El primer día fue una mezcla de nervios, incertidumbre. Fiona no veía señas del dichoso joven amo, ceo de su propio imperio, ya sabe que trabajar ahí no será fácil, pero debe aguantar lo más que pueda.
Fiona no podía dejar de mirar todo a su alrededor, maravillada y, al mismo tiempo, asustada. Cada rincón era un recordatorio de lo lejos que estaba de su antigua casa, de lo difícil que había sido llegar hasta aquí. Ese mismo día se instalo luego de dar un vistazo a gran parte de la casa. Había llegado con su hermanito Mateo de seis años y una maleta de esperanzas que ahora se sentía cada vez más pesada con el paso de los minutos.
Era una mañana fría cuando todo comenzó. Estaba en su nueva habitación, intentando que Mateo se sintiera cómodo con aquel cambio de escenario.
—Hermana, voy al baño.
—Si, ve...voy a preparar al desayuno.
Mateo se va al baño cerrando la puerta detrás de él. Cuando escuchó unos pasos que hicieron que el corazón le latiera más rápido. No era un paso cualquiera; era seguro, autoritario y fuerte, un paso que te hacía saber que la persona que lo daba no era una cualquiera. Antes de que pudiera reaccionar, escuchó una voz detrás de ella de pie en el umbral de la puerta.
—¿Tú eres la nueva?
Fiona se giró de golpe, y ahí estaba él: un hombre alto, con el cabello claro con mechoncitos rubios ligeramente mojados, envuelto en una toalla que se ajustaba con naturalidad a su figura. Su expresión era dura, con una ceja arqueada que la miraba con desconfianza, aunque tenía un rostro de angel, parecía tener un alma negrecita como si él mismo demonio hubiera descendido de las brazas del Hades ( muerte). Sus ojos marrones eran profundos, fríos, casi como si pudieran atravesarla.
Fiona traga saliva, sintiéndose como una niña perdida bajo la mirada de aquel hombre semidesnudo.
—¡Sí! Soy yo! —dijo con un hilo de voz, sintiendo cómo el nerviosismo le quemaba la garganta, ella se pone de pie—. Soy Fiona Moreno. Estoy aquí para servirle. ¿Desea algo? Ya iba a bajar para hacerle café y el desayuno.
El tipo la miró con el ceño fruncido, examinándola como si fuera un objeto más que una persona.
—Espero que no me defraudes. No soporto a la gente que no sabe lo que hace, ni a los ladrones —dijo con una voz cortante, como si estuviera preparando una especie de sentencia.
Sin darle tiempo para responder, simplemente se dio la vuelta y se fue, dejándola ahí, en un mar de nervios y preguntas.
—Si...gracias...adiós...
Fiona no tenía idea de qué tipo de trabajo le esperaba. Pero una cosa tenía clara: aquel tipo era exactamente como le habían dicho. Arrogante, dominante, con ese aire de poder que se respiraba en cada paso que daba.
—"¿Que le cuesta actual como alguien normal? Hola señorita Moreno, bienvenida, adiós señorita Moreno que tenga un buen día"—murmura haciendo muecas para tratar de imitarlo con voz ronca de hombre".
Por supuesto, este no sería un encuentro casual. Al poco tiempo de instalarse y organizar algunas cosas en su habitación, lo vuelve a ver dos días después. Y justo ahí, en la cocina, como si el destino quisiera que fuera aún más incómodo, ella lo saluda y él se queda callado mientras observa el periódico, con su taza de café en la mano.
Ese era Lex. Se ve frente a ella como si el mundo le perteneciera. Alto, con ese cabello chorreando en el rostro, unos rasgos que expresaban una especie de dureza innata. Una presencia que hacía que todo en el aire se sintiera tenso.
Fiona no tuvo tiempo para reaccionar.
—¿Puedes atenderme ya que bajas tarde y tuve que prepararme yo mismo mi café? —pregunta de manera directa, casi como si estuviera interrogándola.
