—Estás hermosa como siempre —Wilden vino y me abrazó por detrás. Tenía la panza bastante grande, a veces me sentía insegura por Wilden, es decir, ¿le gusto así? Porque él no me vio cuando estuve embarazada de Peter. En ese momento no tenía que preocuparme si me salían estrías o me ponía gorda, porque estaba sola y no tenía a un hombre a mi lado. Pero con Wilden es diferente, no quiero dejar de gustarle. —No te creo —lo miré mal—. Estoy engordando un poco. —¿Qué? Para nada, sigues siendo perfecta. —Lo dices solo para hacerme sentir bien —le digo—. Además... —dudé en si decirle o no; hace una semana que no tenemos sexo y eso es raro en él. ¿Ya no le gustaré? —Olvídalo. —Tuve una duda hace unos días —empezó a decir—. Lo confieso. —¿Qué? —sentí miedo con lo que me fuera a decir. —Quise p

