Cuando nos acercamos corriendo a la habitación donde se supone estaría el cuerpo frío e inerte de su mujer, la vimos sentada en la cama, visiblemente recuperada y con una gran sonrisa. Ambos nos quedamos boquiabiertos por aquella situación pues le había entendido que su mujer acababa de fallecer, pero no era así. Él sin dar tiempo a más se echó a los brazos de su amada y la abrazó fuertemente mientras esta le devolvía el gestó. ―Pero ¿qué ha pasado? ―pregunté sin entender la situación. ―No me lo puedo explicar ―contestó el especialista―. Estábamos recogiendo ya todo el equipamiento para desalojar el cuarto y dejarlo para el próximo paciente cuando de repente y sin saber por qué, ella abrió los ojos y preguntó por su marido. Aquella pareja parecía absorta en su abrazo y ni siquiera aten

