Lex vuelve a casa esa noche cargando el peso de la culpa y la frustración sobre sus hombros. La jornada había sido un desastre absoluto: uno de los proyectos más ambiciosos de la empresa había colapsado, dejando un agujero millonario en el presupuesto. El equipo estaba en crisis, y aunque no era enteramente su culpa, Lex sentía que el fracaso llevaba su nombre grabado en mayúsculas. Al cruzar la entrada de la mansión principal, no saluda a nadie. Pasa los jardines y llega a su casita. Apenas se quita los zapatos al entrar a su habitación pesadamente, cada paso resonando con su estado de ánimo. En su habitación, deja caer el portafolios sobre el suelo y se sienta al borde de la cama, frotándose el rostro con ambas manos. —Carajos... Está tan perdido en sus pensamientos que no se da cuen

