Hace días que no he sabido nada de Wilden, desde la última vez que estuvimos en mi cocina desayunando juntos. Todavía no me lo creo. ¿Acaso se arrepintió? Él mismo dijo que quería estar cerca de Peter, pendiente de todo lo que él necesitara, pero no ha aparecido en días, ni una llamada. Es decir, no estoy esperando que venga; si cambió de opinión, es solo su problema, y mucho mejor para mí, porque así no lo tendré cerca y no seguiré con la culpa de no haberle dicho que tiene un hijo.
Fue su decisión.
—Lore, ¿estás bien? Estás muy distraída —me dice Miranda. Vino a visitar mi negocio y me ha traído café con galletas.
—Estaba pensando... —le respondo, volviendo a la revista de vestidos de novia.
—En Wilden, supongo.
Ese mismo día llamé a Miranda y le conté lo que había pasado. Ella no había sido quien le dio la información a Wilden, aún no sabía quién fue.
—Un poco. Dijo que quería estar cerca de Peter, pero no ha aparecido en días. Ni una llamada.
—Quizás está tratando de procesar el asunto. No todos los días le dices a alguien que tiene un hijo así como así, y menos a alguien como Wilden, tan meticuloso.
—No lo creo. Ese día se veía muy decidido a venir todos los días, si era posible, con tal de estar cerca de nosotros.
—¿De nosotros? —sonrió de lado.
—De Peter. —me retracté.
—¿Todavía lo amas? Porque en todo este tiempo que llevas sola no has salido con nadie en serio.
—Claro que no. Wilden es parte del pasado.
—Lorena, espero que no termines enamorándote de nuevo, porque mira cómo te trató. Me siento mal por ti.
—No te sientas mal. Wilden solo se pondrá al tanto con Peter, se hará responsable y podremos vivir con eso... Hay muchas parejas que viven así, y no tienen ningún interés romántico.
—¿Crees que Wilden tenga interés romántico?
—No —respondí sin mirarla.
—¿Pero te gustaría?
—No. ¿Por qué me haces todas estas preguntas? Me desconciertan.
—Wilden es quien te desconcierta, Lorena. Siempre ha sido Wilden en tu vida. Aún no puedo creer que él, conociéndote como te conocía, creyó todas esas cosas...
—No quiero hablar de eso, Miranda. En un momento sale Peter de clases y tengo que ir por él.
—Igual que Lucas. Pero está bien, entendí la indirecta de querer estar sola. Solo quiero que sepas que me tienes a mí. No te dejes cegar por el rencor.
—Está bien, nos vemos después.
Cuando se fue, me quedé pensando en todo lo que me dijo.
Alguien abrió la puerta de manera brusca. Pensé que era Miranda, pero no. Para mi sorpresa, era Wilden.
—¿Qué quieres? ¿Por qué entras así a mi oficina?
—¿Le dijiste a Peter? —cuestiona.
—Hola, Wilden, ¿cómo estás? Yo bien, ¿y tú?
—¿Le dijiste? Han pasado cuatro días y no he recibido nada tuyo.
—No tengo tu número.
—Sabes perfectamente dónde vivo.
—Tú eres el interesado, supuestamente. Deberías haber estado pendiente tú. —empecé a guardar unas carpetas.
—No te hagas la graciosa, Lorena. Es obvio que no le has dicho nada.
—No he encontrado el momento, además, no sé cómo actuará mi hijo. No será fácil para él.
—Has tenido todos estos días para prepararlo.
—¡No me digas lo que tengo que hacer! —me exalté—. No eres quién para venir a decirme lo que tengo o no que hacer con mi vida o con la de mi hijo. Yo recuerdo perfectamente cuando me humillaste y me echaste de tu casa como si fuera un perro y no valiera nada. Todo eso lo tengo grabado en mi memoria, y es algo que no puedo olvidar. Jamás ibas a creerme si te decía que tenía un bebé tuyo. Jamás. Ahora no sé por qué estás aquí, actuando como si todo lo que pasó estuviera olvidado, tratando de arreglar algo que está muy roto. Wilden, si quieres tener contacto con Peter, está bien, pero a mí déjame fuera. ¡Ya deja de buscarme!. Si quieres visitarlo, busca un abogado para que te dé los fines de semana con él, si eso es lo que quieres.
—No me digas eso, Lorena. Yo todavía te amo.
—¿Me amas? —eso me dolió—. Si me amaras, hubieras confiado en mí. Me habrías creído desde el principio, y nada de esto estaría pasando. Si me amaras, no me habrías dejado sola y desprotegida, sin saber si tenía para comer o dónde dormir, porque todos me dieron la espalda cuando se enteraron de que supuestamente te había sido infiel con tu hermano: mis padres, tus amigos. La única que estuvo conmigo fue Miranda. Salí adelante sola, y gracias a las fuerzas que me da Peter, pude conseguir algo mío con mi propio trabajo. No necesito y nunca he necesitado nada tuyo —ahora sí estaba enojada.
—Entiendo tu enojo, Lorena. Hace algunos meses me di cuenta de que eras inocente y no sabes cómo me odio por eso. Todos estos años lejos de ti, tiempo perdido, y ahora con Peter... me siento un miserable. Por eso te busqué hasta dar con tu dirección... Llegué hasta aquí por ti, pero me sentí tan feliz cuando supe que tenías un hijo mío.
—¡Tuviste que creerle a otras personas de nuevo, antes que a mí!. Dices que hace meses... Todos estos años creíste que te había engañado, cuando lo único que hice fue amarte. Me tendieron una trampa, y la creíste.
—Lorena, por favor, perdóname. Sé que no sirve de nada pedir perdón, pero quiero recuperar a mi familia, especialmente a ti. Estaba cegado por los celos, lo sé, soy un imbécil.
—Claro que lo eres. Ahora, si me disculpas, tengo que recoger a Peter de la escuela.
—¿Te acompaño?
Respiré profundo y lo pensé por unos segundos. A fin de cuentas, estaba aquí por Peter, estoy ignorando que me buscó a mí, porque eso ya no puede ser. Han pasado muchos años de odio y rencor, volver a lo mismo sería en vano.
—Sígueme con tu coche —fue lo único que le dije. Salí de la oficina seguida por Wilden. Me subí a mi coche y arranqué, él venía detrás.
Será difícil, lo sé. Verlo de nuevo no está funcionando como esperaba, y es mucho peor porque en el fondo mis sentimientos por él siguen más vivos que nunca.