Esto debe ser una broma o algo por el estilo, porque la mujer que estaba hablando conmigo era mi madre de carne y hueso. No estoy alucinando y tampoco consumo drogas. El piso empieza a moverse para mí. Me siento mareada. Quiero salir corriendo sin rumbo. —¿Estás bien? —me pregunta Wilden, sosteniendo mi antebrazo—. Te ves pálida con lo que te acabo de decir. —Necesito aire. Necesito respirar —me tambaleo entre los pasos y me dirijo al balcón de la casa, donde pega más fuerte el viento. Detrás de mí viene Wilden, preocupado. Afortunadamente, Peter estaba jugando con sus nuevos juguetes. —Lorena, de verdad, me estás preocupando, ¿por qué estás tan mal? —respiro, tratando de asimilar lo que me ha contado. No, definitivamente no puedo estar loca, imaginando a mi madre muerta después de hab

