—Qué bueno que pudieron venir —me saluda Sara; lleva un hermoso vestido rojo vino largo. Se ve hermosa. La familia de Wilden es hermosa, ya sé a quién salió tan guapo. —No faltaríamos —la abracé. —¿Cómo estás, Peter? Hace tiempo que no me visitas. —Sara carga a Peter en brazos—. Has crecido más desde la última vez que te vi. —¡Yupi! —celebró Peter. —Vamos a saludar a tu abuelo, estaba esperándote. Ya volvemos —nos dice. —Claro. —asentí. —Mi familia siempre ha creído en ti —me dice Wilden, llevándome hacia nuestra mesa. —Sí, lo sé. No debí alejarme de ellos, pero estaba embarazada y tú no podías saberlo. Solo quería alejarme de todos y de todo. Tener algo de paz entre tanto caos. Además, no quería tu rechazo. Sabía que si ellos se enteraban iban a decirte y luego vendrían tus reclamo