Fiona sintió que el estómago le dio un vuelco.
—¡Ah! Sí… perdón…ajustaré mi alarma —balbucea.
Antes de que pudiera decir algo más, Lex avanzó hacia ella con un gesto firme.
—No me hagas perder el tiempo —dijo simplemente, con una voz tan cortante que Fiona tuvo que contener un escalofrío—ve a mi habitación y tráeme mi maletín y mi saco beige.
Con ese último comentario, ella corrió a su habitación, su maletín y el saco estaba sobre la cama. Y así, de manera abrupta, tomo sus cosas y se fué. Y Fiona se quedó ahí, sintiéndose como un naufrago en un mar de incertidumbre.
De ahí en adelante, todo sería un aprendizaje: entender cómo funcionaban las reglas de aquella mansión, cómo mantenerse a salvo de aquel tipo tan autoritario y a la vez satisfacer las expectativas de un trabajo que no comprendía del todo. Paso ese día y no lo volvió a ver. A media noche escuchó la puerta principal abrirse y era él, muy tomado. El olor a alcohol le subía por los poros cuando ella corrió a recibirlo por si necesitaba algo.
—Buenas noches joven amo ¿desea le prepare algo de comer o un baño?
—Estoy bien, no te molestes, regresa a tu cama.
Ella ve como el sube a su habitación y cierra la puerta detrás de él.
Al siguiente día, ella se despertó más temprano. La casa era bonita, dos habitaciones muy cómodas, un comedor impresionante y un salón con una chimenea que parecía sacada de una revista de diseño.
Estaba limpiando un poco la habitación del joven amo, con sus manos temblorosas y un nudo en el estómago, ella pensó que se había ido porque la cama estaba tendida, cuando de repente escuchó unos pasos. Estos eran distintos, mucho más seguros, y provenían de una dirección que no podía ignorar. Antes de que pudiera reaccionar, lo vió salir del baño. Con una toalla alrededor de la cintura, cabello húmedo y la expresión de siempre en su rostro, ahí estaba él: Lex.
Fiona no pudo evitar darse la vuelta de golpe.
—¡Perdón! —exclamó de inmediato, tratando de alejar su mirada—. ¡Lo siento! ¡Pensé que ya se había ido! Saldré para que se vista.
Se sintió como una niña expuesta, vulnerable, mientras su corazón latía a mil por hora. Lex la miró con esos ojos profundos que eran tan intensos, tan fríos, que sentía que podía leer sus pensamientos.
—Espera —dijo con su tono dominante, deteniéndola—. No te vayas. Imagino que no eres una niña. Si lo fueras, mi padre no te habría contratado.
Fiona no tuvo otra opción. Sintió que todo en su interior le decía que debía quedarse, aunque quisiera desaparecer de ahí.
—Quiero que busques mi traje. Está en el vestidor. Trae cualquiera que sea oscuro—Le señala la dirección con una mirada dura—. Rápido.
Fiona tragó saliva otra vez, sintiéndose como una marioneta en sus manos, pero obedeció sin cuestionarse nada.
El vestidor era una de las cosas más grandes que había visto en su vida. Un espacio elegante, amplio, con muchos trajes caros y perfectamente colgados. Logró encontrar el que parecía el indicado y lo llevó hacia donde él estaba.
Cuando regresó con la prenda, Lex le miró, todavía con esa misma expresión autoritaria. El se había quitado la toalla, y aunque tenía ropa interior ella no pudo evitar sonrojarse al verlo, no sabe si ha visto mal, no puede creer que "eso" sea tan grande, él se vistió rápido frente a ella.
—Arregla mi corbata y pásame mi maletín.
Fiona sintió que un escalofrío le recorrió la columna. No era una tarea sencilla; sus manos temblaban mientras intentaba atar la corbata de la manera más rápida posible.
Finalmente, le entregó el maletín con una mezcla de miedo y nerviosismo.
