Capítulo 5

1915 Palabras
Cordelia bajo a la planta inferior por una escalera secundaria que daba directamente a la cocina, dispuesta así por su madre, para que tanto los señores como sus hijas, pudieran ser atendidos con rapidez al llamado de la campanilla, pero ella sospechaba que el motivo principal era mantener vigilada la servidumbre. La cocina era el segundo espacio más grande de la casa, a Cordelia le encantaba compartir con los empleados, aunque algunos se habían jubilado, a la mayoría los conocía desde niña, siendo la consentida siempre era recibida con afecto, para Emma y sus padres solo respeto y ceremonia. En ese momento paseo la mirada por la cocina, observando la escena. Vio a Ada la cocinera revolviendo su estofado, a cuatros doncellas, Margareth la doncella personal de su madre, Hannah doncella de la casa, Lucy la doncella de Emma y Hester su propia doncella moviéndose apresuradas, al señor Harry, secretario de su padre degustando un café sentado en una esquina, la ama de llaves la señora Rose preparando los últimos detalles de la cena y su esposo George el mayordomo que entraba y salía llevando copas. Tan ensimismada estaba que dio un pequeño salto, al escuchar el pequeño grito contenido de entusiasmo de Ada, la cocinera una señora parlanchina, obesa y con el cabello rubio platinado por las canas. — ¡Ay, Señorita Cordelia, que hermosa está usted! Todos detuvieron sus labores, se volvieron a mirarla, al mismo tiempo exclamaron: —¡Oh que bella, señorita Cordelia! —¡Que hermosa señorita! —¡El vestido le queda precioso! —¡Señorita Cordelia, que esplendida! —¡Oh, que cambiada esta, increíble! —¡Ay, señorita que linda! Cordelia que no estaba acostumbrada a ser objeto de atención de tantas personas, se ruborizo incomoda, sin saber que decir. Lucy una chica delgada de cabello oscuro sobrina de la señora Rose, que tenía una personalidad bastante imprudente, lo que con regularidad le ocasionaba reprimendas de parte de su tía, fue la primera en acercarse y tomándolas de las manos le dijo: —¡Cordy, que bien te queda el vestido de la señorita Emma! El ama de llaves y el mayordomo gritaron al mismo tiempo. —¡LUCY! —La señora Rose furibunda se acercó y la sujeto del brazo increpándola. —¡Como te atreves! ¿Ves porque siempre te metes en problemas con la señora?, dirígete con respeto, tanto para ti como para todos es ¡LA SEÑORITA CORDELIA! —¡Pero tía…!—comenzó a protestar Lucy, pero al ver la mirada retadora de su tía, cerro la boca y con la cabeza baja, volvió a su lugar. La señora Rose junto con Martha era las empleadas más antiguas de todos, apretándose las manos con nerviosismo y cara de angustia se dirigió, a Cordelia. —¡Lo siento mucho Señorita, disculpe usted, esta chica es tan descocada! Cordelia que había visto todo con diversión, con una gran sonrisa le quitó importancia al asunto. —No se preocupe Señora Rose, los conozco desde siempre, por lo tanto los considero mis amigos y en reiteradas veces les dicho que pueden llamarme Cordy, excepto en presencia de mi madre, solo porque no queremos escuchar su sermón, ¿no es así?, estoy de acuerdo con Lucy—volteo a mirar a Lucy con una sonrisa cómplice, la doncella le sonrió de vuelta pero al notar que su tía la veía, volvió a bajar la mirada— El vestido de mi hermana esta precioso, ¡Pero por favor! mantengan un balde de agua cerca y no dejen que me acerque a la estufa— Todos se rieron al unísono. —Me alegra que se estén divirtiendo, pero los invitados esperan ser atendidos—dijo en voz alta su madre desde la entrada de la cocina, todos los empleados corrieron despavoridos a continuar con sus labores. Mirando a Cordelia con molestia contenida agregó—Hija, como siempre entreteniendo a la servidumbre, en el momento menos oportuno— Su madre ataviada con un elegante vestido n***o, en un tono adusto agregó— Tu padre te espera en su estudio. Siempre que su madre le hablaba en esa forma, Cordelia la desafiaba, pero nunca delante de la servidumbre, eso nunca se lo perdonaría, apretó los puños con fuerza para no ceder al impulso de retarla, no por ella sino por sus amigos, sabía de sobra que pagaría su enojo con ellos. Con voz displicente Cordelia respondió. —Por supuesto madre, como usted diga. Con una sonrisa y aire dramático elevó el brazo hacia arriba y lo bajo haciendo una reverencia exageradamente ridícula—Escuchó las risitas de las doncellas, se enderezó y vio el rostro estupefacto de su madre que definitivamente expresaba, que creía que tenía hija una loca. Se retiró de la cocina pensando, que ese era su momento favorito de la noche, aunque todavía no acababa y sonrió maliciosamente. *** Zachary Campbell se encontraba revolviendo sus papeles, sentado en su escritorio sin concentrarse en nada específico, pensando e inquieto por la cena de esa noche. “A veces creo que soy el único de mis amigos casado, que teme que una simple cena con amigos termine en desastre —recordando el enfrentamiento entre su mujer y su hija sonrió— ¿Cómo es posible que Eloise no advierta lo parecidas que son las dos? Orgullosas, testarudas, competitivas, enfrentadas en una guerra sin cuartel, donde ninguna de las dos va ceder—Suspiro desanimado— ¡Y yo en el medio! Mi pequeña Cordy, como quisiera crear un mundo diferente para ti, donde nada te dañe y puedas ser feliz, pero soy tu padre debo pensar en tu futuro, ¡Quisiera que Eloise no me presionara