Eran las nueve de la noche. Mackie había tardado solamente dos horas en conducir para visitar a una amiga en otra ciudad. Su destino era un departamento en una zona costera. Toc, toc, toc. ¡Clic! —¡Vaya, Mackie, qué rápido llegaste! Pensé que llegarías tarde. —Tenía trabajo por aquí, así que pensé en pasar. —¿Te vas a quedar esta noche? —Sí, me quedaré esta noche. Podemos salir mañana. —¡Genial! He estado hasta el cuello de trabajo últimamente, trabajando hasta tarde todas las noches. Mañana es mi día libre, así que podemos salir. —Claro, pero ¿podrías preparar algo de comer? Estoy muerto de hambre. —Claro, haré unos fideos. —¿Fideos otra vez? —¿Qué más quieres? ¡Sabes que no soy buena cocinando! ¡Ja ja! —Ja ja, está bien, está bien. De acuerdo, los fideos estarán bien. Estoy m