Lex lo tomó sin un comentario y le ordenó algo más:
—Mantén la habitación, el despacho, todo limpio. Sin una mota de polvo. Sin un error. Y que quede claro: no toques mis documentos, sé cómo dejó todo.
Con ese último mandato, se retiró, dejándola sola en una mezcla de temor y desconcierto. Fiona se quedó ahí, sintiéndose como si estuviera atrapada en un sueño que no podía controlar.
—Esto no es lo que imaginé… —susurra para sí misma, sintiendo cómo el peso de la realidad se le venía encima—Aunque puedo acostumbrarme a esa vista en las mañanas.
Después de recibir el itinerario de trabajo de manos de Isla Carter, su secretaria y asistente en el trabajo, Fiona sintió una combinación de ansiedad y determinación. No podía permitirse simplemente pasar los días sin un plan claro. Sabía que cada momento contaba y que si realmente quería mantenerse en la casa, debía hacer todo lo posible para entender la rutina de Lex y demostrar que podía manejar las responsabilidades que se le asignaran.
Con esa idea en mente, se levantó de la cama y fue hacia el despacho de Lex. Estaba organizado, con libros, documentos y varios objetos que parecían cuidadosamente acomodados, pero lo que le llamó la atención fue una agenda vacía de aspecto profesional.
Sin dudarlo, la tomó al verla vacía. Era una herramienta perfecta para organizar sus pensamientos, tareas y descubrir todo lo que podía sobre su nuevo jefe y su entorno de trabajo.
Se sentó en su habitación y comenzó a escribir con calma, tomando notas de cada detalle que consideraba importante. La agenda era su nuevo recurso personal para asegurar que no dejaría ningún detalle al azar.
Con una mano firme y concentrada, Fiona escribió en su agenda lo siguiente:
• Horas de regreso de Lex a la mansión.
• Sus comidas favoritas.
• Sus bebidas favoritas.
• Su color favorito.
• Qué le gusta y qué le molesta.
Cada uno de estos detalles era clave para anticipar sus necesidades, ganar confianza y encontrar formas de relacionarse con él de manera eficiente. Si podía aprender sus patrones de comportamiento, tendría una ventaja en la relación profesional que estaba intentando establecer con el CEO cascarrabias.
Pero no se detuvo ahí. Sabía que no podía simplemente investigar a Lex desde una distancia. Necesitaba hablar con las personas que trabajaban en la mansión principal, quienes posiblemente podrían darle información valiosa. No sería una tarea fácil, pero era parte de su plan para asegurarse un futuro estable para su hermano y su nuevo hogar.
Así fue como decidió que el primer paso sería conversar con algunos empleados clave. Sabía que tenían la información necesaria para entender cómo funcionaba todo en ese gigantesco espacio de poder y autoridad.
Fiona anotó una lista de empleados importantes en su agenda. Su objetivo era hablar con ellos, no solo para conocer los hábitos de Lex, sino también para establecer una buena relación con cada uno. A continuación, escribió los nombres de las personas que consideraba clave:
1. Hunter King - Seguridad privada de Lex. Era fundamental entender cómo funcionaba el sistema de seguridad y qué esperaban de ella en términos de su rol dentro de la mansión.
2. Austin Hale - El chef principal de la mansión. Conocer sus horarios de comidas y su relación con Lex podría ser una gran ventaja, ya que a Lex le gustaban ciertos menús y comidas que podrían facilitar su integración.
3. Nina Hayes - Una de las sirvientas principales y de las más antiguas. Ella podría ayudarle a comprender las rutinas internas y las expectativas que Lex tenía para sus empleados.
4. James Carter - El chofer de Lex. Era importante tener una relación con el chofer, pues podía darle información sobre las salidas de Lex y su rutina diaria.
Con esos nombres bien anotados en la agenda, Fiona sintió que había dado el primer paso hacia el control de su nueva vida. Cada uno de esos nombres sería clave para construir su estrategia y asegurarse de que Lex viera en ella una trabajadora eficiente y confiable.