—¡No quiero ir, mamá! —espetó Peter. Estaba tratando de convencerlo de ir al colegio. Hoy tenían una presentación muy importante y él era parte del coro; de hecho, tenía que cantar en la mejor parte de la canción. Su profesora había dicho que fue seleccionado porque tiene una buena voz, pero Peter estaba en plan de rebeldía. —Mi amor, te prometo que no vamos a tardar. Después de eso, si quieres, te invito a un helado del sabor que quieras —Peter lo pensó un momento, pero su actitud seguía siendo la misma. —¡No! En serio, es bastante tonto que esté en ese coro; me va a dar vergüenza. No seas cruel, mamá —se acurrucó en mi brazo. Aprovecha su influencia sobre mí. El timbre suena y Peter sale corriendo a abrir. —¡Yo voy! —dice con alegría—. ¡Papá! ¡Papá! —grita tan fuerte que puedo escucha