tanto! Podríamos esperar un par de años más, tres, cuatro o cinco después de todo Emma todavía no se ha casado” “¡Dios mío! Tengo miedo de que mi Cordy nunca esté preparada, ella es especial, tan fuerte como un roble y delicada como una flor, necesita un hombre excepcional, que sepa apreciar sus diferencias—golpeo con rabia el escritorio y camino de un lado a otro—¡Nunca permitiré que ningún hombre maltrate u ofenda a mi niña, solo porque no actúa o se rige por las reglas que se esperan de una dama, mi Cordelia es maravillosa y sin ningún hombre lo nota, pues son unos idiotas—Paro de caminar cuando oyó que tocaban a la puerta. — ¡Adelante! —Dijo en voz alta Cordelia entro en la habitación, quedó sorprendido y en su experta mirada de conocedor en lo que a mujeres hermosas se refería advirtió lo encantadora que se veía su hija. Llevaba un vestido blanco perla, que se ajustaba a su torso, del polisón se desprendida una cascada de volantes, que terminaban en una pequeña cola. No llevaba ninguna joya, su piel blanca y suave como sus rosas no la necesitaba, llevaba su hermoso cabello rubio rojizo peinado hacia atrás, en un sencillo sobrio moño. — Siento mucho haberte hecho esperar papá—dijo con una mirada de adoración hacia su padre. Zachary se acercó a su hija y beso su mejilla sonriendo. —Te perdono, mi pequeña rosa. Cordy sonrío, sabía que a su hija menor le encantaba ese apodo. —Me hubiera gustado que hubieras cabalgado conmigo esta tarde papá, tienes unos caballos maravillosos, nunca se cual escoger. —Pocas veces me equivoco cuando se trata de escoger caballos— dijo Zachary con orgullo. Cordelia se quedó mirando la chimenea y se acercó al fuego, pensativa con el ceño fruncido —Mi mamá estaba molesta porque llegue tarde, se me pasó el tiempo volando y luego me caí. —Lo se trata de no alterarla, mi niña, ustedes dos se parecen tanto… —¡Por supuesto que no! —Lo interrumpió Cordelia. Zachary sonriendo se quedó mirándola con resignación. —De eso querías hablarme, ¿vas a darme un sermón de cómo debo obedecer a mi mamá?. Zachary se quedó mirando a Cordelia con duda, estaba especialmente alegre, quizás por su apariencia, no sería el quien amargaría su noche, sabía que no podría seguir posponiendo esa conversación, lo haría después. Le ofreció su brazo con una sonrisa —Ven querida, vamos con los invitados. Cordelia dudo y le pregunto — ¿No vas a pedirme que me porte bien durante la cena? — Con respecto a ti he llegado a la conclusión, que no importa lo que diga o haga, siempre haces lo que deseas— con voz dramática agregó — Solo puedo rezar. —¡Ay, papá! —se rio Cordelia y tomó su brazo. Los dos caminaron juntos hasta el gran salón, allí se encontraba su esposa, como siempre como una excelente anfitriona compartiendo con los invitados. El matrimonio Wenbley fueron los primeros en saludarlo. Edgar Wenbley era un hombre alto y delgado con un gran bigote, le tendió la mano con afecto. —Zachary que gusto verte— Inclino la cabeza hacia Cordelia— Señorita. —Que placer Edgar —le sonrió a la mujer a su lado, su segunda esposa Moira, de cabello rubio mucho más joven que él, madrastra de su hija Aslhey, con su vestido verde oscuro lucia radiante —Moira te ves encantadora. —¡Oh Zachary, siempre tan galante! —miro Cordelia inclino la cabeza— Buenas noches Emma. “¡Oh no!”, pensó Zachary, Cordelia detestaba que la compararan con su hermana. Cordelia que hasta ese momento sonreía, se puso seria sin embargo respondió. —Favor que me hace usted al compararme con Emma, pero soy su hermana menor Cordelia. —Zachary respiró aliviado. — ¡Que torpeza! Discúlpame, Cordelia. —No se preocupe, todos dicen que tenemos cierto parecido. Zachary intervino. —Pero mis dos hijas, en sus virtudes son únicas e incomparables, por ejemplo, Cordelia mi pequeña rosa, luce preciosa esta noche. Zachary observó con satisfacción como su hija menor volvió a mostrar una sonrisa aún más radiante. —¡Que ternura! Zachary —Agregó Moira— Me hubiera encantado tener un padre como tú. —Pero querida, en vez de eso tienes un esposo protector que te complace en todo —dijo Edgar besando su mano. —Tienes razón soy muy afortunada— dijo Moira complacida- Zachary se dio cuenta que Ashley Wenbley se encontraba incomoda a cierta distancia, siendo ignorada y entonces excusándose de sus amigos, se acercó a ella, con una inclinación de cabeza la saludo, la chica muy poco agraciada, siempre le había parecido insegura, escondiéndose por las esquinas tratando de no llamar la atención. —¡Que mal anfitrión resulte ser! Señorita Ashley, ¿Cómo se encuentra? ¡Veo que bella y radiante como siempre!—Ashley no acostumbrada a los halagos se puso roja como un tomate, pero se recuperó rápido, era obvio que lo que le faltaba en belleza, le sobraba en educación. Le hizo una reverencia a su anfitrión diciendo. —Hermosas palabras que recibo con aprecio, viniendo de un elegante y exquisito caballero como usted. Zachary sonrió y le ofreció su brazo diciendo. —Agradecido quedo de usted, con tan generosas palabras para un viejo como yo, venga acompáñeme. — Ella tomo su brazo y la condujo hasta su hija Cordelia. —Querida, ella es la señorita Ashley Wenbley, señorita Ashley ella es mi hija menor Cordelia, por favor hija acompáñala, tengo que atender a mis otros invitados —Le hizo un guiño a su hija y se retiró.
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