gemelos habían intercedido en su nombre. Este pensamiento alimentaba una frágil esperanza en su corazón; tal vez no todo entre ellos estaba perdido. Sin embargo, cada vez que Xandra o Sierra entraban a su habitación con comida o agua, Lyss sentía que una sombra oscura crecía dentro de su pecho. Las marcas frescas, los golpes nuevos que se esforzaban por ocultar... eran pruebas claras y dolorosas de que algo terrible estaba ocurriendo. — ¿Qué te pasó, Sierra? — preguntó Lyss con voz quebrada al verla entrar,

