Lex salió de la habitación de inmediato, con su mandíbula apretada y el ceño fruncido. Se sentía ofuscado, un fuego que no lograba extinguir, pero también un cúmulo de emociones que lo desbordaba. Era frustración, deseo y algo que no quería admitir como vulnerabilidad. ¿Por qué demonios la deseaba? ¿porque cayó en ese jueguito del gato y el ratón? Caminó hacia la puerta principal de la casa, saliendo al aire fresco con un impulso casi desesperado de despejar su mente. Afuera, el sol apenas atravesaba el cielo a la mitad, proyectando sombras alargadas sobre el jardín. Lex cerró los ojos por un momento, respirando profundamente, intentando calmarse. Pero en lugar de relajarse, su mente seguía regresando a Fiona a su intimidad, a sus gemidos endemoniados a su mirada cautivadora, a su expres

