Estábamos esperando que Peter saliera del colegio. Algunas mamás me miraban raro porque Wilden estaba a mi lado. Claro, ver a un hombre como él era como ver a un modelo sacado de una revista de lujo. Aunque no dudo que alguna lo habría reconocido. Me sentí nerviosa y un poco incómoda.
—¿Te has dado cuenta de cómo todos nos miran? —le pregunté—. Esto es incómodo.
—A mí no me molesta —respondió tranquilo.
—Seguro que se preguntan quién eres y por qué vienes conmigo a recoger a Peter.
—Que no te importe lo que piense la gente. Tendrán que acostumbrarse, porque vendré a diario a recoger a Peter del colegio. Quiero recuperar el tiempo perdido.
—¿No estás muy ocupado con tu trabajo? —quise saber.
—Mi prioridad eres tú y Peter, nada más. Para algo sirve ser el jefe, ¿no? Trabajaré desde casa.
—Vaya, qué cambio. Antes no eras así.
—Solo valoras lo que tienes cuando lo pierdes. Y yo no quiero volver a perderlos a ambos.
No dije nada. Peter salió corriendo hacia mí.
—Señor Wilden, ¿qué hace aquí?
—Vinimos a recogerte, campeón. Vamos a comer algo, ¿te parece?
—¡Sí! Quiero hamburguesas —pidió emocionado.
Me reí, porque sabía que Wilden no comía esas cosas.
—Entonces, iremos a por hamburguesas —dijo Wilden con una sonrisa—. Ven, te llevo en mi coche.
—¡Guau! —exclamó Peter, impresionado—. ¿Este es tu coche? ¡Es genial!
—¿Te gusta? Cuando seas grande, tendrás uno mejor —le dijo Wilden, guiñándole un ojo.
—Ya quiero ser grande —añadió mi pequeño con una sonrisa.
—Con cuidado, Wilden —le advertí mientras me subía a mi coche. Genial, ahora Peter prefería a Wilden más que a mí. Seguí su coche hasta que llegamos a un restaurante de comida rápida cerca de la playa. Pedimos una mesa y ordenamos hamburguesas mientras Peter y Wilden hablaban sobre el colegio.
—Y Lucas casi se pelea con otro niño —comentó Peter.
—Eso no está bien, cariño —le dije suavemente.
—Es importante defenderse, pero eso está mal. Hasta que seas mayor, debes saber cuándo es correcto hacerlo —le explicó su padre.
Nos trajeron las hamburguesas y empezamos a comer. Tenía que estar pendiente de Peter todo el tiempo, ya que aún era pequeño y hacía un desastre con la comida.
—No más salsas, Peter, que luego te duele la panza —le advertí.
Esta vez no dijo nada, recordaba bien lo que había pasado la última vez. Era bueno que entendiera. Wilden nos observaba en silencio.
—¿Qué ocurre? —le pregunté, notando su mirada.
—Solo me preguntaba si siempre ha sido así... ustedes dos...
—Siempre —respondí sin dudar.
—Mamá nunca me ha llevado a comer con otro hombre —murmuró Peter con la boca llena.
—No hables con la boca llena, cariño, mastica primero —lo corregí.
—Me alegra escuchar eso —dijo Wilden—. Créeme, nunca volverán a estar solos.
—¿Te vas a casar con mamá? —preguntó Peter de repente.
Casi me ahogo con el refresco.
—Claro que no, cariño —respondí rápidamente.
—Solo si mamá quiere —intervino Wilden, mirándome con una sonrisa desafiante.
—Mamá está esperando a papá —dijo Peter, convencido.
—Peter, cariño, come, porque nos vamos a casa.
—No hay prisa —me dijo Wilden—. Podemos pasar por la playa.
—Peter tiene que hacer su tarea —respondí firmemente.
Wilden me lanzó una mirada de advertencia.
—Es cierto, después del colegio como, hago mi tarea y duermo un rato. Después de la siesta, podemos ir a la playa —explicó Peter emocionado.
—¿Ves? Hasta Peter sabe lo que debe hacer. Después de su siesta, salimos a donde quieras —le dije a Wilden.
—Está bien, más tarde vendré y saldremos a donde tú quieras. Vamos a casa.
•
En casa, Peter salió corriendo a su cuarto para quitarse el uniforme. Me quedé a solas con Wilden.
Llevaba todo el camino pensando en ello. No había motivo para seguir guardando el secreto. En algún momento Peter se enteraría, y era mejor que lo hiciera ya, porque pensar en cómo reaccionaría me estaba torturando. ¿Y si se enoja? No soportaría su rechazo.
—Se lo voy a decir —le confesé a Wilden.
—Lorena, no tienes que hacerlo ahora. Lo que te dije en tu oficina fue solo una sugerencia. Puedo prepararlo poco a poco...
—No tiene sentido seguir posponiéndolo. Peter debe saber la verdad.
—¿Estás segura?
—Lo estoy. Ya no quiero ocultarle nada. Peter es muy inteligente, y se va a preguntar por qué un hombre extraño de repente se porta como su padre.
—Está bien, tranquila.
Peter bajó las escaleras.
—Cariño, ven aquí, tengo que decirte algo importante —lo cargué y lo senté en la mesa—. ¿Recuerdas que te dije que tu papá volvería?
—Sí, ¿ya va a venir?
—Sí... tu papá ya está aquí, y quiere verte.
—Es Wilden, ¿verdad? Ya lo sabía.
Me sorprendió su respuesta.
—¿Qué? ¿Por qué lo dices?
—Porque nunca sales con otros hombres. Y mucho menos los traes a recogerme al colegio.
Miré a Wilden, quien sonreía orgulloso de su hijo. Se acercó y se puso frente a él.
—Wilden... papá —dijo Peter, y me sentí extraña al estar entre los dos. Preferí apartarme—. Tardaste mucho en volver.
—Lo sé, hijo, lo siento mucho.
—Te perdono si no te vuelves a ir. ¿Lo prometes?
—Te lo prometo. Nunca me alejaré ni de ti ni de tu madre —le dijo mientras lo abrazaba—. Es una promesa que pienso cumplir.
—Más te vale —dijo Peter con firmeza.
Me sentí nostálgica, llena de emoción por mi hijo. Siempre había buscado una figura paterna, y ahora esperaba que Wilden supiera ser un buen padre, porque no pudo ser un buen esposo. Me fui a la cocina, imaginando que, si me hubiera creído antes, nada de esto estaría pasando.
—¿Qué pasa? —escuché la voz de Wilden detrás de mí.
—Creí que estabas con Peter.
—Subió para traer el álbum. Dice que quiere ponerme al día de todo lo que ha pasado desde que no estuve. Loren, me siento increíblemente feliz con esto... pero para sentirme completo, solo me faltas tú —me dijo, tomándome por la cintura y haciendo que lo mirara. Sentir su toque de nuevo me transportó a esas épocas en las que era débil ante él, una mujer muy enamorada.
—Te voy a reconquistar —susurró, haciendo que mi piel se erizara.